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'Madres coraje' en el deporte de alta competición

La victoria de la reciente mamá, Paula Radcliffe, en el maratón de Nueva York, es uno de los ejemplos de cómo los hijos pueden estimular el talento

La británica Paula Radcliffe ha vuelto a asombrar al mundo con su triunfo, a los 34 años, en el Maratón de Nueva York, éxito que sería considerado rutinario de no haberlo conseguido después de haber superado una lesión y dado a luz a su hija Isla hace 10 meses, lo que demuestra que la maternidad puede ser una fuente de coraje para las deportistas.

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Radcliffe, la mujer que hace sufrir al espectador con un peculiar estilo de carrera en el que cabecea de manera aparentemente agónica, volvió a reencontrarse con el triunfo dos años después de proclamarse campeona mundial de maratón en Helsinki 2005. Como si nada hubiese pasado en su vida. El embarazo y el parto, lejos de convertirse en un obstáculo, fue un acicate, un suplemento de energía bien hubiese podido firmar la "Madre coraje" protagonista de la obra dramática de Bertolt Brecht.

Lindsay Davenport, madre de oro

La diferencia es que tanto Radcliffe como otras deportistas volvieron a su mejor nivel después de ser madres, mientras que la heroína de la obra dramática sacrificó la vida de sus hijos por sobrevivir en duros tiempos de guerra. Tanto Radcliffe en atletismo, como la estadounidense Lindsay Davenport en tenis, ganadora a su vuelta en Bali y en Quebec este domingo después de alumbrar hace un año a su primer hijo Jagger, y otras tantas valientes mamás que han sido capaz de compaginar deporte y familia, no solo desmontan la antigua creencia de que la maternidad es incompatible para rendir en alta competición, sino que puede representar un nuevo estímulo en el aspecto físico y emocional.

Madres atletas

El caso de Radcliffe puede resultar un ejemplo excepcional, ya que la plusmarquista mundial de maratón (2h15.25) siguió entrenándose hasta el quinto mes de gestación a razón de casi dos horas de carrera al día, en doble sesión. Luego, privada de la carrera optó por la bicicleta estática, nunca por el descanso absoluto. Dio a luz el 17 de enero y doce días después ya estaba desgastando las zapatillas de entrenamiento.

El atletismo conoció este año exhibiciones de madres primerizas. En los recientes Mundiales de Osaka la australiana Jana Rawlinson logró el oro en 400 vallas, ocho meses después de dar a luz a su hijo Cornelis, e, incluso, otra ilustre como la keniana Catherine Ndereba se proclamó campeona universal de maratón tras haber sido madre, aunque en su caso hace diez años. La mexicana Romary Rifka, de 36 años, regresó de un parto con el primer puesto en altura en los Panamericanos de Río'07. Y además lo explicó con humor. "Me gusta hacer cosas cardiacas en esta competición. Había prometido el oro a su hija", señaló.

Sonados son los casos de la mítica maratonista noruega Ingrid Kristiansen, quien en 1984 ganó el maratón de Londres, siete meses después del nacimiento de su hijo Gaute, y el de la rusa Tatyana Lebedeva, inactiva en 2002 por maternidad, que revalidó con 27 años en el Mundial 2003 el titulo mundial de triple salto, especialidad en la que sigue siendo una de las reinas, lo mismo que en longitud.

La etíope Derartu Tulu fue algo más lejos en estos registros. Estuvo sin competir tres años entre maternidad y lesiones y ganó el Mundial de cross en Vilamoura (Portugal) en 2000.

Las heroínas españolas

En España algunas atletas luchan por volver al máximo nivel después de haber sido madres. Así, la atleta Rocío Ríos, quinta en maratón de Atlanta'96, ha vuelto a los entrenamientos con la mira puesta en los Juegos de Pekín, y Jacqueline Martín, tres veces campeona de España de cross, reapareció después de su maternidad con cuarto puesto en Carrera del CSIC, solo superada por la española Isabel Checa y dos atletas kenianas.

Otra española que espera dedicar un triunfo a su hijo es la nadadora Nina Zivaneskaia, quien acaba de volver a la competición tras dos años de baja por maternidad. Irá al Europeo de Holanda en marzo y buscará la mínima para la quinta participación olímpica en Pekín 2008. "Es una segunda juventud, y lo malo es que hay que hacer dieta", comenta.

En el mundo del ajedrez, la húngara Judit Polgar, de 31 años, maestra internacional, con dos hijos de 3 y 1 años se encuentra en el Torneo de Vitoria dispuesta a destronar al favorito, Topalov. Con el título de Gran Maestro desde los 15 años, Polgar espera encaramarse en la elite si antes supera compensar la actividad deportiva y familiar.

Radcliffe y Davenport son las últimas "madres de oro" que representan la fuerza de la maternidad en la alta competición. Lejos de un obstáculo, los hijos estimulan el talento. Un ejemplo para derribar tabúes.

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