Crónica:FÚTBOL | Levante 0 - Atlético 3Crónica
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Sólo los puntos

El Atlético de Madrid sacó un gran beneficio en el Ciutat de Valencia en un partido muy aburrido en el que tan sólo destacaron Agüero y Maniche

La última vez que el Atlético viajó al Ciutat de Valencia no pudo jugar. Y hoy, que el campo estaba algo mejor, aunque pesado, irregular y algo resbaladizo, tampoco lo hizo, a pesar de lo abultado del resultado. Y no porque no saltara al campo, más bien, porque no dio ninguna muestra de poder o querer jugar al fútbol al nivel que se le supone.

Valen los tres puntos, que colocan de nuevo al Atlético en los puestos europeos, pero sólo eso, porque no convenció en absoluto el juego ofrecido. Repetía once Aguirre tras el buen partido frente al Villarreal, pero el equipo que pasó por encima del cuadro de Pellegrini en el Calderón parecía otro, porque avanzaban los minutos y nada pasaba, los futbolistas corrían de acá par allá como pollos descabezados, sin sentido ni dirección, y no había jugador capaz de poner un poco de orden en la anarquía.

El Levante tampoco jugaba o jugaba incluso peor que su rival, así que los primeros veinte minutos del partido resultaron insoportables, aburridos, ejemplo de fútbol intrascendente y vacío, carente de emoción o interés. Javier Aguirre intentó mejorar las cosas e intercambió las bandas, adelantó las líneas, empujó a los laterales, pero ni por esas.

Sólo ocurrió alguna cosa interesante cuando la bola pasó por los pies del Kun Agüero, algo que no aconteció hasta bien pasados los veinte minutos. El pequeño diablo argentino enganchó dos jugadas consecutivas que acabaron en faltas cercanas al área de Molina; en la segunda a punto estuvo de marcar Peter Luccin con un derechazo que salió fuera por muy poco. Al rato, Agüero le dejó un balón a Torres que el nueve atlético, sólo frente a Molina, no supo aprovechar.

Y lo que son las cosas, en el reino de los ciegos el tuerto es el rey y el Atlético, jugando muy mal, tenía un rival que lo hacía aún peor. El partido olía a cero a cero, pero Dehú, buen amigo, se llevó por delante a Antonio López y el "niño" Torres marco su cuarto gol de la temporada, el tercero desde el punto de penalti.

Demasiado premio para tan poco juego

El partido parecía no tener remedio, el juego seguía siendo un espeso ejercicio más propio del Cinco Naciones que de la Primera División española; constantes imprecisiones, empujones, tarascadas, barro y mucho sudor, pues eso, rugby. Sólo Agüero se salvaba, un jugador capaz de poner imaginación y clarividencia en medio de aquella industriosa y sincopada exhibición. Sin embargo, Aguirre no lo veía claro y mando al punta argentino a la caseta para que saliera Costinha, en fin, para darle ese toque de calidad que le faltaba al partido. Qué pena.

El Atlético de Madrid estaba muy poco inspirado, pero el Levante, soso, flojo y previsible, parecía empeñado en convertirlo en el Dream Team. Por si fuera poco, César, central ex deportivista, quiso facilitarle aún más las cosas a los rojiblancos y se auto expulsó con una durísima entrada por detrás a Fernando Torres. Y se acabó la historia para los de López Caro.

A partir de se momento, con el rival muy debilitado, el Atlético combinó mejor y elaboró jugadas mucho más interesantes con la vista puesta en el arco de Molina. Y apareció Maniche, por fin, ese futbolista del que se esperan muchos goles. El primero del portugués fue la culminación de la mejor jugada del partido por parte del Atlético, que parecía haberse dado cuenta de que a veces tan sólo basta con jugar al fútbol para ganar. Y el segundo, el tercero del equipo, con un cabezazo a pase de Antonio López. Demasiados goles para tan poco juego. En un partido para olvidar, es lo mejor que le podía pasar al Atlético.

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