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Crónica:FÚTBOL | 35º jornada de Liga

Getafe y Villarreal empatan y siguen en tierra de nadie

Sin tiempo apenas para llorar la eliminación europea, el Villarreal tiró de oficio en Getafe y sacó un empate que no contenta a nadie. Ni a los madrileños, que por mucho que diga Bernd Schuster contaban con algunas opciones —desde ayer más escasas— de debutar en la UEFA, ni a los castellonenses, que en la tabla también residen en tierra de nadie. Tantos esfuerzos les exigió su aventura en la Champions que acudieron al coso de Getafe bajos de moral y con las filas mermadas.

Aun así, Pellegrini sacó provecho de la ausencia de Riquelme, decidido a explotar la chispa de Guayre y la mordiente de Forlán. El punta canario, tan veloz como cegato, probó los reflejos de Luis García en una decena de ocasiones, casi siempre con el beneplácito de Pernía. Más pendiente de Barbosa que de guardar su portería, el lateral recién nacionalizado español no tuvo su mejor día, quizás algo nervioso por la presencia de Luis Aragonés en el palco. Tampoco anduvo fino Senna, otro de los candidatos a viajar a Alemania. Diego Rivas impuso sus pulmones en el mediocampo.

Quien sí reclamó más galones fue Gavilán. Nadie duda que regresará a Valencia cuando termine la temporada. Aúna físico con un acierto técnico encomiable. Todas sus virtudes comparecieron en el gol que le endosó al Villarreal a los 25 segundos. Entre Riki y Güiza le asistieron un melón que a Gavilán le bastó para despedirse de Arzo, driblar a Quique Álvarez y chutar a la escuadra. La defensa amarilla no estaba nada centrada, y el puñetazo en la mesa del Getafe hizo pensar que la camada de Pellegrini se hundiría como un castillo de naipes.

Pues no. Al minuto y medio Arzo sirvió un pase al hueco a Guille Franco. El mexicano, activísimo contra el Arsenal, al que no batió por poco, sorteó la salida en falso de Luis García, ignoró el agobio de Pulido y marcó el empate. Más desviado que una escopeta de feria, Güiza rumió en el banquillo la doble ocasión que falló, solito solo, frente a Barbosa. Sobre todo el segundo disparo, que lamió por fuera la cepa de palo con un suspense que hubiera firmado Hitchcock. Era la prolongación de la primera parte y el partido. antes un correcalles, era un duelo espeso y falto de chicha. La entrada de Paunovic devolvió la alegría a la escuadra de Schuster, que se las vio para apagar los fuegos que Forlán encendía con sus asistencias. Sólo que, con tantos artilleros faltos de pólvora, el encuentro devino en un cúmulo de desaciertos. Y así no hay quien pase de las tablas.

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