Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:FÚTBOL | 21ª jornada de Liga

Deco manda y Messi remata

El Barcelona golea a un Mallorca desvencijado en un partido muy bajo de revoluciones

Al mando desde el inicio de Deco y aventado al final por Messi, el Barcelona acabó en Palma con el run-run que provocó su sonora derrota en La Romareda. El Mallorca es hoy muy poco equipo si se le compara con el Zaragoza y Deco y Messi valen mucho en cualquier sitio que se juegue bien al fútbol.

Al mando desde el inicio de Deco y aventado al final por Messi, el Barcelona acabó en Palma con el run-run que provocó su sonora derrota en La Romareda. El Mallorca es hoy muy poco equipo si se le compara con el Zaragoza y Deco y Messi valen mucho en cualquier sitio que se juegue bien al fútbol. Así se explica el triunfo azulgrana en Son Moix en un partido que habría sido poca cosa de no ser por el oficio de Deco y la clase de Messi.

Infatigable como volante, Deco habilitó a Giuly en una jugada preciosa por el pase largo y profundo y por el control y remate del francés. El gol acabó con cualquier discusión sobre la suerte del encuentro al tiempo que abundó sobre la flojera futbolista del plantel barcelonista. El equipo azulgrana ha perdido color y ganado vulgaridad. Aunque nunca fue suficientemente exigido, reguló en exceso su superioridad, al punto que a veces causaron irritación por no cerrar antes el partido y posibilitar el achuche insustancial del Mallorca, un rompecabezas que no entiende ni Cúper.

La suficiencia y la desatención llevaron a los barcelonistas a cargar con dos tarjetas que dejaron a Edmilson y Ronaldinho fuera del partido del próximo domingo ante el Atlético. Mucho castigo para una jornada tan simple. El encuentro no se complicó más para el Barça por la expulsión de Tuzzio y la salida de Messi. El argentino estuvo tan espléndido que protagonizó las tres jugadas de la jornada después del tanto de Giuly.

Messi marcó en la primera un gol precioso, después de combinar con Sylvinho, sobre todo por la manera en que recibió la pelota, sin tocarla, con un amago, una finta de izquierda a derecha que quebró al marcador y le permitió encarar al portero. Acto seguido marró un remate a bocajarro, con el guardameta vencido, después de una asistencia de Giuly. Y para rematar picó con la zurda, sobre la salida de Moyà, un pase hasta las entrañas del área de Ronaldinho. Messi estuvo excelso en lo difícil y patoso en lo fácil. Los mejores futbolistas desprecian las jugadas y las suertes comunes.

La salida de Messi a la cancha resultó una bendición para el Barcelona. El Mallorca aprovechó la poca intensidad en la que había caído el partido para tener la pelota. El problema es que no sabía qué hacer con ella porque es un equipo descosido y desvertebrado. La poca consistencia rojilla abundó en las deficiencias barcelonistas más que en sus virtudes. Ni siquiera la presencia de Iniesta fue capaz de dar un hilo de juego y un cierto sosiego. Vivía el equipo del gol del simpático Giuly, único cuando se trata de tirar el desmarque.

Aunque la contienda había arrancado muy sosa, sin punto de encuentro entre un equipo y otro, porque el Barça apretaba el acelerador y el Mallorca respondía con el freno, Moyà fue siempre más apuntado que Valdés. Faltos de paciencia y malicia ofensiva, abusaron los azulgrana durante media hora del juego directo y no acertaban en el último pase, quizá porque Rijkaard había apostado por una alineación muy física. Tampoco Ronaldinho funcionaba como futbolista desequilibrante, al punto que Cortés le rebanó una pelota en uno de los regates preferidos del brasileño, y después recibió una tarjeta bien tonta. Vencido en el uno contra uno, Ronaldinho ejerció entonces como jugador de equipo. Habilitó reiteradamente a Larsson y después a Messi. El Barcelona no necesitó ayer nada más del mejor delantero del mundo. Aunque Ronaldinho no pasa precisamente por su mejor momento de forma, su participación en Mallorca fue la de un sibarita. En su ausencia como futbolista desequilibrante, apareció Messi, titular en La Romareda y ayer suplente en favor de Giuly.

A Rijkaard le salieron bien los cambios. Apuntaló Puyol la línea defensiva, manejó el partido Deco a su antojo y decidieron entre Giuly y Messi. Van Bommel, en cambio, estuvo nuevamente fuera de sitio, superado por la ansiedad de querer firmar la victoria. Tampoco Iniesta acaba de hacerse notar en el equipo y sus actuaciones han pasado últimamente inadvertidas o, al menos, no han respondido a las expectativas generadas precisamente por sus actuaciones del curso pasado. En ausencia de Xavi, Iniesta continúa siendo un futbolista de momentos más que de partidos. El equipo nota desde hace un cierto tiempo la falta de un volante que engrase y dé fluidez al juego. Rijkaard no acaba de dar con la tecla en una decisión que puede resultar importante en partidos de mayor calado que el de ayer, como, por ejemplo, el de Zaragoza. El Mallorca, simplemente, se limitó a firmar la victoria del Barcelona en una actuación muy pobre sobre un campo afectado por el mal tiempo. En inferioridad numérica, el plantel rojillo dejó incluso que fuera el propio Barça el que decidiera el número de goles que le apetecía marcar.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.