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FÚTBOL | La semana del gran clásico

Robinho versus Messi

Dos grandes jugadores en el choque del año

Robinho y Messi, las estrellas del futuro de los dos grandes clubes del fútbol español, igual se quedan fuera de este clásico; estarán a disposición de Rijkaard y Luxemburgo, pero aún hay lío con la licencia federativa de Messi, y Robinho, podría quedar fuera del once titular si Ronaldo confirma su mejoría. Ahora bien, puede que jueguen, y puede que la líen, y puede que sean decisivos. Nunca se sabe. Les sobran condiciones. Y si no es en este Madrid- Barça, lo harán, sin ninguna duda, en los clásicos venideros.

Se trata de dos de los jugadores con más proyección del fútbol mundial. Además, representan a la última hornada de las dos grandes escuelas sudamericanas, la argentina y la brasileña, que tradicionalmente han porfiado por situar a sus prodigios en lo más alto de la élite futbolística.

Tienen muchas cosas en común, pero no precisamente el estilo de juego. Son jóvenes y livianos. El brasileño tiene veintiún años, el argentino, dieciocho. Robinho supera el metro setenta por poco y en la báscula suma algo más de sesenta kilos, un peso pluma. Messi, aunque es un poco más musculoso que el brasileño, es una "pulga" que supera por poco el metro sesenta y cinco.

Messi es la verticalidad y la astucia. Robinho, la magia y la técnica. El argentino es un cohete, imparable cuando avanza en vertical hacia el área contraria. Tiene carácter, es astuto, muy atrevido y, al igual que Diego Armando Maradona, aprovecha su bajo centro de gravedad para revolverse de una forma que muy pocos defensas en el mundo pueden controlar. El delantero del Real Madrid es un prestidigitador con chistera que con su repertorio de driblings y bicicletas es capaz de dejar boquiabierto al público, y a los defensas. Robinho, además, contagia su alegría al resto del equipo con su fútbol de malabarista, sus increíbles gestos técnicos, sus asistencias teledirigidas, y sus goles de fantasía. En fin, que da gusto verles jugar; qué bonito que juegan Robinho y Messi, que diría Menotti.

Cracks desde pequeños

Messi llegó al Barcelona procedente del Newell's Old Boys y ha pasado con extraordinario éxito por todas las categorías inferiores del club catalán. Con tan sólo dieciséis años, en la temporada 2003-2004, debutó con el primer equipo en un amistoso frente al Oporto. En la temporada siguiente, lo hizo de forma oficial en una victoria del Barça frente al Espanyol en Montjuich. Más tarde, el uno de mayo del 2005, se convirtió en el jugador más joven de la historia del Barça que marcaba en un encuentro de Liga. El rival fue el Albacete y Messi sólo tenía 17 años.

Su consagración definitiva en la escena internacional llegó en el mundial sub. 20 de Holanda, en el 2005. Messi, además de levantar el trofeo de campeón, acabó como máximo goleador y fue nombrado mejor jugador del torneo.

A Robinho se le veía venir desde bien pequeño. Al igual que la mayoría de sus ídolos, "O Principe" dio las primeras patadas a un balón en las favelas. Con seis años ya destacaba por su impresionante habilidad y, con nueve, fue capaz de marcar 73 goles en una temporada jugando al fútbol sala en el Portuarios de Sao Paulo. Luego, ya en el Santos, el legendario equipo de Pelé, Robinho encandiló con su juego a una afición que no tardo en compararle con "O Rei". Tras su debut con la canarinha de Ronaldo y Roberto Carlos, ídolos entonces, ahora compañeros, no le faltaron ofertas desde Europa. El blanco, al final, fue su color.