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Crónica:FÚTBOL | Cuarta jornada de la Liga de Campeones

El Betis conquista el Everest

Un gol de Dani le da a los verdiblancos una extraordinaria victoria ante el hasta ahora intocable Chelsea

Un equipo hecho trizas que llevaba un tiempo a la deriva le dio un revolcón al reputadísimo Chelsea, el gran coco del fútbol mundial. Contra todo pronóstico, el Betis, que estaba al borde del abismo, se impuso a un conjunto que circulaba por su Liga y la europea como una apisonadora, como un rodillo. Toda una gesta para el Betis, que no sólo fue capaz de imponerse a un rival que llegó a Heliópolis con la etiqueta de invencible, sino que lo hizo en unas circunstancias extremadamente adversas, como si alguien le hubiera embrujado. No cabe mayor infortunio: en dos minutos, mediado el primer tiempo, la camilla móvil se llevó a la enfermería a Nano, primero, y a Oliveira, después. Cualquiera hubiera entregado la cuchara, pero el Betis supo encajar el golpe de forma encomiable. Serra Ferrer retocó una defensa que ya de por sí estaba remendada por las bajas de Rivas, Lembo, Óscar López y Luis Fernández, y situó a Melli, improvisado lateral izquierdo inicial, como central de urgencia. Sin tiempo para enhebrar el nuevo mecano, el Betis perdió a su gran goleador. Se rompió Oliveira y el trueque fue más sencillo: irrumpió Dani, un futbolista con los huesos astillados que juega de forma tan acalambrada que parece tener pulgas bajo la camiseta. Dani, el héroe de la última final copera, fue fiel a su cita tremendista con el fútbol. Anoche, con un cartel de lujo, el destino le hizo un guiño. Sin haber calentado siquiera, su primer encuentro con la pelota terminó con la imbatibilidad del Chelsea en la Liga de Campeones. Un tanto magnífico, por la visión de Capi para descubrir la llegada de Edu al punto de penalti y el pillo amago de éste para dejar rodar el balón hasta los pies de Dani, que embocó ante Cech.

El gol del Betis no fue casual. Lejos de sentirse acomplejado por la jerarquía del contrario, el equipo sevillano se tomó el partido desde el comienzo como un acto de fe. De entrada expuso más que su rival, al que le hizo jugar en una baldosa. Serra Ferrer adelantó a su defensa y los centrocampistas del Chelsea, caso de Essien y Makelele, más reconocidos por estar forrados de acero que por su destreza con los pies, se sintieron incomodísimos para dar salida al juego. En el Chelsea, de esa cuestión se encarga Lampard, pero nadie en el equipo londinense encontraba una rendija por la que conectar con él. Desactivado Lampard, tampoco Cole y Robben daban con la tecla. Al Chelsea no le quedaba otra que esperar el bajón físico del Betis y mientras jugar con el martillo entre los dientes. Una fórmula que el equipo de Mourinho domina a la perfección; pero anoche el Betis, que tiene mucho menos músculo, expuso el mismo coraje que el equipo inglés.

También hubo alguna dosis de fútbol de enjundia, con Rivera, el más enjuto de los protagonistas, a los mandos. De forma sobresaliente, el pivote bético supo remar frente al muro de hormigón que forman Makelele y compañía. Pero Rivera tuvo el ingenio suficiente como para evitar el cuerpo a cuerpo y dar carrete a todo su equipo. Sobre todo en la primera mitad, en la que el Betis estuvo siempre un peldaño por encima del cuadro inglés, que sólo se estiró con el marcador en contra. Y cuando el Chelsea da un paso al frente no es un equipo de fogueo. Se trata de un club capaz de alistar en la Champions a su tercer delantero centro, caso de Gudjohnsen, al que han tomado la delantera Drogba y Crespo. Casi nada.

Apremiado el Chelsea, apareció Contreras, que salvó varios remates con mucho picante. El empujón inglés hizo recular al Betis, que se vio más sometido durante el último tramo, cuando Mourinho, que tiene el mejor banquillo del planeta, cambió el arsenal. El día que no está acertado Cole, pues apuesta por Wright-Phillips. Si Robben está aturdido, siempre queda el recurso de Duff. Y si Gudjohnsen se pierde, emerge Drogba. Una marabunta que el Betis supo contener cuando el Chelsea metió una sexta marcha al partido, cuando el choque subió de voltaje y el encuentro se volvió intenso, áspero y algo agrio. Obligado a resguardarse en la trinchera, el equipo andaluz resistió cada asalto como pudo. Ya con Rivera vaciado y con jugadores apenas rodados este curso que pagaron el esfuerzo —Dani y Capi, por ejemplo— pocas alternativas le quedaban al Betis. Siempre puede aparecer Joaquín, y más a la contra, pero ya se sabe que el extremo no siempre es puntual. Exigido al máximo por un equipo al que este año sólo el Charlton, por penaltis y en un torneo menor como la Copa de la Liga inglesa, había logrado someter, el cuadro verdiblanco logró mantener el tipo hasta el final. E incluso, por una vez en la noche, la ruleta de la fortuna estuvo de su lado, como en un remate de billar de Essien que hizo carambola en los dos postes de Contreras. El Betis ya había pagado el infortunio de las lesiones del primer tramo. Dos azotes de los que supo sobreponerse con la entereza suficiente como para tumbar, en el momento más inesperado, a un equipo con tantos galones. Más que ganar un partido, el Betis conquistó el Everest.

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