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EL TORO, POR LOS CUERNOS

“Quiero ser un revolucionario del toreo y ponerme rico (aunque esté feo decirlo)”

Este novillero revelación, de 28 años, tiene a gala no haber pagado por torear

Francisco Montero recibe con el capote de paseo a un novillo, en Las Ventas el 25 de agosto de 2019.
Francisco Montero recibe con el capote de paseo a un novillo, en Las Ventas el 25 de agosto de 2019.

“Quiero ser un revolucionario del toreo y ponerme rico, aunque esté feo decirlo. Ahora mismo solo soy un pobre incomprendido más tieso que una regla. Y se lo digo con el corazón en la mano”.

Habla Francisco Montero (Chiclana de la Frontera, 1992), novillero revelación que a sus 28 años sueña con alcanzar la gloria a base de un extraordinario pundonor y una entrega encomiable.

Curtido en las capeas castellanas, debutó con picadores cuando ya había cumplido los 25, edad en la que otros ya han alcanzado la vitola de figura; tiene a gala no haber pagado por torear, y esa es la razón —explica— de que el tiempo haya jugado en su contra.

Es un personaje singular, un hombre simpático, expresivo y natural; un novillero de otra época, que pretende ser diferente, admirador de Palomo Linares y El Cordobés, heterodoxo y tremendista que espera ilusionado que la temporada próxima le permita confirmar sus posibilidades y tomar la alternativa en 2022.

“Nunca dejaré de lado mi corazón, mi arrebato y mi entrega”.

Por el momento, se recupera en su domicilio de la cornada de 12 centímetros en el muslo izquierdo que sufrió el pasado 15 de noviembre en la plaza de Herrera del Duque. Y sueña con alcanzar la gloria.

La respuesta la podría tener en su propio domicilio, porque su madre, de apellido Schneider, hija de padre nacido en Puerto Rico, es vidente y tiene una consulta en la que echa las cartas a quienes desean conocer su futuro.

— “Pero a mí, no. Yo no quiero saber lo que me espera; lo que tenga que pasar, que pase. A mi madre, la pobre, también le da miedo verme cerca de la muerte”.

Su madre, vidente; y su padre, albañil…

— “Nunca me he planteado otra profesión que no sea la de torero. Recuerdo que saltaba la valla del colegio para torear con compañeros mayores que yo, y abandoné el pupitre antes de aprobar la ESO. Y ahora lo lamento”.

Cuenta Montero que su primer encuentro con los toros lo tuvo a los 12 años, cuando iba en bicicleta con unos primos suyos a comprar petardos y vio cómo unos chavales entrenaban en la plaza de toros de su pueblo.

Francisco Montero, el pasado 15 de noviembre, en la plaza de Herrera del Duque (Badajoz).
Francisco Montero, el pasado 15 de noviembre, en la plaza de Herrera del Duque (Badajoz).

“Ahí nació mi vocación”, asegura. Dos años más tarde, se inscribió en la escuela taurina de Chiclana, dirigida por Emilio Oliva, y en ella estuvo hasta que cumplió los 22.

“Fue una experiencia bonita”, afirma. Pero Montero tardó en debutar sin caballos, y ya era un joven con toda la barba cuando se las vio por vez primera con picadores en agosto de 2017 en la plaza segoviana de Sepúlveda.

“Ya se sabe cómo está esto, y lo difícil que es torear si no tienes dinero”, se lamenta el torero. “Yo puedo decir que no he pagado, pero me ha costado mi tiempo”.

Cuando la edad le cerró las puertas de la escuela taurina, Montero eligió el camino de las capeas.

“Decidí apostarlo todo; viajé a los pueblos de Salamanca, que son los peores para torear porque hay que hacerlo en adoquines, en plazas de maderas y ante toros grandes. Y yo elegí los más grandes para aprender de verdad”.

“Quiero ser diferente; si soy uno más, no destaco”

Después, un solo festejo en 2017, ninguno en la siguiente temporada, y varias sustituciones le dieron a conocer en 2019: triunfó en la localidad francesa de Boujan, ganó el Zapato de Oro de Arnedo, sorprendió en Villaseca de la Sagra, y el 25 de agosto se presentó en el túnel de cuadrillas de Las Ventas, con un escaso bagaje a sus espaldas, pero dispuesto a sorprender. Y lo consiguió. “La pasión desbordante de un novillero de otro tiempo”, tituló en este periódico Alejandro Martínez, quien destacó que “multitud fueron las carencias técnicas y artísticas que demostró en su presentación en Madrid, pero su entrega, infatigable de principio a fin, fue total”.

Montero recibió a su segundo novillo, del hierro de Saltillo, de rodillas en las puertas de toriles con el capote de paseo entre las manos.

“La verdad es que pasé mucho miedo”, recuerda el torero. “Había toreado muy poco, y acudí a la primera plaza del mundo sin la preparación necesaria, pero lo di todo, con el deseo de ser el mejor, pero sin creérmelo. Y la afición pudo comprobar que lo que hacía en las capeas también podía hacerlo en el ruedo vestido de luces”.

A pesar de su estilo tosco y atolondrado a veces, Francisco Montero está convencido de que sabe torear. “Nunca dejaré de lado mi corazón, mi arrebato y mi entrega. Algunos dicen que carezco de técnica, pero no es verdad; ocurre, sin embargo, que me importa más la emoción que la técnica”.

“Quiero ser diferente”, proclama. “Si soy uno más, no destaco”.

Montero ha ganado hasta ahora poco dinero. Confiesa que con los 1.000 euros que le quedaron de su actuación en la localidad toledana de El Real de San Vicente se compró el vestido blanco y plata que ha lucido en sus actuaciones.

— ¿Y el capote de paseo?

— “No es mío. Me lo ha prestado José Caraballo, un torero de Chiclana, que no sé la cara que pondrá cada vez que me voy con él a la puerta de chiqueros. De momento, sigue intacto”.

Su ilusión es torear “lo más pronto posible en 2021” para tomar la alternativa en la temporada siguiente “y ganar dinero, que es la mejor señal de que estás toreando”.

Mientras prosigue su recuperación de la última cornada (“ya llevo cuatro, que son cuatro medallas, [la más grave, en El Real de San Vicente (Toledo), en un festejo sin caballos celebrado un mes después de haber debutado con picadores] y cuando se pueda iré por la quinta”), recuerda “la pureza y la verdad de Paco Ureña, a quien a veces se le saltan las lágrimas porque está dando su vida y su corazón; me fijo en él y procuro aprender de todos, incluso de un chiquillo que empieza”.

A Francisco Montero también se le vio llorar en su última novillada, celebrada en Herrera del Duque.

“Sí, porque he sufrido mucho. Me han llegado a decir que no llegaría a novillero con caballos, que no valgo para ser torero, y cuando veo a la afición entregada conmigo me emociono porque también tengo sentimientos. Cuando expreso lo que llevo dentro y llego al público, pienso que algunos no llevaban razón”.

Y para el futuro tiene dos objetivos: por un lado, que se celebre en la plaza francesa de Ceret su anunciada encerrona con seis novillos de Saltillo, Barcial, Concha y Sierra, Los Maños, Dolores Aguirre y Yonnet, prevista para el 19 de julio pasado y suspendida a causa de la pandemia.

Y otro:

“Comprarme otro traje, aunque sea también de segunda mano”.

— Si quiere usted conocer el futuro, puede acudir a las cartas de su madre…

— “No. Eso sí que me da miedo…”.

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