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YO, MUSSOLINI CRÍTICA i

Queridos amigos de Vox

Leo Bassi se mete en la piel de Mussolini en un espectáculo vigoroso pero todavía sin pulir

Leo Bassi, caracterizado como Mussolini.
Leo Bassi, caracterizado como Mussolini.

“Españoles, Mussolini ha vuelto”, podríamos decir, parafraseando a Carlos Arias Navarro, tras ver al Duce reencarnado en Leo Bassi. Ha regresado, ante el resurgir de los suyos, para separar el grano fascista de la paja, repasar la historia y comentar la actualidad: “Queridos amigos de Vox: me duele que celebréis mítines en clubes de golf. Soy de familia humilde. Mi padre, herrero y socialista, me llamó Benito en honor de Benito Juárez, héroe de la Revolución Mexicana. Sois pijos, de fachas no tenéis ná”.

Llanero solitario del hoy cuasi desaparecido cabaré político español (¡cuánto envidiamos por aquí el incisivo desparpajo de Las Reinas Chulas, monarcas sátiricas de Ciudad de México!), cuyo epicentro un día fuera el Teatro Alfil de Carlos Romay, Bassi remacha las diatribas del Duce con acciones contundentes, que hacen sentirse al público en situación de riesgo inminente. Dialéctico, el gran histrión hispanoitaliano adora poner en voz de sus personajes ideas contradictorias con las que se les supone.

Por boca de Bassi, Mussolini recuerda su profusa actividad periodística, sus relaciones con Hitler pero también con magnates y con los futuristas, su supuesto encuentro con Walt Disney –del que dieron fe familiares de ambos–, la popularidad que alcanzó (fue portada de Time en cuatro ocasiones) y el desengaño que destila la última entrevista que concedió, en la que, retrospectivamente, se declaraba engañado por las élites económicas. Fue un instrumento para frenar el avance del socialismo, viene a opinar su intérprete.

El espectáculo es vigoroso, pero está por pulir: todos los de Bassi crecen función a función. El documental que lo complementa es de notable interés. El pedestal que el actor usa para arengar y guardar la ropa debería permitirle bajar con fluidez mayor.

Yo, Mussolini. Dramaturgia, dirección e interpretación: Leo Bassi. Sala Mirador. Madrid. Hasta el 1 de diciembre.