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COLUMNA i

El rey de África

Cecil Scott Forester no sólo firmó la novela en que se basó la película que le dio su único Óscar a Humphrey Bogart, también hizo escritor a un jovencísimo Roald Dahl

Katharine Hepburn y Humphrey Bogart en 'La reina de África'.
Katharine Hepburn y Humphrey Bogart en 'La reina de África'.

Roald Dahl conoció a Cecil Scott Forester en 1942. Para entonces, Forester ya había publicado La Reina de África, la novela en la que se basaría el clásico que la noche del miércoles emitió La 2. Dirigida por John Huston, La Reina de África le valió a su protagonista masculino, Humphrey Bogart, su primer y único Óscar en 1951.

Cuando Dahl conoció a Forester no era más que un ex oficial de la Royal Air Force que había sufrido un terrible accidente al estrellarse el avión que pilotaba, un viejo Gloster Gladiator, en Libia. El accidente había ocurrido en 1940. Dahl tenía entonces 24 años, y no había pensado ni una sola vez en ser escritor.

Dahl y Forester, que durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para el Ministerio de Propaganda británico, se conocieron en 1942, en un almuerzo, imaginamos, tan solemne como el que da pie a A Very English Scandal (Amazon Prime), sólo que unos cuantos años antes. Forester, en su papel de funcionario en busca de relatos, le preguntó a Dahl si no se vería capaz de escribir sobre lo ocurrido en Libia.

A Dahl no le pareció mala idea y al volver a casa se sentó ante la máquina de escribir y dio forma a lo que sería su primer relato, sintiendo que nunca había hecho nada que le gustase tanto. La historia se publicó en el Saturday Evening Post ese mismo año, bajo un título que nunca más tuvo – Shot Down Over Libya (Abatido en Libia) – pues a partir de entonces se lo conoció como Pan comido.

Dahl tenía 26 años y aquello supuso el pistoletazo de salida a una carrera literaria, la del tipo que escribió Los Gremlins, Charlie y la Fábrica de Chocolate, Matilda, que, quién sabe, quizá jamás hubiera existido de no existir Cecil Scott Forester. Y es que veces los grandes escritores no sólo producen grandes historias, historias capaces de cautivar a John Huston y permitirle a Bogart ganar su único Óscar, sino también otros grandes escritores.

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