Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Esquirol

Durante la huelga, conecté con todas las cadenas para no perder ripio. Al llegar a La Sexta me vine abajo: el pliego de cargos contra el machista era de pena capital

Manifestación en Madrid durante la huelga de mujeres por el Dia Internacional de la Mujer. Vídeo: Atlas

Noqueado por toneladas de arengas televisadas, me acosté el miércoles y jueves con un terrible dolor de cabeza porque yo también quiero ser feminista, pero no lo consigo al haberme sido diagnosticado machismo cultural con metástasis. Mi propósito de la enmienda es sincero y he mejorado mucho, pero se me exige más y más. Sufro recaídas porque no se me trató a tiempo y la medicación de los sanadores es muy invasiva.

Durante la huelga, conecté con todas las cadenas para no perder ripio. Al llegar a La Sexta me vine abajo: el pliego de cargos contra el machista era de pena capital. Soy un monstruo, un esquirol, pensé. Maldije el día en que pedí a mi prima que me sirviera un vaso de agua porque me encontraba un poco cansado, repantingado en el sofá. Aún recuerdo la cara de odio de la ‘camarera’ cuando me acercó el cuerpo del delito.

Soy un arrepentido. Suscribo sin ambages la doctrina que reclama para la mujer el reconocimiento de capacidades y derechos tradicionalmente reservados para los hombres. La respaldo porque debe ser así, y también porque todas las mujeres que han formado parte de mi vida han sido más inteligentes que yo excepto mi ex, que me abandonó sin saber lo que se perdía.

Pero me siento incapaz de aprobar la reválida del comisariado feminazi. Defiendo la igualdad, incluso la discriminación positiva, pero sin avasallar porque me mareo. Sobrellevo el tumor con paliativos, placebos y gerundios: reconduciendo hábitos y mentalidad, haciendo la cama, colaborando expiatoriamente y preparando el hombre nuevo en familia.

El estudiante de primaria Nicolás se sumó al activismo desde el desayuno, leyendo a su hermanita una reflexión del Dalai Lama sobre los derechos de la mujer, y en los cuentos del lactante Lucas, el malo no será el lobo sino el machista feroz. Por mi parte, sigo intentándolo con Forges: “cariño, hoy preparo la cena yo. ¿Dónde está la cocina?”.