Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
arte / proyectos

El relevo generacional

La galería Luis Adelantado de Valencia celebra una nueva etapa huyendo de modas y apostando por la honestidad

'Aproximación a la pintura desde Jusep Torres Campalans', de Misha Bies Golas (2017).
'Aproximación a la pintura desde Jusep Torres Campalans', de Misha Bies Golas (2017).

En las últimas décadas, la galería Luis Adelantado ha dado varias vueltas alrededor del sistema artístico español. Lo ha hecho a varias velocidades y desde varios proyectos satélites. Arrancó en los primeros noventa en una de las plantas de una tienda de muebles de diseño en Valencia, aunque pronto se trasladó a un edificio de cinco plantas del centro de la ciudad. En 1992 se inauguró con una exposición de Susana Solano, a la que siguieron muchos de los nombres fuertes del arte internacional, de Sophie Calle a Eva Lootz pasando por Cabrita Reis, Carmen Calvo o Darío Villalba. El aplauso fue unánime. Seis años después, hace ahora veinte, dieron un paso más abriendo la galería al debut de los artistas más jóvenes, algo que otras galerías hicieron después y que ha marcado el carácter de este proyecto, uno de los más paradigmáticos del arte español. Crearon una convocatoria, hoy conocida como CALL, por donde han pasado muchos de los nombres de la nueva generación asumidos ya por el mercado y el sistema.

Durante muchos años fue un espacio referente, aunque ha tenido que superar varios obstáculos. El principal, seguramente, sea la década tragicómica de Consuelo Císcar al frente del IVAM, el principal museo de arte contemporáneo de la ciudad, que la tiñó de un buen descrédito. También un mercado cada vez más flojo y un desgaste cada vez más fuerte, debido a las insatisfacciones de ciertos artistas y a la falta de replanteamiento. La cosa dio un giro en 2009, cuando Luis Adelantado abrió una sede en México y su hija Olga cogió las riendas del espacio en Valencia. Durante años, trabajaron acompasados, buscando sinergias, pero desde 2013, cuando Olga decidió aparcar su carrera como artista, se volcó para construir un proyecto nuevo.

En estos cinco años, los cambios se han instalado en miradas y programa. Dice Olga Adelantado que apuesta por ir poco a poco, con paso seguro, respetando los tiempos de transformación y los posos de la historia. Cada dos frases, cita a su equipo como un motor principal y a la tenacidad como su secreto confeso. Entender lo que implica trabajar en red es su apuesta y defiende por encima de todo a los artistas honestos, que hablar de arte al margen de modas y tendencias. En el mismo edificio de cinco plantas, ha construido una dinámica distinta. Por un lado hay un Main Space con exposiciones de los artistas que representa, a veces en diálogo con otros artistas como Ryan Gander, Roman Ondák, Daniel Blaufuks o Juan López. Por otro lado, ha creado el Boiler Room, la sala de proyectos individuales normalmente enfocada a los más jóvenes pero también, a proyectos tangenciales al arte y en conexión con la danza o el diseño editorial.

Olga Adelantado.
Olga Adelantado.

La nueva identidad de la galería se explica del diálogo entre ambos espacios. Por ejemplo ahora, con la exposición de Lamarche-Ovize, Blanca Gracia en el espacio principal y una instalación de Misha Bies Golas en el Boiler Room. También del que establece ella con los artistas. “Mi intención es que cada uno de los artistas que represento sienta que tiene a alguien cerca que trabaja con él y en el que puede confiar para sacar su mejor ‘yo’. Entiendo tanto las inseguridades y dudas de los artistas que puedo de verdad ponerme en su piel y darles seguridad y sobre todo liberarles, en la medida de lo posible, de la carga que significa la burocracia de gestionar una carrera profesional”, explica. Alargamos la charla para encontrar algunas claves más.

¿Tiene la gente claro lo que es una galería de arte?

No, en absoluto. La gente, en general, piensa que nos dedicamos a ganar dinero sin apenas trabajar, cuando la realidad no puede ser más distinta. Durante los años que estuve de presidenta de la Asociación de galerías de arte contemporáneo de la Comunidad Valenciana, en los medios de comunicación que me entrevistaban me alentaban a explicar a la gente que las galerías son espacios gratuitos… Terrible punto de partida. A mi modo de ver, no se trata de desinformación sino de desinterés generalizado. La cultural interesará si existe una educación de base que te enseña a valorarla. Hay que cambiar las cosas desde la raíz del problema.

Seguramente nunca haya habido tantas galerías como ahora. ¿Cómo dar con la clave del éxito?

Una galería debe ser un proyecto personal basado en conocimientos y un camino más o menos dibujado, pero no creo en los modelos de éxito sin alma y esta profesión, la de galerista, para mí tiene mucho que ver con la de artista. Hay una parte de sacrificio y dedicación total que no se puede entender si no se trabaja con convicción y unas ideas propias que se van modulando y ampliando según crece el proyecto. La galería a la que yo aspiro tiene que ser un agente vivo y orgánico. No me gusta ser estricta o limitarme con un programa centrado en temáticas u objetivos. Son los propios artistas los que me dan la riqueza de pensamiento que me ayuda a construirme constantemente, cuestionando cada paso. Creo que soy muy exigente conmigo misma y eso lo traspaso a lo que hacemos en la galería y a lo que les exijo a los artistas que trabajan conmigo, pero siempre desde el respeto y el diálogo.

¿Las galerías han cambiado mucho en los últimos veinte años?

Obviamente, sí. Creo que tenemos más herramientas, estamos más profesionalizados y también hay más competencia, lo que hace que haya más calidad, pero también más juego sucio, claro.

Además de ese, ¿cuál es el mayor problema para una galería en España?

Hay poco coleccionismo que apoye el tejido cultural nacional.

¿Y lo mejor que tiene el sistema del arte?

Seguramente, porque es lo que más conozco, diría que el sector más activo y que corre más riesgos es el de las galerías y, por supuesto, los artistas. Tenemos galerías que se han consolidado en el mercado internacional como Espai Visor, Elba Benítez, Parra y Romero... por nombrar algunas y, en el caso de los artistas, creo sinceramente que a pesar de las dificultades son los que tienen que moverse más, vivir fuera y estar todo el tiempo alerta generando conexiones y un buen trabajo. Son los que más saben lo que pasa en el mundo del arte.

Exposición de Jorge Peris, en 2017.
Exposición de Jorge Peris, en 2017.

Entonces, ¿la clave está en la internacionalización?

La base de cualquier galería de arte contemporáneo que se precie siempre ha sido la internacionalización, asistir a ferias, representar artistas de diferentes nacionalidades, conectar con los museos e instituciones de arte… La internacionalización está implícita en el arte contemporáneo.

Seguimos sin saber de qué viven los artistas...

Creo que hoy en día es difícil ser artista en general. Trabajo con artistas de distintas nacionalidades y todos tienen problemas para sobrevivir en el sistema, aunque algunos lo tienen más fácil, ciertamente. Los noruegos como Marius Engh reciben un salario del gobierno por ser artistas. Estamos a años luz de eso.

¿Es incompatible ser artista y galerista?

Cuando comencé a trabajar en la galería seguí manteniendo mi carrera como artista durante unos años hasta que me di cuenta que, en mi tiempo libre, me dedicaba a pensar en ideas para la galería. Fue un cambio de objetivo vital. Realmente lo que he dejado de ser es artista profesional; artista no se puede dejar de ser. La galería es mi proyecto artístico y me enfrento a él como lo hacía ante un nuevo proyecto como artista.

Ponga un tema de debate sobre la mesa, eso que habla con colegas.

¿Tenemos la capacidad de crear en España un sistema de arte apoyado, respetado y valorado por el resto del mundo?