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OPINIÓN

Guantánamo

'Fuera de cobertura' es el nuevo y excelente programa de periodismo de Cuatro

Alejandra Andrade, presentadora de 'Fuera de cobertura'.
Alejandra Andrade, presentadora de 'Fuera de cobertura'.

"Es periodismo en estado puro, reportajes que no hacen espectáculo de la información. Son reportajes que nos han llegado al alma, nos han removido, nos han cabreado y los hemos vivido de una manera muy apasionada". Así explica Alejandra Andrade, reportera y directora de Fuera de cobertura, el nuevo y excelente programa que estrenó el pasado lunes Cuatro en el horario estelar (6.4% de audiencia y 1.140.000 espectadores). Al parecer el periodismo sin espectáculo resulta menos atractivo que el espectáculo sin periodismo (La que se avecina tuvo 21% y 3.385.000 espectadores).

Los últimos de Guantánamo se dedicó uno de las mayores aberraciones jurídicas que cabe imaginar en una nación con un sistema democrático. Sólo desde la prepotencia de un país que se considera hegemónico, y que debe serlo a tenor del silencio cómplice del resto de las democracias y organismos plurinacionales, se puede intuir la justificación de lo injustificable. Que el presidente Obama prometiera inútilmente el cierre definitivo del penal demuestra la lamentable tolerancia ante una perversión del sistema.

Alejandra Andrade estuvo ocho horas en ese infierno en una visita organizada por sus responsables y de la que lo único que quedó claro fue el sinsentido de la misma. Todo eran limitaciones informativas. No pudo ver ni, naturalmente, hablar con ninguno de los 80 presos que aún hay. Los que en ella trabajan tenían prohibido hablar con los informadores y los que sí podían se limitaban a insistir en que cumplían órdenes.

El mayor interés del programa radicó en las declaraciones de quienes fueron sus víctimas: Moazzam Begg, por ejemplo, contaba desde su casa en Birmingham (Gran Bretaña) las torturas a las que fue sometido durante los tres años y medio que estuvo en Guantánamo sin saber de qué le acusaban, o Ahmed Errachidi, uno de los 311 presuntos terroristas recluidos en el campo X de Guantánamo, narraba desde Tánger los cinco años y medio que pasó -cuatro de ellos en aislamiento- hasta que fue puesto en libertad sin cargos en 2011.

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