EN POCAS PALABRAS

Jesús Cimarro: “El teatro clásico está de actualidad”

El director del Festival de Mérida cree que en el género "está toda nuestra historia"

Setanta

Productor y hombre fuerte del teatro, Jesús Cimarro (Ermua, Bizkaia, 1965) es desde 2012 director del Festival de Mérida, que comienza el 6 de julio. Los 52.000 espectadores de aquel año han pasado en la última edición a 158.000.

—¿Qué enseñanzas extrae del teatro clásico?

—En el teatro clásico está toda nuestra historia. Lo que se representaba hace 2.000 años está hoy de absoluta actualidad.

—¿Queda algo por descubrir?

—Siempre. Este año estrenamos seis obras nunca representadas.

—¿Es elitista el teatro clásico?

—No. Sus temas son tan universales, están tan conectados con la realidad humana, el amor, el odio, la tragedia o la comedia, que llegan a todo el mundo.

—¿Cómo enganchar al joven?

—La clave es combinar títulos y reparto. El Alejandro Magno que estrenamos este año es un buen ejemplo. Actores populares, conocidos de la televisión y el cine, en una gran historia dirigida por Luis Luque.

—¿Sus lecturas favoritas giran también en torno al teatro?

—Me gusta mucho la novela contemporánea, como John Irving, pero procuro leer todo tipo de temáticas. De teatro suelo leer unos cien títulos al año.

—¿Qué libro tiene en la mesilla?

—La biografía de Pablo Carbonell, que me la regaló el otro día.

—¿Tiene preferencia por algún autor clásico?

—Plauto en la comedia y Séneca en la tragedia.

—¿Qué ha hecho en Mérida que ha conseguido triplicar sus espectadores en cuatro años?

—La clave, creo, ha sido pensar en una programación para todo tipo de públicos. Los espectadores son muy diversos y amplios. Mi obligación es ofrecer una variedad de propuestas.

—¿El público es siempre soberano?

—El público es soberano para lo bueno y para lo malo. Ya me gustaría saber la clave de por qué va a un espectáculo o a otro.

—¿Tiene el teatro buena salud?

—Eso parece, pero arrastra muchos inconvenientes. No solo es el IVA cultural. El principal problema es la poca inversión y atención de los poderes públicos hacia la cultura. Parece que no se dan cuenta de que la cultura no es un gasto, sino una inversión.

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