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Sagan vive

El divulgador científico dejó el listón muy alto en los años ochenta. El nuevo 'Cosmos' de Neil deGrasse Tyson también honra a la ciencia y combate el tenaz oscurantismo

Neil deGrasse Tyson, en la serie 'Cosmos'
Neil deGrasse Tyson, en la nave con que viaja por el universo en 'Cosmos'

A Neil deGrasse Tyson no solo le apasiona la ciencia; es que irradia ese entusiasmo. Es un astrofísico muy popular en EE UU, habitual en tertulias, que viste chalecos estampados con planetas y protagoniza mil memes en Internet. A los 17 años logró que le recibiera su ídolo, Carl Sagan, el gran divulgador científico fallecido en 1996. Quién le iba a decir que ocuparía su lugar al frente de Cosmos, versión actualizada de la serie documental de los ochenta, de enorme influencia con solo 13 capítulos.

El Cosmos del siglo XXI, producción de National Geographic, llegó a España en Mega precedido del éxito en países que aman la ciencia más que nosotros. El listón estaba alto. DeGrasse, cercano y encantador, no deja de citar a Sagan, cuya viuda Ann Druyan participa en el programa. La introducción local de Carlos Sobera, a modo de gancho, era prescindible. La serie de los ochenta no había envejecido mal: pese a todos los avances, sus relatos del universo, la evolución, la relatividad o el Big Bang son válidos. Lo que sí aporta la nueva versión es un apabullante recurso a efectos gráficos que nos hacen ver la Via Láctea desde fuera, el ADN de cerca o toda la historia en un calendario.

Cosmos honra las reglas de la ciencia —creer solo lo que está demostrado, rendirse a las evidencias, cuestionarlo todo— y combate el oscurantismo. Por eso recuerda a figuras como Giordano Bruno, quemado en la hoguera en 1600 por sostener que existían otros mundos. Frente al integrismo que aún hoy discute a Darwin, DeGrasse hace una lúcida exposición de la evolución a través de los perros (una especie moldeada por los humanos en solo 15.000 años) o de esa máquina cuasiperfecta que es el ojo.

Las dos primeras entregas dieron el lunes una audiencia, notable para Mega, del 2,3 y el 3,1%. Que esta serie no haya interesado a la televisión pública o a un canal de primera fila dice mucho de este país del que han tenido que huir 11.000 investigadores.

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