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OPINIÓN

Sex

La serie Masters of Sex se centra en los trabajos de Masters y Johnson sobre el funcionamiento del orgasmo

La serie Masters of Sex, producida por Showtime, se centra en las míticas investigaciones de William Masters y Virginia Johnson. Ya habíamos tenido una película protagonizada por Liam Neesson sobre Alfred Kinsey, pionero en los estudios del comportamiento sexual, pero los trabajos de Masters y Johnson sobre el funcionamiento del orgasmo y la excitación, que les llevaron a analizar, según contaban, más de 10.000 coitos con 700 protagonistas de ambos sexos, daban para un serial. La extraña pareja que formaron el prestigioso ginecólogo y su compañera de estudio es el centro de gravedad de la serie.

El actor galés Michael Sheen, que antes fue David Frost entrevistando a Nixon, Tony Blair en La reina y el mítico entrenador Brian Clough en Damned United, tiene la frialdad pusilánime para representar ese clásico narrativo del pez fuera del agua, que acaba contaminado por su propia investigación. Los guionistas exprimen la tensión entre el ginecólogo de éxito, infértil e incapaz de concederle a su matrimonio dos segundos de placer erótico, y su ayudante moderna y liberada, papel en el que Lizzy Caplan derrocha tanto encanto que acaba por dominar la serie y hacerla suya. Los matices sociológicos retratan la liberación femenina en una época de silencios y frustraciones, pero también fuerzan a la serie a una comparación fácil con Mad Men, de la que sale perjudicada y disminuida por motivos estéticos y narrativos.

Las buenas series no llegan a la excelencia cuando se ponen en manos de una realización solvente y funcional, despersonalizada, donde se echa de menos la apuesta por una mirada de director, desde la puesta en escena hasta las resoluciones rigurosas del punto de vista. En los primeros capítulos de Masters of Sex, se unía además que en una ficción centrada en el estudio de la dinámica sexual las escenas de sexo eran más aeróbicas que creíbles, envueltas en una parafernalia suave e impostada. Carecían de rigor orgánico, por mucho que fueran la esencia del argumento. Pero la tensión sexual es algo más sugerente que la resolución sexual, por eso cuando la trama trasciende la investigación sobre la mecánica del orgasmo y se centra en el estudio de personajes, se supera el lado impostado y acartonado y se gana una serie entretenida y con filo.