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El pájaro vuela a América

Mientras la prensa especializada extranjera elogia su proyecto, Yuri Méndez decide hacer un paréntesis. 'Kulturkatzenjammer' es su álbum de regreso

El pájaro vuela a América

Aparentemente, el leonés Yuri Méndez Barrios, el hombre que hoy se esconde bajo el alias de Pájaro Sunrise lo tenía todo: había publicado un par de discos de folk y era celebrado por la prensa especializada de medio planeta. Hasta que se cansó: tras regresar de una gira por Japón, donde sus canciones folk, hábilmente revestidas de capas electrónicas, siempre han sido bien consideradas. “Había estado muy bien”, rememora, ya entre risas, dos años después el propio Méndez. “Pero llegamos a España y no teníamos conciertos. Lo primero que nos ofrecieron fue tocar en un restaurante en un sitio perdido. Y me dije 'aquí se acabó”. Pájaro Sunrise decidió entonces frenar y hacer balance: la crítica elogiaba sus movimientos, pero ya no era suficiente. “Supongo que se venía gestando de antes, pero ese fue el momento de tomármelo con calma”.

A finales de 2011 anunciaba que dejaba la música. Bueno, no exactamente: “Lo que decidí fue dejar de tocar en directo, parecía que en ese momento al menos no compensaba, no había suficiente público, yo estaba cansado... Había cosas que no me gustaban de estar todo el rato en una furgoneta de un lado para otro”. Convertido en el enésimo damnificado de un cosmos que hace agua por todos los flancos llamado industria musical, abandonó la música en vivo, pero solo eso. “No dejé de grabar música, sigue siendo mi vida”. El resultado, para regocijo de los gurús internacionales y de su público, más o menos nutrido (eso ya da igual), se llama Kulturkatzenjammer, un disco en el que decididamente abraza la electrónica, presente solo en parte de Done / Undone, su obra más lograda –hasta la fecha– y se aleja del tono pastoral y campestre del muy folkie Old goodbyes.

“Creo que sobre todo es porque lo he grabado yo solo y al hacerlo en casa tienes mucho más a mano los sintetizadores que los amplificadores de guitarra”, argumenta Méndez al teléfono. Quienes, en un ejercicio de reduccionismo, lo bautizaban como el Bon Iver patrio o nuestro Iron & Wine, lo van a tener mucho más difícil. “La electrónica es solo como un revestimiento, en lo profundo creo que es un disco de pop”. Ahí está el video de la alegre Good to see you para dar cuenta de ello.

¿Qué ha ocurrido entonces en este paréntesis? Pájaro Sunrise reconoce que se ha quitado presión tras años en el negocio, tal vez un indicio de que este treintañero comienza a hacerse mayor. “Quería grabar simplemente porque me apetecía, no pensando en lo que podía conseguir grabando, ver qué hacía por mí mismo sin que nada me obligase, sin tener que grabar discos porque sí... y bueno, al final parece que acabé en el mismo sitio”. Él dice eso, medio en serio, medio en broma. Ahora Pájaro Sunrise es algo más realista, y ya no comparte esos sueños con el Yuri adolescente que acaba de descubrir la música y sueña en cierta forma con la fama. “Los que pasamos de los 30 años hemos conocido la época dorada, en la que grabar discos era la panacea, si conseguías entrar ahí lo ibas a tener muy fácil”. Y no fue así. “Somos como la generación que ha tenido que hacer el reajuste: todo eso se acabó”.

Entonces, estamos ante algo así como con el disco adulto de Pájaro Sunrise. “Sí, pero por otro lado también puede ser el más adolescente de todos, porque hay muchas menos limitaciones”, confirma Méndez. “Puede que sea un disco más adulto en algunos sentidos, pero musicalmente es mucho más libre”. Más despreocupado y realista, las expectativas ya no son las mismas, aunque le llueven buenas críticas en todo el mundo y ha vuelto a dar algún concierto en formato reducido para presentar el álbum. “No sé, sigue siendo lo de siempre”, confirma. “Tengo una gira en China, haré cosas fuera de España, pero supongo que menos, más escogidas”.

No se ruboriza al reconocer que es un animal de estudio, que aunque disfruta del directo es de esos que prefieren experimentar con texturas a enfrentarse en las salas a una crisis que parece no tener fin. Eso sí, no le hace ascos al éxito masivo, aunque venga de fuera. “Igual cambia la situación. Puede que empiece a tocar muchísimo y que los conciertos se llenen en sitios enormes. Pero no parece lo mas probable”. Afortunadamente, ya no le importa tanto.