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Colegios a medias en Madrid, un año más

Muchos niños madrileños comienzan clase entre máquinas, polvo y ruido,

debido a la decisión de la Comunidad de permitir la “construcción por fases”

Obras en el colegio público Antonio Fontán, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, este lunes.
Obras en el colegio público Antonio Fontán, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, este lunes.

Rómulo Fernández, profesor de Dibujo del Instituto Luis de Góngora (Loeches), observaba ayer el edificio en obras donde hoy tiene que empezar a dar clase: “Si un niño que está en mi clase sale del aula y se cae a una zanja o se clava algo, la responsabilidad será del que encargó la obra. Pero a mí me abrirán expediente y me preguntarán por qué no estaba en clase”. Fernández da clases de primero a cuarto de la ESO, alumnos con edades entre los 12 y los 16 años.

La maquinaria pesada operaba ayer por la mañana por el patio sin asfaltar de este centro, entre contenedores con escombros, tubos de plástico y palés. Los profesores acudieron para ver el estado del instituto, con motivo de una visita con periodistas organizada por el sindicato Comisiones Obreras. Pero los obreros no les permitieron entrar. “El director nos ha dicho que empezamos mañana sí o sí”, comentaba una docente junto a otros compañeros. “Da un poquito de miedo”, advirtió Fernández. Ni siquiera sabía si hoy tendría los materiales para enseñar a dibujar. “Nos pesa más la inquietud de no poder dar las clases en condiciones, solo con una pizarra y una tiza, si es que vamos a encontrar pizarras y tizas”.

Esta sección del Luis de Góngora no es el único centro que empieza curso con la construcción a medias. Como ha pasado en años recientes, profesores y familias protestan porque la Comunidad permite que cientos de estudiantes vayan a clase en circunstancias que no consideran adecuadas.

Administración y sindicatos difieren en las cifras de centros que empiezan el curso con el recinto lleno de obreros. CC OO documenta 71 centros educativos en obras y la Consejería de Educación asegura que los afectados son 19 de un total de 1.117 en toda la Comunidad. El sindicato culpa a la “construcción por fases”, sistema iniciado por la expresidenta Esperanza Aguirre. Gracias a este modelo, la Consejería cuenta como centro educativo acabado aquel en el que hay aulas habilitadas, aunque no estén terminados el patio del recreo, el gimnasio o la sala multiusos exigidos por la legislación. La Consejería reconoce que este sistema ralentiza el final de la construcción, pero resulta más económico. La alternativa sería enviar a esos niños a un colegio vecino, saturando esas aulas. Sin embargo, en muchos de estos centros a medias, las aulas rozan el máximo legal de 30 alumnos debido a que deben reorganizarse ante la falta de clases. Es el caso del IES Malala Yousafzai, que empieza el tercer curso en obras y cuenta con 30 alumnos en cada grupo debido a que no tienen salas suficientes. La Comunidad no incluye a este centro en los 19 en construcción. Sobre el baile de cifras, la administración argumenta que hay arreglos que no cuentan como obras.

En el colegio Antonio Fontán, con casi mil niños, situado en el barrio de Montecarmelo, las clases empezaron ayer con el ruido y el polvo habituales. Ha sido así durante diez años de obras. El patio, por el que pasan obreros con casco y maquinarias, está comunicado con el recinto en el que juegan todos los niños del colegio. No hay ninguna valla que impida el paso de los niños. Juan Agüí, vicepresidente del AMPA de este centro, se muestra preocupado por la situación en la que tienen que educarse sus hijos. “Entendemos que las maquinarias sólo funcionan en horas lectivas y no en la hora del recreo”, lamenta. “No tenemos ningún compromiso de la Consejería. Hay falta de previsión y de control tanto en la contratación como en la ejecución”, se queja Agüí.

Isabel Galvín, secretaria general de Enseñanza de CCOO, explica el que para ella es el problema: “La Comunidad contrata a empresas de baja licitación [bajo presupuesto] y las contratan por partes, de manera que se retrasa. A veces no completan la obra y no castigan a esas constructoras”, asegura Galvín. “Las obras de las concertadas acaban en un año, y por ello observamos intencionalidad para perjudicar a la pública”, explica.

La Comunidad, mientras mantiene a niños tomando clase al lado de obreros, presume de haber acabado con los barracones escolares (aulas preconstruidas) y de que no hay ningún niño que se tenga que desplazar demasiado para acudir a clase.

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