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OPINIÓN i

Es necesario no olvidar: Ernest Maragall, educación y elecciones

Cataluña aprobó una ley de Educación de la mano de Ernest Maragall con una gran satisfacción de CiU y en contra de la mayoría del profesorado y de la comunidad educativa

Manifestación de profesores en Barcelona la semana pasada
Manifestación de profesores en Barcelona la semana pasada EL PAÍS

La educación pública de Cataluña está en horas bajas. Los recortes que se hicieron con la excusa de la crisis no se han revertido y quien aguanta el actual sistema educativo público es su profesorado, y por eso la huelga del pasado 16 de mayo. Impartir más horas de clase, tener aulas sobrecargadas de alumnos y una alta concentración de ellos con dificultades (económicas, sociales y culturales), estar obligados a hacer una escuela “inclusiva” sin recursos, tener que cambiar la metodología por órdenes de la Fundación Bofill y La Caixa, sin formación ni asesoramiento, o ver cómo disminuye año tras año su poder adquisitivo, no ayudan nada y dice mucho del poco respeto que tiene la Administración hacia sus docentes. Hace falta no olvidar que el Departamento de Educación está en manos de ERC.

Y también hace falta no olvidar que en 2009 se aprobó en Cataluña una nueva ley de Educación (la LEC), de la mano de Ernest Maragall, en aquel momento consejero de Educación por el PSC y ahora candidato a la alcaldía de Barcelona por ERC. La LEC se aprobó con una gran satisfacción de CiU y en contra de la mayoría del profesorado y de la comunidad educativa, expresada en cuatro huelgas y con las manifestaciones de educación más masivas desde la transición.

La LEC se inventó el "Servicio de Educación de Cataluña" que pone en el mismo saco los centros públicos y los concertados, consolidando así la doble red educativa y escondiendo las diferencias abismales que existen entre las dos redes. El sistema de conciertos, no solo no hace aumentar los resultados escolares, sino que ayuda a disminuir la calidad global de nuestro sistema educativo, aumenta significativamente la desigualdad educativa entre clases sociales y orígenes culturales, poniendo en peligro la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y además, se escapa del control público a pesar de financiarse con dinero de todo el mundo.

Esta ley también eliminó la gestión democrática de los centros públicos dando mucho poder a las direcciones para tomar decisiones y para elegir el profesorado; desregularizó las relaciones laborales del personal docente, estimuló la creación de rankings entre centros según los resultados escolares, introdujo la autofinanciación de los centros públicos, favoreciendo la desigualdad y fomentando la competitividad entre ellos y consolidó e incrementó la externalización de los servicios escolares.

La LEC fue la primera ley que consagró todos los principios neoliberales en la educación. Después, la LOMCE los remató. Pero, de hecho, las fórmulas son las mismas: “consolidación y ampliación de los centros privados-concertados”, “autonomía de centros”, “Direcciones profesionalizadas”, “organización jerárquica de los centros públicos”, “evaluación externa”, “incentivos por resultados”, “precarización y desregulación laboral del profesorado”, “privatización y externalización de los servicios educativos”, todas ellas, medidas que tienen como objetivo poner la educación bajo las leyes del mercado, consolidar un modelo de gestión empresarial y aumentar la precariedad laboral del profesorado. Más adelante, los recortes, con la excusa de la crisis, hicieron el resto.

Así, la educación pública de Cataluña, que en otras épocas fue líder en calidad y democracia, es ahora líder en segregación escolar y desigualdad educativa: según el Informe de Save the Children de España, abril 2018, Cataluña es el segundo territorio con más segregación de todo el Estado, por detrás de la Comunidad de Madrid.

Esto es especialmente grave en la ciudad de Barcelona, donde desde hace mucho tiempo la oferta de plazas en centros privados concertados supera a las plazas públicas y más de la mitad del alumnado no puede escolarizarse en un centro público, vulnerando así el derecho de las familias a una educación pública, gratuita y laica, y dando lugar, cada vez más, a protestas de padres y madres que se quedan sin una plaza pública.

Ante todo esto, una se pregunta: ¿Puede ser un buen alcalde de Barcelona una persona que ha hecho la peor ley de Educación? ¿Qué gestión de nuestra ciudad podemos esperar del señor Ernest Maragall, una persona que ha perjudicado tanto nuestra educación pública?


Rosa Cañadell es profesora y exportavoz del sindicato USTEC·STEs.

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