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“Creamos una nueva raza ‘labraniches’, mezcla de labrador y caniche”

La instructora canina Cristina Ruiz lleva media vida preparando a los “lazarillos más fieles que existen” y destaca la gran labor de las familias educadoras en el proceso de entrenamiento

La instructora de perros guía, Cristina Ruiz, junto a 'Zac' el pasado 13 de febrero en el distrito de Moncloa-Aravaca, en Madrid.
La instructora de perros guía, Cristina Ruiz, junto a 'Zac' el pasado 13 de febrero en el distrito de Moncloa-Aravaca, en Madrid.

Cristina Ruiz (Valencia, 1963) sube la calle con paso firme junto a Zac en una mañana de febrero soleada y fría en la capital. Este labrador chocolate de 16 meses, que llama la atención por el color de su pelaje y su carácter inquieto, está destinado a ser la brújula que guiará los pasos de una persona con discapacidad visual. Ruiz, instructora con muchos años de experiencia a sus espaldas, es parte del engranaje iniciado por la Fundación Once del Perro Guía hace casi tres décadas. En las instalaciones de Boadilla del Monte, únicas en España, instructores y cuidadores se afanan a diario para que más de un centenar de canes al año perfeccionen la voluntad de trabajo inherente que atesoran. Aunque, según reconoce ella misma, el aprendizaje sería "más arduo y dilatado en el tiempo" si no fuera por la dedicación altruista de las familias educadoras. "Ellas hacen que el proceso sea más fácil y nuestro trabajo más gratificante".

¿Siempre quiso trabajar con perros?

Estudié Ciencias Biológicas y siempre he querido estar vinculada a ellos. Entonces, me surgió la oportunidad de unirme al proyecto, creado por la ONCE, en el que se iba a crear una escuela de perros guía en España. La primera instalación estuvo en Mirasierra y la segunda en Móstoles mientras se construía el emplazamiento definitivo. Entretanto, se abrió la posibilidad de estudiar en Inglaterra. Hubo una primera parte en formación de entrenamiento allí y, a la vuelta, completamos la fase de instrucción.

¿Por qué se eligió Inglaterra?

Nosotros pertenecemos a la Federación Internacional de Perros Guía y por aquel entonces en España no había una escuela como tal, así que a los usuarios que solicitaban un perro guía se les enviaba a Estados Unidos. Viajamos a Inglaterra porque son un referente y cuentan con un centro con muchísima experiencia. El convenio que tenían con la ONCE hizo que enviaran a algunos aprendices, entre los que me encontraba. Fuimos la avanzadilla [sonríe].

¿Cuál es la principal virtud de un perro guía?

Voluntad de trabajo, que le guste trabajar como perro guía es la principal cualidad. Debe reunir más, claro, tanto físicas (tamaño, peso, envergadura...) como de sociabilidad (no ser un animal miedoso), pero lo importante es que disfrute de su trabajo. Si esto no se cumple, sería muy injusto pedirle esta labor: la persona ciega está con él las 24 horas del día.

¿Cómo de importante es la dedicación de las familias?

Sin ellas, que los acogen durante un año voluntariamente, sería muy difícil que un perro se convirtiera en perro guía. Esas familias los tienen en su casa y los educan como un miembro más de la familia. El componente de socializarse con el entorno desde que son cachorros es fundamental: se les lleva al parque, acceden al transporte público, etc.

Pasar del bastón a convivir con un animal las 24 horas no debe ser fácil.

Sin la base del bastón no se puede ser usuario del perro guía. Debe ser una persona independiente, que ante cualquier imprevisto, sea capaz de resolverlo sin ayuda de nadie. Con su nuevo compañero ganan en rapidez y seguridad, pero les recordamos que no adquieran una dependencia total del animal. Quien lo experimenta una vez, repite. Por eso, queremos disminuir la lista de espera actual, que está en tres años. En la actualidad, ya están ampliando las instalaciones de la escuela para lograrlo.

¿Cuál es el periodo de adaptación entre ambos?

Unos seis meses de media. Algunos usuarios tardan más, pero eso no significa que sean peores. Con anterioridad, se han sometido a una serie de informes clínicos, psicológicos, sociales y de movilidad. Cada persona va a su ritmo, aunque los que ya han tenido perro guía han adquirido ciertas herramientas con el tiempo.

¿Con qué razas de perro se trabaja?

El labrador es el perro guía por excelencia. También disponemos de las razas golden retriever y pastor alemán. Hace un tiempo empezamos a entrenar con labraniches, un cruce de labrador y caniche gigante, debido a su pelo. Son animales hipoalergénicos, es decir, no mudan la piel y eso hace que los usuarios con alergia al pelo de los perros vean mejorada su salud.

¿Se hace un seguimiento una vez entregado el perro?

Cuando se termina el curso en la escuela, viajamos con el usuario a su entorno para que las rutas queden bien consolidadas. Tras esto, nos trasladamos una vez al año para comprobar que está todo controlado, pero si hay cualquier problema acudimos las veces que haga falta. Es lo que denominamos seguimiento prioritario. Lo fundamental es que la movilidad de la persona con discapacidad sea segura.

El perro como animal más apto

Cristina Ruiz explica, mientras le da unas palmadas a Zac en los cuartos traseros, que el perro es el animal "que mejor se adapta a las labores de lazarillo". "Mejor que ningún otro", repite. La fidelidad, la longevidad —la vida útil como perro guía se prolonga hasta los 12 años— y la adaptación a cualquier medio los hace únicos. "En EE UU se han hecho pruebas con monos, pero su carácter es muy imprevisible. También se ha trabajado con ponis, aunque no servirían en las grandes ciudades", matiza. Para Ruiz, el perro es el mejor aliado, debido a que siempre piensa más "en los demás que en su propio bienestar".

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