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OPINIÓN i

El auge de ERC en los sondeos

El “efecto Puigdemont” se ha ido apagando y los votantes de la órbita de Esquerra han regresado a su partido originario

Carme Forcadell y Marta Rovira, con Oriol Junqueras en la pantalla, durante un acto el año pasado.
Carme Forcadell y Marta Rovira, con Oriol Junqueras en la pantalla, durante un acto el año pasado.

Tras una inesperada derrota en las pasadas elecciones autonómicas, ERC vuelve a liderar las encuestas. Según éstas, Esquerra se encontraría en una senda de crecimiento, especialmente a costa de arrebatar apoyos a Junts per Catalunya, y se erigiría como primer partido en el espacio independentista, una posición que ocupó tanto en las elecciones generales de 2015 y 2016, como en la práctica totalidad de los sondeos previos a las elecciones catalanas de 2017.

Estos indicios de recuperación electoral de ERC han ido acompañados de un cambio profundo en su estrategia política. Esquerra ha dejado atrás la vía unilateral y apuesta ahora por una estrategia de largo plazo que pasa por la consolidación de mayorías más amplias favorables a la independencia. Esquerra parece haber incorporado en sus cálculos los elevados costes de la ruptura unilateral. La fortaleza del Estado y la falta de apoyos internacionales del independentismo fueron sistemáticamente infravalorados por los partidos nacionalistas durante los años de proceso soberanista, pero ambas cuestiones se vislumbraron con claridad tras el otoño del pasado año.
La coincidencia temporal entre el auge demoscópico de ERC y su estrategia de “ensanchar la base independentista” ha provocado que muchos analistas consideraran que existe una relación de causa-efecto entre ambas cuestiones. Desde esta perspectiva, ERC estaría recuperando posiciones gracias a haberse apeado de la vía unilateral. Pero, ¿realmente Esquerra está obteniendo réditos de su proceso de moderación? A mi entender, se trata de una conclusión precipitada, pues ignora el elemento más relevante tras la inesperada derrota de ERC en las pasadas elecciones catalanas.
Durante los meses anteriores a las elecciones del 21-D, las siglas de PDeCAT parecían cotizar a la baja. Según las encuestas, los exconvergentes apenas lograban atraer a uno de cada cuatro votantes de Junts pel Sí. Todos los indicios apuntaban, pues, que Esquerra lograría finalmente erigirse como primera fuerza en las elecciones catalanas. Sin embargo, durante las semanas previas a los comicios muchos de sus votantes decidieron pasarse a última hora a las filas de Junts per Catalunya.

Según las encuestas que disponemos, esta fuga de votos de ERC justo antes de las elecciones sólo puede explicarse por un factor, el “efecto Puigdemont”. El expresidente de la Generalitat consiguió formular una exitosa campaña electoral en torno a un mensaje sencillo, pero muy poderoso: la restitución del presidente legítimo. Con este eslogan, Puigdemont logró convencer a muchos votantes de la órbita de ERC de que la mejor fórmula para expresar el rechazo al 155 y a la destitución del gobierno legítimo era votando a la lista del presidente destituido.

En definitiva, Puigdemont fue capaz de articular una exitosa estrategia para aglutinar de forma coyuntural el voto de protesta al 155 y a los procesos judiciales abiertos contra el gobierno autonómico. Con ello, Junts per Catalunya se erigió como una candidatura mucho más transversal de lo que es el PDeCAT, atrayendo a muchos votantes de la izquierda.

No obstante, este “efecto Puigdemont” se ha ido apagando con el tiempo y los votantes de la órbita de ERC han regresado progresivamente a su partido originario. De hecho, según los datos del CEO, apenas tres meses después las elecciones del 21-D, uno de cada diez votantes de Junts per Catalunya ya declaraban que ante unas eventuales nuevas elecciones optarían por ERC.

Las encuestas muestran de forma inequívoca que Esquerra está creciendo y lo hace esencialmente a costa de Junts per Catalunya. Las nuevas adhesiones que recibe Esquerra no parecen estar particularmente relacionadas con tener posturas más moderadas en torno al proyecto independentista, sino más bien con ser de izquierdas. Así pues, los datos no son del todo compatibles con la tesis de que el auge de ERC se deba al proceso de moderación de su discurso independentista. La explicación alternativa más razonable es pensar que se estaría beneficiando del progresivo desvanecimiento del “efecto Puigdemont”.

En definitiva, el ascenso de ERC en las encuestas podría no deberse tanto a méritos propios, como al agotamiento de la estrategia de su principal rival. Puigdemont diseñó una exitosa campaña para aglutinar el voto estratégico de rechazo al 155, pero se trataba de una estrategia coyuntural, con efectos a corto plazo. Es por este motivo que el entorno exconvergente le urge articular un discurso que sea eficaz más a allá del corto plazo. El “efecto Puigdemont” parece haber sido tan exitoso como fugaz.

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