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Guindalera, un símbolo de resistencia teatral

El espacio escénico cumple 15 años y lo celebra con el estreno de ‘Sobre padres e hijos’, del ruso Turguénev

Sentada, María Pastor. De pie,Teresa Valentín Gamazo y Juan Pastor, en el Espacio de la Guindalera.
Sentada, María Pastor. De pie,Teresa Valentín Gamazo y Juan Pastor, en el Espacio de la Guindalera.Samuel Sánchez

“Uno de los principios más básicos de la vida es el enlace entre los tiempos, la transmisión patrimonial de valores. Un mundo sin tradición crea huérfanos”. La frase del autor ruso Iván Turguénev en su obra Padres e hijos es un fiel reflejo de lo que durante 15 años se ha vivido entre las paredes del Espacio Guindalera, símbolo de resistencia titánica sobre la escena y uno de los espacios míticos del teatro independiente en Madrid.

Tras no pocas penalidades y amenazas de cierre, este espacio celebra su quince aniversario con el estreno esta semana de Sobre padres e hijos, basada en el clásico de Turguénev (1818-1883). Una obra sobre los choques generacionales que han marcado la historia mundial y que, más allá de los conflictos puntuales en cada época, apunta al amor como el valor más hermoso que los padres pueden transmitir y dejar a sus hijos. Es precisamente el amor por el teatro la herencia que los fundadores de La Guindalera, la pareja formada por Juan Pastor (Alicante, 1943) y Teresa Valentín Gamazo, han dejado a su hija, la actriz María Pastor, de 40 años, que ha tomado el relevo de una tradición basada en un compromiso sin concesiones y un teatro independiente.

La conversación entre Juan, Teresa y María, reunidos esta mañana en el escenario de El Espacio la Guindalera (carecen desde hace años de permiso oficial para hacerse llamar teatro) supone todo un recorrido vital, en el que se mezclan los sinsabores y la felicidad, las angustias pero también la decisión y confianza por la realización de un sueño. El esplendor económico que se vivía cuando se abrió el centro, en 2003, con una compañía que llegó a tener a 30 actores contratados y dados de alta en la Seguridad Social, es ya cosa del pasado.

La crisis y las continuas dificultades administrativas, sin subvenciones y escasas ayudas muy puntuales, han amenazado en numerosas ocasiones con el cierre de esta sala de 75 butacas, en la calle Martínez Izquierdo número 20, en el populoso barrio de La Guindalera. Pero aquí sigue esta familia, persiguiendo nuevos proyectos no solo teatrales, también musicales, poéticos, de talleres de investigación y de encuentros con sus socios (unos 200 en estos momentos) y el espectador.

“La máxima que ha guiado mi viaje en esta aventura ha sido hacer del cambio una herramienta de trabajo. Aprendí hace muchos años que hay que aceptar los cambios y adaptarse a ellos”, asegura Teresa, gerente y responsable de las producciones del centro. “No abrimos un espacio a ciegas. Lo hemos podido mantener muy dignamente diez años. Todo lo que ganábamos fuera con nuestros lo invertíamos aquí. La crisis nos desbarató y tuvimos que empezar a salir con obras de la compañía a teatros públicos”, añade Valentín Gamazo.

“Ha sido una elección de vida. Nos hemos guiado por la coherencia y la integridad y hemos renunciado a muchas cosas, entre otras a tener estabilidad económica y a tener proyección de futuro”, asegura Juan Pastor, actor, director y autor de la dramaturgia de Sobre padres e hijos. La función, protagonizada por José Margarita Lascoiti, María Pastor, Jorge Tejedor y Antonio Lafuente, estará en cartel hasta el próximo 16 de diciembre.

“Un hijo tiene que romper con sus padres para iniciarse y desarrollarse”, confiesa María Pastor, actriz y principal protagonista de los últimos montajes de este escenario, de 40 años. “Para mí ha sido un conflicto porque nunca he roto del todo. No he salido de Guindalera por convicción. Yo no he renunciado a salir fuera, he elegido quedarme aquí. Mis padres son para mí una inspiración, porque son dos personas íntegras, algo muy difícil de encontrar en esta profesión. Yo he crecido con la pasión que ponen en su trabajo. Forman un tándem perfecto. Siempre he soñado con ser actriz, aunque mis padres seguro que hubieran preferido que hubiera elegido otra profesión”, añade María Pastor, que conoce de primera mano los sufrimientos del oficio teatral.

“Los estímulos y desafíos que he vivido como actriz en este espacio son difíciles de encontrar fuera. Mis necesidades artísticas las tengo cubiertas”, explica la actriz, que asume la necesidad de un cambio pero preservando los valores marca de la casa.

La forma de trabajo y la metodología que ha marcado la filosofía de este centro se abre también ahora a otros mundos artísticos, con la apertura de otro rincón recién abierto con vistas a un patio interior. Allí, hay lugar para la poesía, la música y los encuentros con el público. Al tradicional licor de guindas con el que después de cada función invitan a los espectadores, se añade también ahora vino y cava. Todo para celebrar este milagro escénico que busca no solo sobrevivir, sino invertir en futuro.

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