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Todos mataron a la vecina del piso de arriba

El clásico ‘Por los pelos’ hila una historia con varios finales y el público es el encargado de votar quién es el asesino

Una de las escenas de la obra 'Por los pelos', de Paul Pörtner, dirigida por Santiago Sánchez en los Teatros del Canal.
Una de las escenas de la obra 'Por los pelos', de Paul Pörtner, dirigida por Santiago Sánchez en los Teatros del Canal.Víctor Sainz
Julio Núñez

En la obra Por los pelos, el criminal puede ser el peluquero, el anticuario, los dos agentes que investigan el caso, la empleada de la peluquería o la vieja rica. Todos le clavaron unas tijeras en el cuello a la vecina de arriba. Todos la mataron, pero por separado y no el mismo día. El desenlace depende de la decisión del público, que a lo largo de cada función pregunta, discierne y, finalmente, vota democráticamente quién ha sido el homicida. Es una historia con varios finales alternativos. El director Santiago Sánchez lleva a los Teatros del Canal (hasta el 18 de agosto) esta adaptación de la comedia Shear Madness (1963), del alemán Paul Pörtner.

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La trama se desarrolla en una peluquería de Madrid y gira en torno a un crimen sin resolver: la famosa pianista del primero ha sido asesinada. Las personas que se encontraban en la peluquería del piso de abajo son las principales sospechosas: el propietario (interpretado por Carles Castillo), una señora de la alta sociedad madrileña (Lola Moltó), un anticuario (Carles Montoliu) y la peluquera (Marta Chiner). Los acusados harán todo lo posible para defender su inocencia ante el comisario (Juan Gea), su ayudante (Rafa Alarcón) y los únicos testigos: el público, que colaborará con la policía para descubrir quién fue el que asestó los tijeretazos a la millonaria propietaria.

El director explica que la intervención de los asistentes es libre, sorprendente y variable, lo que hace que las reacciones sean imprevisibles. "En una ocasión se levantó alguien del público y dijo: 'el asesino soy yo", contó el director en la presentación, y añadió que cuanto más serio sea el trabajo actoral, más divertida será la comedia. "Los personajes tienen que pensar que, cada noche, les pueden caer 30 años de cárcel. Si quieren ser el asesino siempre, la obra se banaliza", aseguró.

Los actores durante la presentación de la obra, en una peluquería.
Los actores durante la presentación de la obra, en una peluquería.Jaime Villanueva

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Al principio, la obra se desarrolla como cualquier otra, hasta que la pianista muere y la policía interroga a los cuatro acusados. Entonces, el comisario manda encender las luces y se dirige al público: "Necesitamos vuestra ayuda para descubrir al asesino. Vosotros lo habéis visto todo. Decidnos qué pasó". Después de percatarse de que la representación va más allá de la simple acción de observar, el público entra a formar parte de la historia y no duda en interrumpir las declaraciones de los acusados, contradecir sus versiones y en interrogar directamente a los sospechosos. "No me cuadra que la señora de Boluda [Lola Moltó] se vaya de viaje el mismo día que sucede el asesinato", expuso el cómico Josema Yuste, que acudió como espectador al estreno.

Alarcó confiesa que la improvisación y la interacción obligan a dar el 100% de uno mismo. "Por ejemplo, los niños no paran de preguntar, no filtran y, a lo mejor, dicen lo que están pensando todos", explicó. La versión toma la actualidad como contexto, por lo que abundan los guiños —como las obras de la Gran Vía o la dimisión de la presidenta regional Cristina Cifuentes—. Además, en el descanso, la voz de Àngels Barceló y Juan Ramón Lucas informan a los espectadores por los altavoces de la noticia del asesinato y de que el teatro está rodeado de la policía. Al final del espectáculo, la gente alza las manos y elige a su culpable. "Va a ser muy difícil después de hacer esta función volver a hacer otra con un texto fijo y predefinido. Es una locura", comenta Gea.

En Por los pelos, la interpretación salta del escenario y se mezcla entre las butacas. La realidad y la ficción se unen, y el público, una vez más, demuestra ser el aliento que da vida al teatro.

Una comedia con un récord Guinness

La obra teatral Shear Madness, escrita y estrenada por el dramaturgo Paul Pörtner en 1963, ganó el Premio Guinness World Records como la comedia no musical más representada en el teatro estadounidense, 37 años seguidos. En Estados Unidos hay tres versiones diferentes que se reproducen al mismo tiempo (Boston, Nueva York y Washington), según explica el director español Santiago Sánchez. "La carpintería de la obra, como dice su autor, es perfecta. Lo que sorprende es cómo esta función ha ido pasando a través de los años y los nuevos espectadores siguen apasionándose con ella", dice Sánchez.

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