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Juegos constructivos

La exposición 'Juguetes de construcción. Escuela de la arquitectura moderna', comisariada por Juan Bordes, toma el Círculo de Bellas Artes hasta el 15 de mayo

Stanlo, uno de los juguetes que forma parte de la exhibición 'Juguetes de construcción' en el Círculo de Bellas Artes
Stanlo, uno de los juguetes que forma parte de la exhibición 'Juguetes de construcción' en el Círculo de Bellas Artes

Si jugar es siempre una cosa muy seria, lo es aún más cuando con lo que se juega es un juego de construcción. El arquitecto expresionista Hermann Finsterlin (1887-1973) observó las infinitas posibilidades que ofrecían estos juegos, en los que se apilan bloques para construir estructuras, si se ponían en la manos de un niño con una creatividad limpia de ideas culturales preconcebidas: eran un atajo directo entre la imaginación y la materia.

La exposición Juguetes de construcción. Escuela de la arquitectura moderna, comisariada por Juan Bordes en el Círculo de Bellas Artes (hasta el 15 de mayo), trata de estos objetos y su relación con la evolución histórica de la arquitectura. Parte de los primeros ideados, muy simples, fabricados artesanalmente en el siglo XVIII para que los hijos de la aristocracia apilasen bloques y construyesen fachadas. Más adelante, se descubrirían sus posibilidades pedagógicas y se utilizarían en las guarderías. Así hasta llegar a nuestros días donde la oferta sigue siendo amplia (Lego es el más famoso, también abundan las reproducciones de edificios icónicos de la historia de la arquitectura), aun compitiendo con los más etéreos videojuegos, que, además, también los reproducen: Minecraft no deja de ser la versión más avanzada de esta constructiva forma de jugar. “Son juegos que tenían una vocación de modernidad increíble y que, además, construían personas”, dice el comisario, que ha recopilado 500 piezas en veinte años de coleccionismo.

Su importancia en la arquitectura moderna radica en que muchos de sus creadores jugaron con estos artefactos y los usaron como fuente de inspiración. Es el caso de históricos como Frank Lloyd Wright, Bruno Taut o Le Corbusier. “Muchos de ellos se sienten agradecidos y hasta diseñan sus propios juguetes”, dice Bordes, “la arquitectura ha sido juego y estas piezas lo demuestran. Más que juguetes son documentos arquitectónicos”. Además proponen un tipo de educación más activa que no es la más común hoy en día (aunque comienza a tomar vigor): “Estos juguetes plantean una experimentación y una alteración de posibilidades que son las que les dotan de un carácter educativo”.

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