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Pascual Sala defiende que no hay más camino para ETA que la “disolución”

El expresidente del Constitucional participa en el acto en memoria de Manuel Broseta

Pablo Broseta Dupré (izquierda), de la Fundación Broseta, y el expresidente del Constitucional Pascual Sala en el acto en Valencia.
Pablo Broseta Dupré (izquierda), de la Fundación Broseta, y el expresidente del Constitucional Pascual Sala en el acto en Valencia.

El expresidente del Tribunal Constitucional Pascual Sala ha defendido este miércoles que a ETA no le queda otro camino que la disolución. "La  violencia terrorista es recusable y, por consiguiente, no hay más solución que la disolución y entrega de las armas, y el reconocimiento de los gravísimos daños cometidos", ha afirmado Sala en el acto celebrado en Valencia en memoria del profesor Manuel Broseta, asesinado por ETA en 1992.

La banda "ha sido la losa sepulcral, el handicap más tremendo que ha tenido la democracia española, que no ha sido completa democracia precisamente por esa organización terrorista que no solamente desconoce el Estado de Derecho, sino lo más elemental de un Código Penal, y que está viva todavía, no se ha disuelto, quizá porque pretenden conseguir ciertas ventajas o compensaciones", ha apuntado.

Ha subrayado asimismo que "el Tribunal Constitucional siempre ha establecido las cosas claras" en el sentido de que "no se puede confundir la violencia terrorista con la violencia legítima que se ejerce por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cuando detienen a los asesinos y a los delincuentes, y por los jueces, cuando los condenan tras un juicio justo con todas las garantías". "No hay violencia venga de donde venga", ha sentenciado Sala.

Así, ha remarcado que "el fin del terrorismo no se hace negociando, el terrorismo es algo recusable, completamente contrario a la democracia y tiene que terminar, acatar la ley, cumplirla en todas sus dimensiones y respetar a las víctimas del terrorismo", punto en el que ha afirmado que "cualquier exaltación que se haga de un atentado terrorista o de una persona que ha cometido estos crímenes es precisamente atentar contra el Estado de Derecho, contra los valores y símbolos que profesó en su día Manuel Broseta".

Sala ha recordado la "relación bastante asidua" que tuvo con Broseta, a quien ha recordado como "un universitario al cien por cien", un "conglomerado de preocupación política por la democracia en España" y "de los que luchaban con grave riesgo personal y profesional en los años setenta por implantar en España un Estado de Derecho, un Estado de libertades" y, sobre todo, "un símbolo".

Ha remarcado que "era un símbolo y por eso cuando lo asesinaron no asesinaron a una persona", sino a "muchas más personas porque los símbolos son precisamente los que representan la potencialidad de un pueblo para acudir a valores superiores de democracia, libertad y tolerancia, que son los que hubiera propugnado hoy", ha apostillado Sala.

El acto en memoria del jurista valenciano ha congregado en el parterre que lleva su nombre, en la avenida de Blasco Ibáñez, a numerosas personalidades como Sala, los consejeros de Bienestar Social, Asunción Sánchez Zaplana; de Hacienda, Juan Carlos Moragues, y de Justicia, Serafín Castellano, y al expresidente de la Generalitat Joan Lerma, junto a familiares del profesor asesinado hace 22 años, entre otros.

También ha participado la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Paula Sánchez de León, quien ha manifestado que "la defensa del Estado de Derecho no puede impedir" que se comparta "el dolor y frustración que viven en estos momentos las víctimas" ni que "con todos los resortes que da el Estado de Derecho" se exija "el cumplimiento íntegro de las penas a los terroristas".

A su vez, el presidente de la Asociación de Amigos de la Fundación Manuel Broseta e hijo del profesor asesinado, Pablo Broseta, ha ratificado el compromiso de mantenerse "al lado de todas las víctimas" y "seguir reclamando el fin del terrorismo, pero no a cualquier precio", sino "en la forma en la que debe terminar, en la que los individuos que han ejecutado a otros tendrán que pedir perdón, reconocer el daño, someterse a la ley, cumplir sus condenas, rendirse y entregar las armas", a fin de que "esta puerta pueda cerrarse de un modo fiable".