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Ferrín dimite de la Academia en medio de una fuerte división interna

Xosé Luis Méndez Ferrín, en su despacho de la Academia el día que tomó posesión, en enero de 2010.
Xosé Luis Méndez Ferrín, en su despacho de la Academia el día que tomó posesión, en enero de 2010.

Con un “¡Viva Galicia ceibe!”, Xosé Luís Méndez Ferrín dio ayer un portazo y presentó su renuncia a la presidencia de la Real Academia Galega (RAG) cuando todavía le quedaba por delante un año de mandato. Las divisiones internas suscitadas a raíz de la difusión de acusaciones de nepotismo que salpicaban al presidente y a dos de sus hombres de confianza empujaron a Ferrín, de 74 años, a presentar la dimisión. En la carta de despedida, en un tono amargo, el escritor señala que algunos académicos, “unidos a personas externas” le han “hecho sentir” que “ya no hay sitio” para él en la institución. “Felicidades también a estos y estas porque sus esfuerzos, finalmente coronados por un éxito completo, tuvieron la virtud de hacerme ver a tiempo donde debo estar y donde no debo estar en los pocos días que me resten de vida”, se despide un dolorido Ferrín en un correo electrónico enviado a todos los académicos y en el que anuncia también que abandonará su sillón en la RAG.

 La dimisión cogió por sorpresa a prácticamente todos los miembros de la institucíón, que ayer se habían desayunado con unas duras declaraciones del secretario de la RAG, Xosé Luís Axeitos. En una entrevista en La Voz de Galicia, Axeitos, mano derecha de Ferrín, denunciaba una maniobra del Consello da Cultura Galega y del Instituto da Lingua Galega (ILG) para hacerse con el control de la Academia. Al mediodía, fue el propio Axeitos el encargado de transmitir la carta de despedida de Ferrín. Tanto el Consello da Cultura como el ILG comparten miembros con la Academia. Y algunos de ellos se significaron el pasado enero, durante el último plenario de la institución, para pedir explicaciones a Ferrín sobre las acusaciones de nepotismo.

Desde hace semanas, el diario Abc venía publicando que la hija de Ferrín y su pareja, así como un hijo de Axeitos y otro del tesorero, Manuel González, fueron contratados por la RAG. El presidente optó por no dar explicaciones sobre el asunto, que al final acabó abriendo una brecha con el sector de la institución que había acogido con más recelo su elección, hace tres años, aun sin plantear batalla frontal contra su candidatura. Los defensores de Ferrín alegan que en todos los casos se trata de contratos con menos de 1.000 euros de remuneración y que tanto el yerno del presidente como el hijo del secretario ya trabajaban en la RAG antes de la llegada de estos. Pero las denuncias cobraban más relieve por la delicada situación económica de la Academia, que, ante el recorte de los fondos que recibe del Estado, tuvo que recurrir a la Xunta para poder afrontar las nóminas de todo su personal.

En ese clima llegó en enero el primer plenario del año. Algunos académicos pidieron explicaciones sobre las cuentas del organismo. Y uno de ellos, Víctor Freixanes, director de la editorial Galaxia, a quien compañeros suyos trataron de convencer sin éxito para que se midiese a Ferrín en 2010, planteó también el asunto del supuesto nepotismo. Ferrín, según asistentes a la reunión, explicó en tono tranquilo que su hija había sido contratada sin que él tuviese conocimiento. Pero a continuación se produjo una airada réplica de Axeitos, quien, según las mismas fuentes, acusó a los que aireaban el asunto de actuar en connivencia con la “extrema derecha”. En la refriega acabó entrando también la académica Rosario Álvarez, que a su vez es directora del ILG.

El presidente quedó muy afectado por la discusión, según personas que hablaron con él en los días siguientes. Ese plenario además supuso otra pequeña derrota para él, ya que una persona a la que le une una estrecha relación, la poeta Chus Pato, perdió la votación para entrar en la RAG frente a la novelista Fina Casalderrey. El ingreso de nuevos miembros en la institución había sido uno de los principales focos de conflicto durante el mandato del autor de Arrainos.

Los académicos que se manifestaron ayer públicamente expresaron su reconocimiento a Ferrín, figura cenital de la literatura gallega del siglo XX, como también lo hicieron las fuerzas políticas con representación parlamentaria. De lo más positivo de su mandato —marcado por las estrecheces económicas— se recordará sobre todo la voluntad de adaptar la institución al tiempo actual, simbolizada en la elección de un poeta punk como Lois Pereiro para el Día das Letras de 2011.

 

En busca de un porqué

XOSÉ MANUEL PEREIRO

““Una acción digamos un poco precipitada”, se lamenta al teléfono un académico, “sobre todo porque habíamos quedado en discutir el asunto en el próximo plenario, en el que se aprobarían los presupuestos y quedarían las cosas claras”. El “asunto” eran las polémicas contrataciones de familiares de académicos que el secretario de la institución, Xosé Luis Axeitos, explicó en un par de párrafos ayer en La Voz de Galicia, después de mes y pico de silencio. El próximo plenario, el de las explicaciones —y en el que Ferrín tendrá que presentar formalmente la dimisión— todavía no está convocado. Y en el interín, “lo único que se me ocurre decir es que estamos todos muy nerviosos", dice el anterior presidente, Xosé Ramón Barreiro.

Barreiro no tiene muy claro que las razones de la dimisión de su sucesor obedezcan a una posible división sobre el decreto del gallego, o a presuntas injerencias del Consello da Cultura o el Instituto da Lingua Galega (ILG) para que la RAG fuese menos beligerante con la normativa de la Xunta. Algo que desmiente, “como tales o como tentativas”, Henrique Monteagudo, miembro de las tres instituciones y que lamenta que Ferrín no agotase el mandato. “Yo también soy del ILG y también el tesorero, Manuel González”, argumenta Francisco Fernández Rei, vicesecretario de la RAG, para desmentir ese presunto entrismo de otras instituciones. “Yo no estoy en la mente de Ferrín para saber por qué dimite. Donde hay vida, hay tensión, otra cosa es que esas tensiones se saquen fuera o no”, matiza Fernández Rei, compañero de Ferrín en muchos proyectos y promotor de su tardía candidatura a la RAG. “Lo que sí es cierto es que la etapa de Ferrín abrió la Academia a la sociedad, y es muy triste que el mejor escritor gallego, candidato al premio Nobel, ya no vaya a estar en ella.”