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CRÍTICA | teatro

El crimen bien temperado

Vasco dirige un potente montaje de ‘El malentendido’ con un quinteto protagonista brillante

Escena de la obra El malentendido, en el teatro Valle Inclán. Ampliar foto
Escena de la obra El malentendido, en el teatro Valle Inclán.

El tema del hijo pródigo que vuelve a casa de incógnito y es asesinado por sus familiares aparece en canciones populares (Le soldat tué par sa mère), en piezas de teatro clásico (The Fatal Curiosity, de George Lillo; Der 24 Februar, de Zacharias Werner…), en novelas, leyendas, crónicas históricas y secciones de sucesos de los periódicos de todas las épocas. Albert Camus dice haberlo tomado de un suceso publicado por la prensa argelina, pero se ha especulado con la posibilidad de que su fuente sea un relato de Luc Joséban titulado, menuda sorpresa, L’Étranger (publicado en 1924 en Le Petit Journal).

En un pasaje de la novela homónima de Camus, Meursault, su protagonista, lee en un periódico viejo un suceso que coincide casi punto por punto con el que narra Joséban y con el que luego desarrollará él por extenso en El malentendido. Tanto el protagonista del relato como el de la obra de Camus quieren saber como viven sus familiares antes de desvelarles su identidad, y son asesinados mientras duermen. Otra fuente posible de El malentendido es Niespodzianka (La sorpresa, 1929), de Karol-Hubert Rostworowski (autor también de un Kaligula), que desarrolla el tema del hijo pródigo defenestrado de manera sorprendentemente similar.

EL MALENTENDIDO

Autor: Albert Camus. . Versión. Yolanda Pallín. Intérpretes. Ernesto Arias, Lara Grube, Cayetana Guillén Cuervo, Juan Reguilón y Julieta Serrano. Músicos: Alba Fresno y Scott A. Singer. Composición: Ángel Galán. Luz: Miguel Ángel Camacho. Vestuario: Lorenzo Caprile. Escenografía: Carolina González. Dirección: Eduardo Vasco. Teatro Valle-Inclán: Hasta el 3 de marzo.

Escrita durante la ocupación alemana, El malentendido transmite una sensación de encierro, de espera incomunicada y de inútil repetición de acontecimientos cruentos,. acorde con la situación que atravesaba Europa. Jan, que después de larga ausencia regresa casado y rico a su terruño para compartir su felicidad, encuentra allí una muerte absurda, por no haber seguido el consejo que su esposa le dio (“Diles simplemente: ‘Aquí estoy, soy tu hijo, y esta es mi mujer”).

Eduardo Vasco escenifica El malentendido en medio del patio de butacas, para que el público se sienta inmerso en ese hostal de pueblo y se ponga en la piel de Jan, el homo viator, un Juan Cualquiera que tomó el camino equivocado. Su montaje, sobrio, elegantemente iluminado por Miguel Ángel Camacho, con una mesa o altar de los sacrificios como limpio eje, transmite con fuerza bien temperada una hipnótica visión pesimista sobre la naturaleza humana. El Jan de Ernesto Arias, absolutamente creíble en su confiado proceder, está dibujado con la exacta proporción áurea.

Cayetana Guillén Cuervo sostiene con firmeza el decidido rumbo al desastre colectivo que pone Martha, la hermana de Jan, aunque acaso su vehemencia podría estar mejor graduada. Con sus 70 espléndidos años, Julieta Serrano hace de La madre, indecisa entre dejarse arrastrar por la fuerza de la costumbre o seguir lo que su intuición le dice, una alegoría de la duda. Conmueve su humanidad cruda y serena. Lara Grube, está espléndida en la primera escena y resolutiva en su intervención postrera. Juan Reguilón, perfecto en la figura del criado parco, que tiene la última palabra.

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