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Cante en la cumbre

El cantaor Miguel Poveda electrizó a la audiencia con un concierto de dos horas y media

Lo he dicho en más de una ocasión, y ahora lo repito de nuevo: la cumbre del cante flamenco tiene un nombre, y es el de Miguel Poveda. Cantaor sin parangón posible, su magisterio llega hasta los más altos niveles. Canta en todos los tonos, y hace uso relativamente frecuente de los bajos, que maneja con una precisión sorprendente. Poveda conoce todo el cante, hasta el punto de que utiliza en sus recitales estilos que no tienen en sus repertorios la generalidad de los flamencos. Anoche hizo una nana impagable, contenida, de una belleza extrema, que subrayó la Lupi, con un baile sumamente discreto, pero el que pedía la pieza y resultó muy hermoso.

El cante de Poveda tuvo electrizada a la audiencia pese a su extensión, que fue de dos horas y media sin descanso. Un cante —ya lo hemos dicho— constantemente situado en los niveles de máxima calidad. Alguno de los estilos sobrepasaron todos los estándares y rallaron lo excepcional. La minera de Pencho Cros, que fue su maestro en este cante, y a quien se lo dedicó. Un cante no demasiado extenso, pero en el que Poveda se volcó con una forma de decirlo estremecedora.

 

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