Gallegos en la escalera | Retratos de Xurxo Lobato

Bernardino Graña, fervor y vitalismo

Poeta marítimo, es solidario con el pueblo del que forma y se siente parte

Bernardino Graña, en la escalera del puerto de O Portiño. / XURXO LOBATO
Bernardino Graña, en la escalera del puerto de O Portiño. / XURXO LOBATO

La juventud es el verano de la vida. Desde el nacimiento a la muerte nos des-vivimos cada día. Frente a ello, Bernardino Graña ha predicado y ejercido la fruición vital, el entusiasmo, el canto. Asombro, ingenua percepción, no maculada inocencia. Bernardino responde al tópico del “niño grande”, pero un niño lúcido, rebelde contra atropellos e injusticias y coherente y honesto con su trabajo literario, en el que siempre se ha mostrado auto-exigente y certero. En sus versos destaca, más que el fondo conceptual, el ritmo, la eufonía y musicalidad de una lengua rica, imaginativa, de cósmica y marítima resonancia. Celmosas, las palabras parecen diluirse como piedras líquidas, terrenales y saudosas en la boca. Es el culto a un idioma hermosísimo que alcanza en su obra la plenitud popular, de la que se nutre y alimenta.

Poeta marítimo, entrañado en su tierra y su gente, “mariñeiros de Cangas, meus amigos”, Graña es solidario con el pueblo del que forma y se siente parte. Así, abandona el individualismo sartriano de los años cincuenta y se encamina hacia el mar de Cangas, hacia el Sar de Compostela…, que es como decir a la Galicia toda, desplegando un poderoso léxico aprendido de sus mayores. (“A miña madriña levábame da man e íame ensinando os nomes dos paxaros”). Poemas para recitar en voz alta, a gritos si fuese necesario, contra la falsedad, la hipocresía, la mentira; y para celebrar la esperanza.

Bernardino viajero. Cangas, Santiago, Tarragona, Padrón, Lugo, Sao Paulo, A Coruña, Culleredo…, en permanente disposición a la aventura, al periplo incierto, a nuevos e inexplorados horizontes. Vivir a pecho descubierto, a pleno pulmón respirar el aire, sentir la salmuera, el salitre. Sin renunciar jamás al amor, en permanente afán, pues cualquier día puede ser el último.

La juventud es el verano de la vida. Veo a Bernardino, joven todavía, en aquellos procelosos veranos de mediados de los años ochenta. Las playas de Limens, Menduíña, Areacova, Areabrava…, otras veces íbamos a Punta Cabalo de Home, o a las Cíes. Hemos estado en Ons y viajado por Portugal. Y siempre, en cada momento, la celebración gozosa, la fiesta, la noticia de un furancho, otro motivo para beber y vivir, para beber la vida a tragos de verdad, de amor y de inocencia.

Bernardino disfrutaba con todo. Aprovechaba con delectación el marisco, el pescado fresco, el vino acidulado y agraz —aquel desconcierto del neófito al compartir la grande y espumante cunca comunal—. El sabor de la vida. Bernardino Graña, o home que quixo vivir. Y ahí sigue, sobreponiéndose a trastornos, enfermedades, problemas…, viviendo. Y que sea por mucho tiempo.

A flor de piel, a flor de agua, Bernardino Graña ha escrito algunas de las páginas más brillantes de la poesía contemporánea, Profecía do mar, Himno verde, Sen sombra e sen amor…, sin olvidar su contribución dramática y narrativa, referida esta última en especial a la literatura infanto-juvenil. Ahora, llegado el otoño, con sus fríos y sus sombras, Bernardino continúa su tenaz, esforzada lucha, consciente de que cada día vivido es un triunfo sobre el tiempo y su amenaza; cada jornada concluída, una baza ganada al imperio ominoso de la muerte. El próximo sábado recibirá el homenaje que merece.

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Peldaños

♦ Nacido en Cangas do Morrrazo en 1932

♦ Fue catedratico de Lengua y literatura hasta 1991, en que se jubiló.

♦ En 1958, cofundador del grupo Brais Pinto de intelectuales gallegos en Madrid

♦ Primer presidente de la Asociación de Escritores en Lingua Galega (AELG),

♦ 1969. Primer Premio del concurso nacional de contos infantís convocado por O Facho

♦ 1969. Recibe el Premio Abrente de Ribadavia

1978. Premio Celso Emilio Ferreiro del Concello de Santiago

♦ 1993. Premio Merlín de Edicións Xerais

♦ 2003. Ganador de la segunda edición del Premio Eixo Atlántico de narrativa gallega y portuguesa.

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