FERIA DE MÁLAGA
Crónica
Texto informativo con interpretación

Epitafio para el toreo

Hubo aplausos, porque el festivalero público de hoy lo ovaciona todo y no entiende de nada. Pero toda la corrida fue un funeral de tercera por las escasísimas condiciones de la terna

Mari Paz Vega, ante su primer toro de la tarde
Mari Paz Vega, ante su primer toro de la tardeGARCÍA-SANTOS

En la plaza de la Malagueta se hizo la luz, se fundieron los mares y la tierra y bajó de las alturas un escenario para el toreo en forma de una muy aceptable corrida de El Tajo y La Reina, propiedad de Joselito, colaboradora necesaria para que la heroicidad y el arte adquieran formas humanas y surjan la emoción y el arrebato de la gracia, el empaque, la elegancia, el mando, el temple…

Hicieron el paseíllo una torera y dos toreros, y entre los tres, con la compañía de la llamada acorazada de picar, le hicieron la guerra al buen gusto, lo maltrataron, lo destrozaron y acabaron con él.

Derrotado y muerto el toreo, he aquí su epitafio, una crónica de desagravio en forma de entristecida y dolorosa crítica a quienes se vistieron de luces para protagonizar una tarde para la infamia artística.

Bien presentados los toros, cumplidores todos ellos en los caballos, a los que acudieron con acometividad y riñones y donde recibieron una soberana paliza por orden de los matadores. La mayoría se justificó sobradamente en el tercio de banderillas, y destacó sobremanera en la muleta, con clase y recorrido. Todo en líneas generales, se entiende, y si es verdad que no fue una corrida para enmarcar, no es menos cierto que estuvo muy encima de la media que hoy se lidia en este país. Una corrida, en suma, para el triunfo, para el toreo, para la gloria de estos tres aspirantes.

La terna desaprovechó una buena corrida de Joselito

Pues no hubo nada. Se cortaron dos orejas, pero no fueron más que despojos en unas manos que no las merecieron. Hubo aplausos, porque el festivalero público de hoy lo ovaciona todo y no entiende de nada. Pero toda la corrida fue un funeral de tercera por las escasísimas condiciones de la terna, que debió salir a hombros por la puerta grande y se marchó cabizbaja al hotel, castigada por sus malos modos y manifiesta incapacidad.

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No es agradable decirle a Mari Paz Vega que estuvo mal, rematadamente mal; pero es la verdad. Y hay algo peor: dio la sensación de que no puede estar mejor, que lo dio todo de sí misma, que esa es su tauromaquia, y que esto es lo que hay. Y así no es posible aspirar a la cima donde habitan las figuras. Así podrá seguir años y años intentándolo, y tiene todo el derecho para ello, pero con pocas posibilidades de alcanzar la meta.

No utilizó el capote para torear, sino para defenderse como si tuviera una sábana entre las manos, y el cuarto, por ejemplo, metió la cabeza de salida para el lucimiento verdadero. No hizo un solo quite, lo cual es llamativo en quien pretende dar a conocer sus convicciones. Y muleta en mano, no hizo nada de interés. Siempre acelerada, muy despegada, hacia fuera, de manera destemplada, descaradamente a la defensiva, abusando del pico, sin atisbo de mando, a merced del toro… En fin, sin palabras. Especialmente deficiente fue su actuación en el cuarto, el mejor de la tarde, un pollo con dos velas, con nobleza y recorrido, al que maltrató con las prisas, sin orden ni concierto, y malgastó la calidad del animal en una labor deslavazada y sin gracia, ni maneras, ni color, ni nada. Así no se puede ser figura del toreo. No. Tuvo dos toros para el triunfo y quedó inédita en su tierra. Se le impone una seria, muy seria, reflexión.

Mari Paz Vega, Leandro y David Galván destrozaron el toreo

Leandro, un vallisoletano que vino a esta feria porque lo apodera el empresario y no por sus méritos (así de mal está la fiesta), tampoco justificó en modo algo su presencia. Muy preocupado por las posturas, se olvidó de torear; o no sabe, que todo puede ser. Tuvo un buen toro, su primero, y no dio una a derechas. Con el capote, un desastre; tampoco participó en quites, y solo una tanda de derechazos se puede salvar de una faena anodina, insulsa, sin sitio, siempre despegada, sin cruzarse jamás y con el ánimo por los suelos. Ni él se creía que tamaño desaguisado fuera merecedor de una oreja, y así lo reflejaba su sonrisa forzada durante la vuelta al ruedo. Queda exento de responsabilidad, si ello es posible, en el quinto, que se vino abajo en el tercio final después de que, como a toda la corrida, el picador le diera estopa de la buena.

Y quedaba la esperanza de David Galván, nuevo en el escalafón —tomó la alternativa el pasado 28 de febrero—, muy joven y una buena carta de presentación artística. Pues tampoco dijo nada. Un quite de dos chicuelinas y una larga en el primer toro de Leandro fue lo único destacable de su actuación. A su lote lo machacó en varas y llegó desvaído y sin vida a la muleta. Pero cuando Galván citaba lo hacía tan mal como sus compañeros: fuera cacho, al hilo del pitón y despegado. Lo dicho: muerto el toreo, viva su gloria.

EL TAJO Y LA REINA/VEGA, LEANDRO, GALVÁN

Toros de El Tajo y La Reina, bien presentados, cumplidores en el caballo, encastados y nobles. Destacaron primero, segundo y cuarto.

Mari Paz Vega: bajonazo descarado (silencio); estocada baja (oreja).

Leandro: estocada baja (oreja); tres pinchazos (silencio).

David Galván: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo y estocada trasera (silencio).

Plaza de la Malagueta. 13 de agosto. Cuarta corrida de feria. Un cuarto de entrada.

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