Feijóo afronta el peor momento de su mandato sin aclarar la fecha electoral

El descontento social, el creciente malestar en las filas del PP y el incierto futuro de Novagalicia Banco complican el tercer aniversario de su llegada al poder

Feijóo, en un pleno del Parlamento el pasado 7 de marzo.
Feijóo, en un pleno del Parlamento el pasado 7 de marzo.ANXO IGLESIAS

Vive sus horas más bajas desde que recuperó la Xunta para el PP en 2009. Ha admitido a algunos íntimos que las encuestas pintan mal en Vigo y Ferrol, comarcas industriales donde el paro azota con más virulencia. Que otra mayoría absoluta no será coser y cantar en medio de esta crisis que se llevaba por delante a los Gobiernos socialistas pero que empieza a zarandear al PP, como se vio en Andalucía y Asturias. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, descartó el adelanto electoral para antes del verano —una decisión que algunos compañeros de partido siguen criticando en voz baja— y ahora gana tiempo, obsesionado con lograr carga de trabajo para Navantia y evitar que el banco salido de la fusión de las cajas, en la que empeñó su crédito político, no sea subastado como los demás por un euro.

 Que 50 alcaldes de pequeños municipios se atrevan a firmar un acta de adhesión para agruparse contra las fusiones municipales que impulsa el propio Feijóo es un síntoma. Un desafío impensable en cualquier otro momento de la legislatura, admite un dirigente que siempre ha estado al lado del presidente, incluso antes de que ganase el congreso para suceder a Fraga. La distancia con los barones del sur se acrecienta: Baltar y Louzán siempre han recelado de la dirección gallega y sobre todo de su secretario general, Alfonso Rueda y ahora además el dinero de la Xunta ha dejado de fluir hacia las diputaciones en este contexto de estrecheces presupuestarias.

“El gestor que nos dijeron que era, no lo veo por ningún lado”, admite un alcalde popular de una villa media. “Cerrando el presupuesto en septiembre, también yo cuadro las cuentas” se queja para reflejar un sentimiento que se ha adueñado de una parte, aún minoritaria, del PP: “Nuestro mejor aliado son los partidos de la oposición, el Gobierno es flojito”.

La distancia con los barones Baltar y Louzán se ha acrecentado

Que el Consello de la Xunta no iba a ser el equipo que el presidente había imaginado lo asumió Feijóo al poco de tomar posesión. Media docena de fichajes estrella rechazaron su oferta y para algún puesto tuvo que conformarse con la tercera opción. A su gente de confianza le ha confesado que urgiría revisar los sueldos de los políticos para tentar a algunos gestores de la empresa privada, siempre su modelo. Pero la idea choca contra su discurso de la austeridad, el que le trajo hasta aquí y uno de sus logros en la legislatura. Durante el último debate de Política Xeral se sacó de la chistera las fusiones y ese era el plan de aquí al final de su mandato. Hasta que sus alcaldes dijeron no. Cada jueves las reuniones del Gobierno apenas despachan asuntos de trámite con unas cuentas públicas que han perdido 1.600 millones en tres años.

Las últimas semanas han desatado alarmas en el gabinete presidencial. A diferencia de lo que sucedió en otras autonomías, nadie de la dirección gallega del PP ha tratado de minimizar la huelga general. Bastó ver las fotos de Vigo y A Coruña para saber que el descontento en la calle es creciente. Algunos colectivos se radicalizan. Damnificados por las cajas en las llamadas participaciones preferentes también apuntan a la Xunta, que no tiene soluciones ni responsabilidad en el problema. La dirección de Novagalicia Banco busca una salida al conflicto desde una entidad intervenida que el año pasado declaró 168 millones de euros en pérdidas y se aboca a la subasta. La pretendida galleguidad del banco es una quimera y en la Xunta celebrarían hasta la llegada de fondos de inversión extranjeros que permitieran a José María Castellano tirar unos años más hasta que la entidad cotice en Bolsa.

El monte es un polvorín que en una semana se ha cobrado la vida de un brigadista en Ourense (la cuarta desde 2009) y amenazó gravemente As Fragas do Eume el pasado fin de semana. Agentes forestales reconocen que con la actual sequía la cosa solo puede ir a peor y la hoja de servicios de Feijóo en el apartado de incendios ya desde su época en la oposición está lejos de ser inmaculada. No faltan en el PP quienes temen una oleada de fuegos en vísperas electorales. La respuesta de la Xunta ha sido incrementar la dotación de policía autonómica para viligancia y pagar anuncios en los periódicos contra “los incendiarios que ejecutan los montes”.

El presidente admite en privado que los sondeos cojean en Ferrol y Vigo

La victoria aplastante en las municipales de mayo que ha teñido de azul el mapa de la Galicia rural y también la urbana en A Coruña trae contraindicaciones: la mayor parte de los gallegos solo conocen ahora dirigentes del PP, en los ayuntamientos, la diputación, la Xunta y el Estado. Y la situación, lejos de mejorar, empeora. La prima de riesgo no entiende de siglas, el paro sigue desbocado (con 70.000 personas más en Galicia desde 2009) y el Gobierno amigo en Madrid, a diferencia de lo que había prometido, no solo continúa los recortes sociales de Zapatero, sino que los ha incrementa. La buena nueva para Feijóo son los Presupuestos: Galicia junto a Euskadi (las próximas en votar) es la comunidad más beneficiada por las primeras cuentas públicas de Rajoy. Para PSOE y Bloque son números pintados que no se ejecutarán. El resultado lo conocerán los votantes a finales de año, si es que Feijóo decide llevar las elecciones a marzo de 2013 (cuando tocan) y estirar la legislatura hasta el final. Sería tanto como someter a juicio los segundos presupuestos de Rajoy.

Mientras Feijóoo se decanta, un puñado de escándalos ponen a prueba sus promesas de regeneración democrática, lo único que no cuesta dinero. El caso más sangrante lo protagoniza el alcalde de Santiago, Gerardo Conde Roa, a quien el fiscal acusa de defraudar 291.000 euros de un IVA que sí cobró en su inmobiliaria a 61 compradores de pisos. La querella que le atribuye un delito penado con cárcel —lo admiten los dirigentes populares— “pinta mal” para el alcalde y amenaza con ser otra pesadilla para Feijóo en el epílogo de su mandato. Y a esto se une un asunto judicial más: el delegado de la Xunta en Ourense, Rogelio Martínez, como el regidor santiagués otra sugerencia de Romay Beccaría, está abocado a sentarse en el banquillo, acusado de desviar fondos europeos. Mantenerlo en el puesto es una temeridad que el PP ni siquiera se permitió con el expresidente valenciano Francisco Camps.

Con estas trazas y el dilema del adelanto electoral, celebrará Feijóo, el próximo día 18, su tercer cumpleaños en el poder. En su cuartel general, intentan relativizar los problemas aferrándose a la que sigue siendo la mejor noticia para el PP: las cicatrices internas del PSdeG y el Bloque.

La peor semana del presidente

  • Miércoles, 28 de abril: muere un brigadista, el cuarto desde 2009, en un incendio en Castrelo do Val, Ourense.
  • Jueves, 29 de marzo: más de 200.000 personas se manifiestan en Galicia desde las ciudades contra la reforma laboral.
  • Viernes, 30 de marzo: Novagalicia Banco comunica a la CNMV pérdidas por 168 millones de euros.
  • Sábado, 31 de marzo: trasciende que medio centenar de alcaldes se agrupan para oponerse al plan de fusiones del PP.
  • Domingo, 1 de abril: As Fragas do Eume arden por segundo día consecutivo entre críticas al dispositivo de extinción.
  • Lunes, 2 de abril: la Audiencia Provincial ordena llevar a juicio al 'superdelegado' de la Xunta en Ourense, Rogelio Martínez.
  • E Miércoles, 4 de abril: la fiscalía denuncia al alcalde de Santiago por defraudar 291.000 euros en Iva a Hacienda.
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