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La pobreza multidimensional en Colombia baja a 9,9% en 2025

El indicador rompe por primera vez el piso del 10% y marca el quinto año consecutivo de caída

La pobreza multidimensional en Colombia en 2025 ha afectado al 9,9% de los colombianos. Es la primera vez que el indicador es de un solo dígito desde que se mide de forma sistemática, en 2010, según confirmó este martes el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en rueda de prensa. La cifra representa una reducción de 1,6 puntos porcentuales frente al 11,5% registrado en 2024, con lo que 793.000 personas salieron de esa condición durante el año. Es el quinto año consecutivo de caída desde el pico pandémico de 2020, cuando el indicador llegó a 18,1%.

A diferencia de la pobreza monetaria —que pregunta cuánto dinero tiene una persona—, el Índice de Pobreza Multidimensional evalúa simultáneamente 15 condiciones de vida agrupadas en cinco dimensiones: la educación del hogar, las condiciones de la niñez y juventud, la salud, el trabajo y el acceso a servicios públicos y vivienda. Un hogar es pobre multidimensionalmente cuando tiene privaciones en al menos el 33% de esos indicadores, con independencia de sus ingresos. Es, en ese sentido, una radiografía más completa de lo que significa vivir mal en Colombia: no solo sin dinero, sino sin médico, sin empleo formal, sin agua potable, sin que los hijos terminen el colegio a tiempo…

Leído en perspectiva, el dato de hoy interrumpe una tendencia de desaceleración que venía consolidándose. Cuando Gustavo Petro asumió la presidencia a mediados de 2022, la pobreza multidimensional cayó 3,1 puntos porcentuales —impulsada en buena parte por el rebote pospandemia—. En 2023 bajó 0,8 puntos, y en 2024 apenas 0,6, una variación que el propio DANE reconoció como estadísticamente no significativa. Ese último año, además, hubo un indicador que se movió en la dirección contraria: la privación por barreras de acceso a salud pasó de 1,8% a 2,9%. El dato de 2025 —1,6 puntos, estadísticamente significativo— rompe esa curva y cierra el gobierno con su mejor resultado propio, pero deja algunas preguntas abiertas.

Bogotá tuvo la mayor caída de pobreza multidimensional del país —de 5,4% a 2,2%— porque avanzó en educación, empleo y vivienda. Ese mismo progreso no fue mejor por un rubro: salud. Las personas que aún son pobres en la capital lo son, principalmente, porque no pueden acceder a atención médica cuando la necesitan. La salud explica el 24,1% de la pobreza que queda en Bogotá, frente al 7,9% nacional. La raíz está en lo que ocurrió en 2024, cuando ese indicador fue el único de los 15 que retrocedió. Andrés Álvarez, profesor de economía de la Universidad de los Andes, lo señala a EL PAÍS: “El indicador de acceso a servicios de salud se deterioró considerablemente, tanto que contribuyó a deteriorar el indicador global en algunas partes, como Bogotá, y también afectó el promedio nacional”. Entre 2023 y 2024, las personas que tuvieron un problema de salud sin requerir hospitalización y no acudieron a servicios formales pasaron de 399.000 a 682.000, y el 76,6% recurrió a remedios caseros o se automedicó, mientras el sistema atravesaba su mayor crisis institucional en décadas.

La brecha entre el campo y la ciudad tiene cimientos estructurales. En 2022, la pobreza multidimensional en zonas rurales era 3,1 veces la de las cabeceras municipales. En 2023, fue 3 veces, y en 2024, volvió a ser 3,1 veces. El mismo múltiplo durante tres años consecutivos. Tras esa persistencia hay un problema sistémico que el Banco Mundial diagnosticó en un informe publicado en diciembre de 2024. Según ese documento, las brechas de bienestar en Colombia “se deben, en gran medida, a la desigual capacidad del Estado para prestar servicios públicos en los distintos departamentos y municipios”. Esta presencia estatal heterogénea “se traduce en menores oportunidades para muchos de acumular activos esenciales, como una educación de calidad, salud, tierras y vivienda”. El informe también destaca que al menos el 30% de los ingresos laborales están determinados por circunstancias al nacer. Por lo tanto, el progreso económico es un desafío generacional, ya que “las ventajas o desventajas económicas suelen persistir a lo largo de varias generaciones” y “siglos de desarrollo desigual no pueden invertirse rápidamente”.

Lo que sí se ha movido es el mercado laboral, y ahí el gobierno tiene un argumento real: el empleo creció. Pero también hay que agregar matices. Los economistas Alejandro Gaviria y Carolina Soto, en un estudio de la Fundación Colombia Tiene Futuro, documentan la paradoja: el empleo urbano crece al ritmo más alto en 20 años, pero con una economía cuyo PIB avanza a menos de la mitad de esa velocidad, hay una caída sostenida de la productividad laboral. “Los datos muestran una mayor adaptabilidad del mercado laboral, pero también una transición hacia trabajos de menor valor agregado”, escriben el exministro de Educación y Salud y la exviceministra de Hacienda. El crecimiento del empleo, además, se concentra en sectores de servicios —administración pública, educación, salud— que dependen directa o indirectamente del gasto del Estado. “Dadas las condiciones actuales, incluido el mayor déficit fiscal, es razonable anticipar un menor dinamismo futuro”, advierten Gaviria y Soto, lo que afectaría, a su vez, el comportamiento del empleo y, con él, los indicadores de pobreza.

En su conjunto, la serie 2022–2025 muestra que Colombia redujo la pobreza multidimensional durante el Gobierno de Petro. Eso es un hecho que los datos respaldan. Ahora, la historia detrás del número es más compleja: el gran salto de 2022 fue en buena parte herencia del rebote pospandemia y las reducciones de 2023 y 2024 fueron modestas, estadísticamente frágiles, y construidas sobre un modelo económico cuya sostenibilidad está en entredicho. La salud retrocedió y la brecha rural se mantiene. La velocidad de mejora se reduce año tras año y un ajuste fiscal parece inevitable para evitar un desangre en las cuentas del Estado. El dato de hoy cierra la cuenta del Gobierno y le pone el primer número en la agenda al que llegue en agosto.

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