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El Gobierno Petro encadena 25 días con el suspenso de un ‘reality’

Tras el Consejo de Ministros televisado que reventó al Ejecutivo, miembros del Gabinete siguen peleando públicamente, mientras el presidente ha ido designando reemplazos a cuentagotas

Gustavo Petro
Gustavo Petro en Bogotá, el 21 de febrero de 2025.Presidencia de Colombia
Camila Osorio

Han pasado 25 días desde el ya famoso martes en el que el presidente Gustavo Petro ordenó televisar por primera vez su Consejo de Ministros, y su Gabinete estalló en vivo y en directo. Un reality que mostró las divisiones políticas del Gobierno al público y que, aunque no ha tenido un segundo capítulo televisado, sí ha mantenido el suspenso fuera de las cámaras. Los ministros siguen peleando entre sí por redes sociales o en entrevistas, y el presidente va decidiendo sus reemplazos a cuentagotas. La tensión se mantiene, y al presidente no parece molestarle. “Salió bueno”, dijo a EL PAÍS sobre el resultado de emitir el encuentro. “No pensé que iba a tener tanta audiencia; barrimos a los canales y un partido de fútbol (...) lo que ocurrió allí toca con lo psicológico”. Un juego de tronos psicológico que no tiene fin a la vista.

Aquella noche, el político Armando Benedetti parecía tener el sartén por el mango: sentado junto al jefe de Estado, guardó silencio mientras varios funcionarios criticaban a Petro por haberlo nombrado jefe de su despacho: su vicepresidenta, Francia Márquez; su ministra de Ambiente y petrista de dos décadas, Susana Muhamad; su amigo de cuatro décadas y viejo escudero, Augusto Rodríguez. El país escuchó las voces de indignación por el poder del camaleónico exsenador, quien subió al bus de la izquierda para las elecciones del 2022, pero antes había jugado en el uribismo de derechas y en el santismo, ubicado más al centro. El presidente se inclinaba a proteger a quien fue clave en su campaña.

En los días siguientes, el presidente pidió la renuncia protocolaria del Gabinete. Por su parte, dimitieron Jorge Rojas, director de Presidencia y viejo activista de izquierda; Gloria Inés Ramírez, la primera ministra comunista en la historia de Colombia; Juan David Correa, de Cultura, quien se solidarizó con Márquez y Muhamad. Esta última anunció que se iba de forma irrevocable. Si Benedetti quería recibir hojas de vida en Presidencia para llenar las vacantes, el camino estaba despejado.

Tres semanas después, ya no es tan claro que Benedetti tenga el sartén por el mango. Esta semana salió del tercer piso de la Casa de Nariño para ocupar la cartera del Interior. Es un Ministerio clave para Petro, en la que el excongresista puede lucir por sus habilidades y su experiencia legislativa, pero en la que ya no es una suerte de jefe de los ministros. El frente de oposición a él logró sacarlo del palacio presidencial, pero no del Gobierno. Por lo menos no por ahora.

El suspenso se mantiene también por Muhammad, de quien se rumora que será la directora de Planeación Nacional, la entidad que maneja todo el presupuesto de inversión del Ejecutivo. Si bien ni ella ni el presidente lo han confirmado, tampoco han desmentido la noticia que dio RTVC, el canal público de televisión que tiene enfoque gobiernista y línea directa al presidente. En la misma línea, W Radio ha dicho que el actual director Planeación, el exsenador de izquierda Alexander López, reemplazaría a Benedetti como jefe de Despacho. De confirmarse, Petro se quedaría con el pan y con el queso: con la izquierda que lo criticó, y con el político que implosionó a su Gabinete.

Petro ha dejado correr la rumorología sin corregir a los medios, algo inusual en quien señala a diario errores, supuestos o reales, de periódicos o noticieros. Tampoco ha mencionado la posible salida de Francia Márquez del Ministerio de la Igualdad, algo que dieron como noticia varios medios este miércoles. Mientras tanto, como si el elefante no estuviera en el cuarto, ha ido haciendo cambios a cuentagotas, una estrategia política que mantiene la tensión y le permite definir la agenda del debate público. Contrasta con los presidentes anteriores, que solían hacer una crisis de gabinete para rápidamente anunciar a todo el nuevo equipo de un golpe. Es el caso de Juan Manuel Santos. Petro se toma su tiempo, el suspenso es lo suyo.

Un miércoles reemplazó a la ministra de Trabajo con el exsenador verde Antonio Sanguino. Al martes siguiente extendió la oportunidad a una joven viceministra, Yannai Kadamani, en Cultura. Un día después nombró en Defensa a un militar, Pedro Sánchez, rompiendo más de tres décadas de tradición civilista en esa cartera. Apenas seis días después, anunció a Patricia Duque en Deporte y aceptó la renuncia de Andrés Camacho de Minas. Y este miércoles designó en Ambiente a la líder indígena Lena Estrada. Sigue sin saberse si el presidente hará cambios en Salud, Educación, Comercio, Justicia o Agricultura. El suspenso se mantiene.

Y también se mantienen las peleas. Benedetti denunció penalmente a Augusto Rodríguez, el viejo amigo de Petro, por señalarlo de ser quien llevó al llamado zar del contrabando, alias Papá Pitufo, a intentar donar dinero a la campaña presidencial de 2022. Rodríguez se mantiene en sus acusaciones, y señala a otro miembro de la campaña de ser parte del affaire: el catalán Xavier Vendrell. Petro mantiene a Rodríguez, y argumenta que el dinero no entró a la campaña y punto.

Otra trama la protagoniza el ministro de Comercio, Luis Carlos Reyes. Un académico que llegó al servicio público con Petro, ha señalado a Roy Barreras, exsenador, de pedirle de forma amenazante un nombramiento en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), que Reyes encabezaba. “Eres un tipo muy prometedor: vas a ser ministro (...) Eres como un futbolista estrella. Imagínate lo feo que sería que a Messi le rompieran las piernas”, cuenta Reyes que le dijo. El embajador en Londres, otro político camaleónico que llegó a la campaña, lo niega. Su equipo jurídico incluso pide una valoración psiquiátrica del ministro.

Y otra pelea más se da entre Gustavo Bolívar, director de Prosperidad Social, y la nueva canciller, Laura Sarabia. Ya se habían enfrentado públicamente en el Consejo de Ministros, cuando Bolívar la llamó mentirosa. Ahora, el exsenador petrista ha retomado una publicación de W Radio en la que Sarabia aparece mencionada en un confuso entramado. “¿Es bueno para Colombia tener una Canciller que esté mencionada en este escándalo?”, preguntó, de forma retórica, en X. Sarabia recogió el guante. “A mí me han calumniado e investigado adentro y fuera del gobierno, y saben que no tengo enriquecimiento alguno”, le respondió. “Si realmente hablas con el presidente confírmalo él te dirá”, añade.

La rumorología se apodera de las conversaciones. Se especula sobre el futuro de Márquez, de Reyes, de Muhammad, de Benedetti, de Sarabia. El drama de la Casa de Nariño, si bien no es televisado, avanza cada día, como una telenovela. El presidente, a propósito o no, mantiene la audiencia de su reality.

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Sobre la firma

Camila Osorio
Corresponsal de cultura en EL PAÍS América y escribe desde Bogotá. Ha trabajado en el diario 'La Silla Vacía' (Bogotá) y la revista 'The New Yorker', y ha sido freelancer en Colombia, Sudáfrica y Estados Unidos.
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