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Gobierno de Gustavo Petro
Columna
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Explosión sin cálculo

Petro ha provocado una especie de explosión, cuyo tamaño no calculó y, por lo tanto, terminó lleno de esquirlas y con un puñal en el corazón

Gustavo Petro
Gustavo Petro, durante un evento el pasado 7 de agosto.gobierno de colombia
Diana Calderón

En el ejercicio de gobernar y en el de las guerras, las mediciones están inventadas. Los indicadores de la gestión del presidente Gustavo Petro por ahora pasan raspando, cuando no marcan negativo, y los de la guerra o confrontación, para darle un calificativo más benévolo, tampoco le favorecen. Lo sucedido hasta ahora en Colombia no ha sido un cambio. Petro ha provocado una especie de explosión, cuyo tamaño no calculó y, por lo tanto, terminó lleno de esquirlas y con un puñal en el corazón.

En los últimos meses se han hecho más visibles las estructuras de poder funcionales por años a la corrupción, a las mafias electorales y de todo tipo, con una derecha que, micrófono en mano, se hace dueña de la denuncia sin medir siquiera el daño que se imparte a sí misma, quizá acostumbrada a convivir con las culpas de sus complicidades.

Se le ha visto el rostro a la incapacidad de la institucionalidad para mantenerse en equilibrio, como ha ocurrido siempre con los fiscales de cada período, convertidos o en títeres de los gobiernos de turno o en cabezas de la oposición, con las consecuencias irreparables para la administración de justicia.

El Gobierno celebra, entonces, ver al establecimiento sacudido, porque cree que así esconde sus pecados, que, por el contrario, se hacen más evidentes. Lo que ha vivido esta nación ha dejado huellas obvias en el propio presidente de la República y en su entorno familiar. La tentación del dinero fácil y los propios dolores de la naturaleza humana, el desamor, le han cobrado venganza, a través de su hijo.

No se salvó de las mafias en las campañas electorales, según las denuncias de su propio hijo, Nicolás Petro, reconociendo el ingreso de dinero no reportado de Santander Lopesierra y del ‘turco’ Hilsaca. Que si Petro sabía o no, queda en tablas, como los anteriores que en su momento dijeron “todo fue a mis espaldas”, y posiblemente la espalda de Petro no sea tan ancha, pero la sombra lo cobijó ya, como a sus predecesores. La salida no puede ser entonces explotarlo todo, para esconderse en la retórica de su discurso.

No es sino ver los trinos del primer mandatario al conocerse el acuerdo alcanzado con Estados Unidos, en el caso del Grupo Aval por el soborno pagado a Odebrecht, para entender la dinámica que quiso plantear. Son los otros. Y eso explica la llegada de la izquierda, claro, pero la expectativa era por una izquierda capaz de cambiar lo dañado de las estructuras de poder, no una que nadara en ellas por los lados y se quedara en el discurso revolucionario y los abusos de poder por los que es investigada su ex secretaria privada.

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Los resultados de su mandato no son visibles, las importantes conversaciones en torno al cambio climático, la educación, la tierra, de todo lo que debe cambiar, están perdiendo contenido. De siete u ocho procesos de paz total, avanzamos en un cese al fuego por ahora con el ELN, pero seguimos bajo el terror de las organizaciones disidentes y del Clan del Golfo; 168 líderes han sido asesinados. La economía transita por los claros oscuros de la inflación y la amenaza del fenómeno de un Niño que puede dejarnos a oscuras; mientras tanto el presidente no aparece en los escenarios de los empresarios y los gremios, y se niega a explicar con transparencia las razones de sus repetidas ausencias, con lo cual pierde capital político y sin duda incumple su función constitucional.

No convence a nadie asumiendo la posición de la víctima frente a un establecimiento que se resiste al cambio, porque sería absurdo negar la resistencia. Pero es que se hizo elegir para tramitarlas, no para escoger el método de atacarlas con la misma moneda. Para más señales: el sistema de salud requiere cambios, ¿pero es acaso justo hacerlos quebrando a las EPS para imponer el sistema que le dicta la ideología?

Ni al Gobierno ni mucho menos a los ciudadanos les sirve moverse en la narrativa de que todo lo que huela al sector privado es negocio y, por lo tanto, es corrupto. Esa estigmatización pareciera una forma de venganza que ni su ahora anunciada ley de reconciliación nacional podrá sanar, de seguir abriendo frentes de confrontación innecesarios.

Pero, además, no todo es resistencia u oposición política. Negar los datos de la Defensoría del Pueblo y de la MOE cuando le advierten sobre los riesgos electorales en más de 300 municipios del país, le impide la construcción de una política pública y la toma de medidas para atender la situación en los territorios, y adicionalmente crea en el ciudadano la incertidumbre de no saber qué o a quién creer, en momentos en que las reformas y los cambios propuestos están estancados ante la pérdida de las mayorías en el Congreso y la inestabilidad empieza a convertirse en desesperanza.

El acuerdo nacional que propone el presidente que, dice, consiste en poner la franqueza de la sociedad encima de la mesa, pasa por poner la suya. Ya logró la explosión, ahora debe responder cómo establecemos una ruta de cambios constructivos, cómo le vuelve a decir a la sociedad que crea, que confíe, al sector privado que invierta.

Los opositores lo quieren desnudo, claro, es el ejercicio político, que también él llevó al punto más alto, por eso debería estar a la altura de abrir unos caminos distintos. Y no tener al país preguntándose hacia dónde vamos. Petro tiene un triunfo en haberlo puesto todo boca arriba, pero no es un triunfo alegre y no lo será hasta que no salga de la trinchera a cumplirle a la gente que creyó en él. Los días cuentan, las elecciones regionales están a la vuelta de la esquina, el margen se acorta.

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