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India crece sin contar con sus mujeres

Una de cada tres. El país arroja una de las tasas de empleo femenino más bajas del mundo

La economía informal emplea al 80% de los trabajadores y trabajadoras indios. En las ciudades, muchas mujeres trabajan como asistentas domésticas, vendedoras o costureras.
La economía informal emplea al 80% de los trabajadores y trabajadoras indios. En las ciudades, muchas mujeres trabajan como asistentas domésticas, vendedoras o costureras.

A Gangamma y al resto de las mujeres de Bhalapatti, un pequeño pueblo del sudeste de India, les costó años convencer a sus maridos de que tenían el mismo derecho que ellos a trabajar. “‘Para qué queréis trabajar?’, nos preguntaban, ‘es mejor que os quedéis en casa con los niños, no es bueno que salgáis fuera’. Lo que ellos no entendían es que nosotras también podíamos ganar nuestro propio dinero y contribuir”. Gangamma gesticula con vehemencia mientras cuenta su historia. Su marido asiente en silencio, a su lado.

Por suerte, los hombres de Bhalapatti entraron en razón, y permitieron que Gangamma y muchas otras de las mujeres que viven en esta pequeña aldea en el estado de Andhra Pradesh obtuvieran un empleo y empezaran a comprar y vender su propio ganado. Además, muchas se organizaron en pequeñas asociaciones de apoyo mutuo, los sanghams, que les ofrecen un espacio seguro para compartir sus problemas, debatir acerca de sus familias y negocios y acceder a microcréditos. Poco a poco, las familias ahorraron y expandieron sus pequeñas granjas. Y ahora, esta aldea se ha convertido en un ejemplo para toda la región. Todos los habitantes tienen trabajo, todos los niños y niñas van a la escuela, y han salido del círculo vicioso de la pobreza, de depender únicamente del sueldo de los maridos, y de trabajos en el campo mal pagados.

Según la Organización Mundial del Trabajo, solo el 27% de las mujeres indias trabaja. Se trata de una de las tasas más bajas del mundo (la media global es del 50%), y la más baja entre las economías emergentes. Además, esta cifra no ha parado de bajar en la última década, Únicamente otros nueve países tienen cifras por debajo del 30%. La mayoría están en Oriente Medio: Irán, Irak, Jordania, Líbano, Libia, Mauritania, Arabia Saudí, Siria, Túnez y Turquía.

El caso de India es significativo porque, además de considerarse un régimen democrático consolidado, y el que pronto será el país más poblado del mundo (se estima que supere a China en número de habitantes en el año en 2022), es uno de los motores de la economía global. La economía india lleva creciendo desde 2003 a un ritmo superior al 5% anual. Y las previsiones del Fondo Monetario Internacional anunciadas en abril de 2017 son optimistas: India liderará el crecimiento de los países emergentes en 2017, con un aumento del 6,8% que llegará al 7,7% en 2019. Todo ello a pesar de la demonetización puesta en marcha por el primer ministro Narendra Modi en noviembre de 2016, que ha ralentizado la economía. Tradicionalmente, a medida que la economía de un país crece, la participación de las mujeres aumenta. Pero en India se da el caso contrario: mientras la economía se ha robustecido durante los últimos 15 años, la incorporación de las mujeres al empleo ha caído de manera continua.

Women at Work es un proyecto documental que explora las causas detrás de este escaso número de trabajadoras indias, y cómo estas cifras no reflejan la realidad del empleo informal y doméstico. A través de distintos formatos (vídeo, foto y texto), el proyecto retrata la vida de mujeres que trabajan en sectores tan diversos como la construcción, la agricultura o la informática. Women at Work también muestra cómo muchas de ellas están luchando por cambiar las rígidas normas sociales que durante décadas las han relegado al papel de ciudadanas de segunda categoría.

A medida que la economía de un país crece, la participación de las mujeres en el trabajo aumenta. Pero en India se da el caso contrario.

Un factor clave a considerar es la estructura del mercado de trabajo indio, caracterizado por la informalidad (el 80% de los trabajadores y trabajadoras indios pertenecen al sector informal, en su mayoría sin contrato ni acceso a seguridad social). Además, el empleo femenino suele estar agrupado en los sectores agrícola y de servicios básicos, que no han creado puestos de trabajo en los últimos años.

A esto se unen los problemas de violencia e inseguridad: en India, la violencia contra las mujeres se considera un mal endémico, y los datos más recientes del National Crime Records Bureau hablan de un aumento de estos crímenes desde el 41,7% en 2011 hasta el 53,9% en 2015. Y eso cuando se llegan a denunciar. Los abusos sexuales, las agresiones y el acoso son tan habituales que en muchos casos no se ponen en conocimiento de las autoridades.

Trabajadoras de la construcción en Rajastán.
Trabajadoras de la construcción en Rajastán.

Esa violencia se produce dentro y fuera de los hogares, y se manifiesta de maneras muy diversas: desde agresiones sexuales a maltrato físico, psicológico y anulación de la voluntad y la capacidad de actuar. “Muchas mujeres, cuando llegan el primer día no saben cómo comportarse en una conversación con una persona extraña ya que nunca les ha estado permitido interactuar con gente fuera de su familia”, explica Nilanjana Sengupta, directora del área de investigación de la Fundación Azad. Esta entidad dirige un programa que forma a mujeres sin recursos para ser conductoras profesionales en Nueva Delhi, Calcuta y otras ciudades indias. En India prevalece aún la idea de que las mujeres no pueden aprender profesiones especializadas. Este prejuicio mantiene a muchas trabajadoras apartadas de empleos cualificados, condenándolas a un círculo vicioso de trabajo mal pagado e inestable.

Aún prevalece la idea de que las mujeres no pueden aprender oficios especializados

El acceso a la educación es también un elemento esencial a la hora de garantizar la incorporación de las mujeres al trabajo. En este ámbito India ha hecho un esfuerzo considerable en la última década: de acuerdo con los datos de la Unesco, la tasa de alfabetización en mujeres ha pasado del 38% en 1995 al 63% en 2015, e incluso en las zonas rurales más pobres el hecho de que las niñas vayan al colegio se considera algo positivo. Sin embargo este impulso se ha dado sólo en la educación primaria y secundaria.

Una de las explicaciones es el enorme peso de una tradición patriarcal y unas estrictas normas sociales acerca del rol de las mujeres como madres y esposas. Según los resultados de un estudio publicado recientemente por el Centro para el Estudio de Socidedades en Desarrollo Lokniti, más de la mitad de los jóvenes indios entre 15 y 34 años opinan que las mujeres “siempre deben escuchar a sus maridos”, y el 40% considera que no deberían seguir trabajando después del matrimonio. En cuanto a las participantes femeninas de la encuesta, alrededor de un tercio están de acuerdo con esta última afirmación, y el 40% de ellas aprueba la idea de una “esposa obediente”.

Las mujeres de Bhalapatti han liderado el progreso económico en este pequeño pueblo de Andra Pradesh.
Las mujeres de Bhalapatti han liderado el progreso económico en este pequeño pueblo de Andra Pradesh.

Entre la clase media urbana, las jóvenes están aún sometidas a una enorme presión social, y su trabajo toma siempre un papel secundario cuando llega la hora del matrimonio y los hijos. A pesar de las tímidas medidas del Gobierno para estimular la conciliación familiar, las familias esperan que la mujer, tras el matrimonio, abandone su empleo y se dedique a ser esposa y madre a tiempo completo.

Este pensamiento patriarcal está especialmente arraigado en las zonas rurales del país, pero en muchos casos la necesidad económica se impone, y las mujeres se ven forzadas a buscar empleos básicos y mal remunerados para sostener a sus familias. Es el caso de Sailila, que trabaja en la construcción desde hace 15 años. “Mi marido es herrero, pero no gana mucho dinero, y lo que gana se lo gasta en bebida”, explica, “así que la familia depende de mi sueldo para sobrevivir”. Es una historia que se repite demasiado a menudo entre la población más humilde de la India rural: las mujeres deben sacar adelante a las familias, pero al no tener acceso a trabajos cualificados que no se consideran adecuados para ellas, deben conformarse con los puestos con peores sueldos y mayor inseguridad.

Sailila y el resto de sus compañeras en la obra son las que menos cobran. Solo se les permite realizar las labores más básicas: limpiar, cargar materiales y herramientas... Nunca se les ha ocurrido reclamar el acceso a puestos más cualificados y mejor pagados. Los hombres son los que mandan y deciden, así ha sido siempre. A sus 50 años, Sailila no cree que nada vaya a cambiar para ella, pero tiene esperanza en el futuro de sus hijas adolescentes. Tuvieron que dejar el colegio hace dos años y ponerse a trabajar como asistentas domésticas para traer dinero a casa, pero ahorran para realizar un curso de confección y trabajar como costureras. Son las primeras en la familia que saben leer y escribir, y trabajan fuera de la construcción. “Con suerte, ellas tendrán una vida mejor”, murmura Sailila. “A mí no me queda más remedio que seguir mientras aguante”.

Women at Work es un proyecto de la periodista independiente Laura Seoane. Toda la información sobre el documental disponible en: www.lauraseoane.com

Artículo publicado en colaboración con la UN Foundation.

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