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Siguen las muertes en el mar

Italia tiene cada vez más problemas para gestionar la presión de inmigrantes y refugiados

Trabajadores de Save the Children ayudan a un niño que salió hacia Europa desde las costa de Libia.
Trabajadores de Save the Children ayudan a un niño que salió hacia Europa desde las costa de Libia.

Como se temía, sellada la frontera de los Balcanes, la presión de las oleadas de migrantes y refugiados se ha desplazado a Italia, que cada vez tiene más dificultades para gestionar los contingentes que llegan y que se suman a las 180.000 personas que se acumulan en sus campos de acogida. Con la mejora del tiempo, los flujos se intensifican y también las víctimas de una travesía que la crueldad de las mafias hace cada vez más peligrosa. En lo que llevamos de año han muerto ya, según ACNUR, más de 1.200 personas. Solo en el pasado fin de semana llegaron a las costas italianas 7.300 migrantes y al menos 245 murieron pese a la intensa labor de vigilancia del programa Frontex y la labor de rescate de las organizaciones humanitarias.

La situación ha dado lugar a los primeros y lamentables intentos de explotación partidista del problema por parte de organizaciones de extrema derecha nacionalista. Instancias judiciales han culpado además erróneamente a las organizaciones humanitarias del drama de los naufragios. Afirman que con sus labores de rescate contribuyen a facilitar el negocio de las mafias. Pero que las mafias sean tan inhumanas como para abandonarlos a su suerte no es óbice para desatender la obligación de salvar y rescatar a quienes han iniciado el viaje y están en peligro.

En lugar de buscar la culpa en quien no la tiene, deberían revisarse los planes vigentes. Es escandaloso que, como se ha comprobado en una dramática grabación de hace tres años conocida ahora, 268 personas murieran ahogadas, entre ellas 60 niños, porque los servicios de rescate de Italia y de Malta se pasaron la pelota durante horas de a quién le correspondía el rescate. Un médico sirio, que perdió a dos hijos, había pedido angustiosamente ayuda varias veces. La burocrática e insensible respuesta es digna de figurar en los anales de la ignominia. Aunque se hable menos de ella, la crisis de los refugiados sigue abierta y sigue muriendo gente en el mar.

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