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La guinda Ferrusola

Es difícil que el pujolismo logre hundirse más en la ciénaga

Marta Ferrusola en la comisión parlamentaria sobre su marido, Jordi Pujol, en 2015.
Marta Ferrusola en la comisión parlamentaria sobre su marido, Jordi Pujol, en 2015.

Marta Ferrusola, esposa del expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, daba órdenes a su banca andorrana en nombre del clan, una presunta “organización criminal” según sospecha el juez. Y lo hacía usando un lenguaje sorprendente: para unos chusco, para muchos católicos, irreverente. Usaba claves de carácter religioso para tapar los circuitos de su presunta evasión fiscal y blanqueo de capitales. Así, el encargado de su cuenta era el “reverendo mosén”; ella misma se autocalificaba de “madre superiora de la congregación”; las transferencias ordenadas eran “misales” a mover en “la biblioteca del capellán de la parroquia”, a buen seguro su hijo mayor, el encarcelado Júnior.

En persona agnóstica, el uso de ese vocabulario podría considerarse irónico. Pero Ferrusola ignora la broma; defiende una ortodoxia religiosa extrema, vecina del nacionalcatolicismo catalanista; y se toma muy a pecho —entre lo ideológico y lo racista— la rivalidad de otras confesiones: como cuando advirtió del supuesto peligro de que Cataluña se llenase de minaretes.

Por eso habrá que vencer la tentación de ridiculizar lo aparentemente ridículo y enfocar el asunto como algo muy serio. La ex primera dama catalana muestra con sus pensadas instrucciones —dejadas por escrito muy medido en 1995, justo cuando su marido optaba al quinto mandato— un doble lenguaje de alto voltaje cínico y fraudulento. Marca de la casa.

Primero fue el Jordi Pujol banquero quien empleó a fondo, y ensalzó, la falsedad contable, doble contabilidad o cuentas B, lo que los magistrados pasaron por alto en el caso Banca Catalana. Luego ocultó al tomar posesión la tenencia familiar en el extranjero de un patrimonio fiscalmente opaco: fraude que cometía mientras ensalzaba las virtudes del esfuerzo, el ahorro, el rigor y la familia. Y así, durante 23 años.

Más tarde, todos los hijos de la pareja se han visto implicados en procesos judiciales por este y otros escándalos. Ahora descubrimos la guinda, o quizá la levadura del pastel: la matriarca era una notable aficionada al fraude legal y moral, si no la que más de la familia. Es difícil que el pujolismo logre hundirse más en la ciénaga.

Quizá aun podría. Los herederos políticos de este grupo familiar caciquil deben distanciarse del doble lenguaje, la restricción mental y el sesgo hacia el fraude de ley que aprendieron de sus mayores. Y que alguna vez aplican con tesón a su nuevo horizonte estratégico. Los métodos corruptos desembocan en corrupción sistémica.

 

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