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Vuelve la euforia laboral

Récord de caída del paro y afiliación en abril, aunque persisten los problemas graves en el mercado de trabajo

Mariano Rajoy y Fátima Báñez.
Mariano Rajoy y Fátima Báñez. EFE

Después de una Encuesta de Población Activa (EPA) mediocre en el primer trimestre, el paro registrado de abril devuelve el optimismo al Gobierno. Efectivamente, el mes pasado se registró una marca histórica en la caída del desempleo (disminuyó en 129.281 personas, un descenso mensual récord que supera el de junio de 2013) y la afiliación a la Seguridad Social subió en 212.216 cotizantes, otro hito. Hay razones que justifican esta mejora espectacular. La primera es estacional: como la Semana Santa se celebró en abril, lo que restó a la EPA en los tres primeros meses del año lo ha sumado el mes pasado. La presión del turismo es la otra; el número de asalariados en el sector de la hostelería ha crecido en más de 96.000 durante el mes.

Aunque el paro registrado no es la medida más exacta del mercado laboral (para eso está la EPA), lo cierto es que los indicios son buenos. Incluso depurados de estacionalidad, los datos de empleo y afiliación demuestran que la economía presenta una tasa de crecimiento notable, próxima al 3%; incluso podría sugerirse que la proyección de crecimiento debería revisarse al alza otra vez. También muestra que los tipos cero y el petróleo barato tienen efectos singularmente positivos.

Pero —siempre lo hay— el paro registrado nada nos dice de la elevada tasa de paro juvenil o entre los mayores de 45 años. Ni del descenso preocupante de la población activa. Al equipo económico le debería inquietar que el crecimiento del PIB (algo por debajo del 3% anual) sea inferior al aumento del empleo (3,8% en tasa interanual en abril en términos de afiliación). O que la productividad detrás de esta creación de empleo es ínfima, o que los empleos creados presentan un valor añadido bajo y un salario aun más bajo. O todo ello. Aficionado a la euforia macroeconómica, el Gobierno debería aceptar de una vez que la sociedad necesita otra política de rentas y una política activa de empleo.

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