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‘Photocall’, castillos hinchables, magia... Así han cambiado las comuniones

La celebración se mantiene pese a la crisis económica y de fe en España. Los padres gastan de media 2.300 euros

Una tienda del barrio de Salamanca.
Una tienda del barrio de Salamanca.

Apenas lo vio, Julia supo que aquel era el vestido de comunión que quería. Su madre había elegido otro, pero la ilusión de la niña convenció a toda la familia de quedarse con ese. Al momento de pagar, casi se arrepiente: 725 euros. “Uf, se nos ha ido un poco de las manos”, reconoce la madre, Mónica Jiménez. Julia no utilizará el mismo vestido que usó su hermana hace cinco años. La fiesta tampoco será igual. Tendrá quiosco de golosinas, máquina de palomitas y libro de fotos, hecho en un estudio. Además del banquete. “Es la pequeña y podemos permitírnoslo”, reflexiona Jiménez.

Un photocall, juegos hinchables, talleres para niños, espectáculos de magia o un minidiscoteca son algunos elementos que se ven, cada vez más, en los festejos de comunión. El presupuesto para una fiesta de 50 personas, si se les suma el alquiler del salón, la comida y la vestimenta de los niños, ronda los 5.000 euros, según empresas organizadoras de eventos. Aunque las hay más caras. "Hice una que costó más que una boda”, recuerda Teresa Rodríguez, propietaria de Event, una empresa de celebraciones de Galicia. Rodríguez aclara que fue algo excepcional, pero que tiene clientes que gastan más de 10.000 euros. “Depende mucho de la cantidad de invitados”, matiza.

Las comuniones mueven un negocio millonario en España. En 2014, estos festejos generaron un gasto de 589 millones de euros, según un estudio elaborado por la consultora KPMG para la Conferencia Episcopal. La mitad que los matrimonios. El gasto medio por comunión es de 2.300 euros, según el mismo informe. “Una comunión tiene casi todos los componentes de una boda, pero de una manera más limitada”, explica Maribel Cabrera, dueña de Mejores Eventos, una empresa de organización de comuniones y bodas en Madrid. Y enumera: “La tarta, las invitaciones, los recordatorios, la decoración, que tiene que ser elegante, pero con un toque infantil. También las pruebas del vestido son parecidas a las de la novia”.

El festejo antes estaba más centrado en un banquete para los adultos y ahora en detalles para los niños, considera Rodríguez. “Antes de la crisis se gastaban 100 euros por persona en la comida, como si fuera una boda. Ahora pueden ser menús de picoteo de 30 a 40 euros y ese dinero lo gastan en animación, que cuesta entre 500 y 1.000 euros”, explica.

La organización comienza con un año o seis meses de anticipación, "el tiempo recomendable para reservar un buen lugar", según Cabrera. Casi todas las comuniones se celebran en mayo, por lo que la organización intensa arranca en enero. Cuando los pequeños apenas han estrenado los regalos que recibieron de los Reyes Magos, los escaparates de las tiendas de ropa infantil se llenan de vestiditos blancos con encajes y trajes de marinero y de almirante. Comercios especializados y grandes almacenes editan sus catálogos con las tendencias de ese año, en cuyas páginas se puede ver a niñas con un toque de maquillaje que las hace parecer mayores. Los vestidos cuestan entre 300 y 900 euros y los trajes de chico, en torno a los 400, según Isabel Iglesias, propietaria de la Tienda de Modas y Complementos Isabel, en Cádiz. A eso hay que sumarle los accesorios, como la diadema o corona de flores, el cancán, los zapatos y los bolsos —cada vez más usados—. "Los complementos pueden llegar a costar 300 euros para las niñas y 100 para los niños", precisa Iglesias.

Una tradición arraigada

Marina va a catequesis desde hace tres años, pero la comunión cobró más sentido para ella hace una semana, cuando le compraron el vestido. No podía disimular la emoción cuando se lo describía a sus amigas del colegio. “En cuanto ha visto el vestido, está que ya la quiere hacer y tiene ilusión porque la familia le está llamando para los regalitos. Ve que es importante, que se ocupan de ella y es el centro de atención”, cuenta la madre, María Ángeles López.

Las comuniones son una tradición arraigada en España. A diferencia de las bodas canónicas, que se redujeron a la mitad entre 2008 y 2014, las comuniones se mantuvieron en torno a las 250.000 anuales en el mismo periodo, según el último dato de la Conferencia Episcopal. De hecho, en 2014 hubo más comuniones que cualquier otra celebración religiosa. Incluso superaron por primera vez el número de bautizos, que disminuyó en un tercio desde 2008.

“Hace años que las comuniones se han convertido en un acto social”, opina Francisco Javier Elzo. El catedrático emérito de la Universidad de Deusto sostiene que la falta de un evento civil equivalente, como en el caso del matrimonio, explica por qué estas ceremonias han resistido mejor la secularización de la sociedad. “Han aumentado las bodas civiles e incluso las no-bodas, las uniones de hecho. Es una sociedad cada vez más secular y la gente se inclina por el matrimonio civil. En cambio, no hay una comunión civil. Aunque se intentó hacer, es muy raro”, precisa el académico. A esto se suma un fenómeno de emulación social, según Elzo. “Si el vecino de al lado tuvo una comida en su casa cuando hizo la primera comunión, el niño no va a querer ser menos. Tampoco quiere dejar de recibir regalos y vestirse elegante”, agrega. El catedrático asegura que en España se vive un “catolicismo sociológico” y destaca que casi el 70% de la población se considera católica, según el último barómetro del CIS.

El padre de Julia no es religioso. Su madre confiesa que aunque no es muy practicante, considera que le corresponde seguir la tradición y darle a su hija la misma formación que ella tuvo de pequeña. "Ya cuando sea mayor, si se quiere casar por la Iglesia, que lo haga. Si no, no. Pero me lo he tomado como algo que me corresponde a mí", concluye esta mujer.

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