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Eva Green: “Quiero ser algo más que una fachada”

La musa de Tim Burton tiene miedo de que la industria del cine le diga basta

Eva Green, en la presentación del calendario Campari en Londres.
Eva Green, en la presentación del calendario Campari en Londres. WireImage

Misteriosa, dura, gótica. Estos son los calificativos que suelen describir a Eva Green, la nueva musa de Tim Burton al frente de su último largometraje, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. También la tachan de femme fatale, de rara. Incluso de complicada. Pero son palabras de aquellos que no ven más allá de su pelo teñido de negro azabache y de sus ojos claros muy perfilados en negro. Sin maquillaje su sonrisa es fácil, sus gestos suaves y su modulación tenue. “La gente dice que soy muy rara –afirma con llaneza a EL PAIS-. Pero yo no me veo así lo cual quiere decir que debo serlo”. Se ríe de la incongruencia.

Sus directores no ven nada raro en ella. Burton la agasaja diciendo que es una estrella de las de antes y Bernardo Bertolucci nunca pudo superar su belleza. Green se reafirma como una mujer tímida, alguien que lo es desde niña y que se esconde detrás de sus personajes. “Me daban miedo hasta las fiestas de cumpleaños. Y en principio me sentí intimidada en Hollywood aunque me he ido acostumbrando”, sopesa la actriz. “Y eso que esto sí que es raro. Tanto la ciudad como la industria”.

Nacida en París hace 36 años, comenzó su carrera joven y bañada en la polémica gracias a Soñadores (2003), un drama erótico de Bertolucci que hizo de ella la belleza más buscada. Un trabajo muy especial en el que sintió algo único que no sabe si se volverá a repetir. “Ya te digo, esta industria es dura y siempre temo que llegue el momento en el que diga basta”, admite. Lo dice con una humanidad que desarma. Le gusta lo que hace, pero está cansada de que la encasillen, de que la juzguen. “De que quiera hacer algo y mi agente diga no. De sentirme bajo el microscopio. De que me cuelguen la etiqueta de femme fatale cuando no soy así. La gente llama raros a los papeles intensos que me gusta interpretar. Pero yo quiero ser algo más que una fachada”.

En su busca se alejó de su fama como chica Bond en Casino Royale (2006) o de su etérea belleza en El reino de los cielos (2005) y apostó por trabajos más complicados en la difunta Penny Dreadful, sumándose al matrimonio Polanski en su próximo largometraje, Based on a True Story, o repitiendo su colaboración con Burton. Escuchándola es fácil aceptar los rumores que hablan de algo más que trabajo entre la musa y el realizador de Eduardo Manostijeras pese a sus 22 años de diferencia. “¡Es mi héroe!”, le describe jubilosa. “Un verdadero artista lleno de poesía con el que estoy dispuesta a trabajar siempre aunque sea para hacer de lámpara”.

Aunque no le gusta hablar de su vida, el anillo de la suerte que le diseñó la joyera rusa Elena Okutova y que viste en las entrevistas como escudo protector va perdiendo efecto. Se le nota el afecto al hablar de su madre, la también actriz francesa Marlene Jobert, y cómo se azora al hablar de su tía, Marika Green, y de su trabajo en el clásico erótico Emmanuelle (1974) del que asegura solo ha visto las escenas que la hermana de su padre hizo vestida. “Pero ella me dio muchas pistas sobre cómo utilizar mi cuerpo para acentuar un personaje”, reconoce. Eso sí, cuando llegue el día en el que se canse de la industria que la rodea tiene claro dónde quiere ir a parar. “A Tanzania. A la naturaleza. A dar grandes paseos. Sin reloj, en paz, sin que nadie me controle”, describe su paraíso. Mientras, seguirá disfrutando de su purgatorio artístico en Londres en esa casa que considera su templo, “mitad india, mitad china” y llena de osos de peluche que “rescata” del mercado de Portobello Road cuando la miran.