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A mi hija no le gustan los vestidos, ¿y qué?

Charlize Theron sale a pasear con su hijo disfrazado de princesa 'Frozen' y, ¡oh cielos!, empiezan las críticas

Foto publicada en Instagram.

Soy madre de dos niñas. La mayor, a punto de cumplir los seis años, tiene clarísimo desde los tres que no le gustan los vestidos. Especialmente, en invierno porque requieren de leotardos que, según ella, le pican. Así que todos los vestidos monos e ideales que muchas amigas me han ido regalando de sus hijas, ahí están muertos de risa en el armario. Como en su colegio no hay uniforme, me negué hace tiempo a disputar una batalla diaria sobre qué se tiene que poner, así que le dejo que ella misma escoja qué ponerse. Mi madre está horrorizada y así me lo hace saber cada vez que sale el tema. Sin embargo, a mí me parece que dejarla escoger qué quiere ponerse es una estupenda oportunidad para que ella vaya aprendiendo a elegir. Y, en cualquier caso, yo soy la que he comprado esa ropa (con ella) y no hay nada que yo considere fuera de lugar.

La pequeña, con casi cuatro años, es otro cantar. Pasa de todo y si tiene que escoger, prefiere los vestidos. Y si son brillantes, más. Y los que responden a esos gustos son los disfraces de princesa que tenemos en casa y que solo ella usa. La mayor pasa ampliamente. Con esto quiero decir que ambas, criadas en la misma familia, con el mismo padre y la misma madre y con la misma educación, son totalmente distintas.

Recuerdo, con horror, que, hasta bien entrada la adolescencia, mi madre me obligaba a ir con vestidos de nido de abeja. Lo que llevamos puesto en nuestra vida diaria define cómo somos y lo que queremos transmitir a los demás. Es algo tan personal que considero que ni siquiera los padres deberíamos meternos en esas decisiones.

Charlie Theron es noticia este martes porque ha salido a pasear con su hijo y este va disfrazado de la princesa de Frozen y ¡oh cielos! ¿Cómo se le ocurre ir a un niño vestido de princesa? Pues por una razón que no tiene más que un único argumento: porque le gusta. ¿Cuál es el problema? La película, que mis hijas adoran y cuyas canciones cantan hasta hartarme, refleja unos valores que también me gustan. Sus princesas Elsa y Ana son valientes, atrevidas, buenas, solidarias y los niños las quieren imitar.

Si una niña o niño se quiere disfrazar para ir al supermercado con su madre o padre, ¿por qué no va a hacerlo? Disfrazarse para los niños supone mucho más que para los adultos, supone seguir representando un mundo imaginario en el que son sumamente felices. Ojalá les dejaran, al menos mientras son pequeños, ir incluso disfrazados al colegio. Bueno, en el de mis hijas desde luego sí les dejan porque la mía pequeña ha ido más de una vez disfrazada (de princesa, por supuesto) a clase. Me gusta la idea de que vayan disfrazados si quieren porque me gusta la idea de que en infantil el colegio debería ser siempre una experiencia de juego que es como los niños mejor aprenden. No lo digo yo (aunque lo defiendo), sino los expertos en pedagogía.

El otro debate del hijo de la actriz es que es un niño y va vestido de un personaje femenino. Que a estas alturas haya que defender eso ya resulta preocupante, pero demuestra qué lejos estamos de ir desterrando estereotipos muy antiguos. Lo más probable es que un niño de cinco años que se disfrace de niña no tenga en su cabeza ninguna idea de orientación sexual. Simplemente, se disfraza de ese personaje porque le gusta. No hay más explicación, ni siquiera mejor. Lo ideal es que los adultos hiciésemos exactamente eso.

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