Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Mohamed Bin Salmán, un príncipe saudí en vaqueros

El viceheredero del país proyecta su plan modernizador con una nueva etiqueta en el vestir en su visita a Sillicon Valley

El príncipe Mohamed Bin Salmán junto a Mark Zuckerberg en las oficinas de Facebook en Silicon Valley.
El príncipe Mohamed Bin Salmán junto a Mark Zuckerberg en las oficinas de Facebook en Silicon Valley. REUTERS

No solo las princesas cuidan su vestuario. La visita del poderoso príncipe saudí Mohamed Bin Salmán (conocido popularmente como MBS) a Estados Unidos ha mostrado que ellos también saben utilizar la ropa como arma de seducción. Embarcado en el empeño de modernizar su país, el joven hijo del rey aparcó la habitual túnica blanca y acudió en vaqueros, camisa sin corbata y americana, a Silicon Valley, donde buscaba atraer inversiones que ayuden en la transición del reino hacia una economía sin petróleo.

Además de romper los estereotipos occidentales sobre los dirigentes del reino del desierto, MBS buscaba sin duda la identificación con ese 70% de saudíes que tiene menos de 30 años. Las imágenes del príncipe con unas gafas de realidad virtual y de su entrevista con el presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, no solo han sido portada en los obedientes periódicos nacionales, sino que han tenido un gran eco en las redes sociales.

Mohamed Bin Salmán y Marck Zuckerberg caminan por la sede central de Facebook, el pasado miércoles.
Mohamed Bin Salmán y Marck Zuckerberg caminan por la sede central de Facebook, el pasado miércoles. REUTERS

Los más entusiastas le apodan “el príncipe de los jóvenes”. Es innegable que supone un importante cambio en la gerontocracia saudí (el rey Salmán tiene 80 años, su predecesor, Abdalá, murió el año pasado con 90, y el anterior, Fahd, en 2005 a los 84) que un príncipe de 31 años sea el segundo en la línea de sucesión al trono, el ministro de Defensa, el responsable de la macrocomisión de desarrollo económico y el presidente de Aramco, la compañía nacional de petróleo.

Desde fuera, el gesto de los vaqueros puede resultar nimio. Sin embargo, no se trata de algo aislado, lo que en el marco de la conservadora Arabia muchos jóvenes ven con esperanza. “Me gusta este hombre y espero que sea rey”, tuiteaba Husein desde Yeddah. Todo empezó el pasado abril durante una entrevista con la agencia de información económica Bloomberg. En las fotografías que la acompañaban, el príncipe aparecía con la cabeza descubierta, una informalidad inusual en alguien de su condición. La misma tradición, o presión social, que obliga a las mujeres saudíes a ocultar el cuerpo bajo un manto negro, conocido como abaya, exige a sus compatriotas hombres vestir de túnica blanca y cubrirse con el característico pañuelo (ghutra) sujeto por un cordón (agal). Ese traje nacional es imperativo en los funcionarios del Estado, más aún en un príncipe.

Pero el hijo del rey no estaba desafiando las normas. En un gesto equivalente al del ministro europeo al que se fotografía en mangas de camisa, MBS enviaba un mensaje: estoy en mi oficina trabajando y, como muchos otros saudíes cuando trabajan, me quito el pañuelo porque es más cómodo. Ahora falta por ver que la nueva etiqueta en el vestir principesco se traduzca en cambios reales.