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Los ajustes que vienen

¿Queremos un Estado del bienestar con amplias coberturas o un modelo mucho más asistencial?

La noche del 31 de diciembre de 2015 nos fuimos a dormir con un déficit público del 5% del PIB y una deuda pública del 100% del PIB. Estos datos son malos en si mismos, pero son peores aún si los comparamos con los de nuestros vecinos. Solo Grecia presentó datos de déficit peores que los nuestros. La eurozona exhibió un déficit de algo más del 2% del PIB y una deuda pública 10 puntos porcentuales de PIB menor que la nuestra.

También nos fuimos a la cama con un Parlamento fraccionado que ha sido incapaz de ponerse de acuerdo y nos ha abocado a unas nuevas elecciones generales. El Parlamento que surja de esta nueva visita a las urnas tendrá que hacer ajustes porque la situación fiscal es insostenible y no está mejorando. Los datos del primer trimestre del 2016 indican que de seguir así es muy posible que acabemos el 2016 con el mismo déficit que en 2015, algo que nos alejaría de nuestros compromisos con Bruselas.

Para corregir el rumbo solo hay dos salidas posibles. O subimos la presión fiscal o reducimos el gasto público como porcentaje del PIB. No nos dejemos seducir por las buenas palabras de los candidatos a La Moncloa. Debemos entender que no hay solución mágica a nuestros problemas fiscales: solo podemos gastar lo que recaudamos.

A pesar de la mala situación en la que nos encontramos, en 2009 estábamos peor. El déficit público era del 11% del PIB. ¿Cómo se ha hecho el ajuste? Entre 2009 y 2015 se han reducido los gastos en 2,6 puntos de PIB y se han aumentado los ingresos en 3,4 puntos de PIB. Es decir, se ha hecho un poco de todo, pero ha sido insuficiente. ¿Qué debemos hacer? Para contestar a esta pregunta primero como sociedad debemos decidir que tipo de Estado del bienestar deseamos. ¿Queremos un Estado del bienestar parecido al de los países del norte de Europa con amplias coberturas, o un Estado del bienestar anglosajón mucho más asistencial? Aquellos que patrocinen no subir la presión fiscal tendrán que conformarse con una cobertura asistencial, mientras que aquellos que defiendan acercarnos a los países del norte tendrán que subir la presión fiscal. Debemos desconfiar de aquellos que nos prometan un sistema de cobertura social amplio e impuestos bajos; simplemente es una imposibilidad.

Para corregir el rumbo solo hay dos salidas posibles. O subimos la presión fiscal o reducimos el gasto público como porcentaje del PIB

Si se apuesta por un Estado del bienestar nórdico tendrá que subir considerablemente la carga impositiva a los españoles. Habrá que pagar más impuestos. No existen formulas mágicas. Somos conscientes de que, estando en campaña, es muy tentador decir que la lucha contra el fraude o una bajada impositiva para relanzar la actividad, es la solución a todos nuestros males, pero la realidad es otra. A pesar de que parte del ajuste realizado por el PP ha sido vía reducción del gasto, más de la mitad ha sido vía aumento del ingreso. Durante la legislatura se subieron los tipos del IVA y el IRPF y se eliminaron algunas deducciones. ¿Cree alguien que si la lucha contra el fraude o bajar impuestos fuesen soluciones factibles a nuestros problemas fiscales el PP hubiese pagado el coste político de subir impuestos? La lucha contra el fraude debe ser un fin en sí mismo y bajar impuestos siempre favorece a la actividad económica, pero España recauda 8 puntos de PIB (o lo que es lo mismo 80.000 millones de euros) menos que países de nuestro entorno y esa diferencia no se debe al fraude ni a una economía deprimida por la carga impositiva.

Además, los defensores de este Estado del bienestar no deben olvidar que pagar más impuestos significa subir el IVA. Hay margen para aumentar la recaudación eliminando deducciones del IRPF y el impuesto de sociedades, que nuestros impuestos especiales son bajos y que podemos gravar la riqueza algo más, pero la clave es el IVA. El IVA en Dinamarca y Suecia, dos países cuyos Estados del bienestar se ponen como ejemplo, es del 25%. Y no solo eso, el numero de excepciones a este tipo general son mínimas, mientras que es nuestro país son masivas. Algunos tildan subidas del IVA como medidas regresivas, pero debemos recordarles que los impuestos son herramientas de recaudación y que la redistribución debe hacerse por la vía del gasto.

Si se elije un sistema anglosajón tendrá que decidirse que partidas de gasto reducen. El gasto en sanidad, educación y protección social se ha bajado 1,2 puntos porcentuales de PIB entre 2009 y 2015 (es decir unos 12.000 millones de euros) ¿Se van a seguir bajando estas partidas? o ¿serán las pensiones o las prestaciones por desempleo?

José Ignacio Conde-Ruiz (Universidad Complutense) y Juan Rubio-Ramírez (Universidad de Emory)

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