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Una entrevista polémica

Protestas por la descripción del deterioro físico de Frank Miller incluida en una conversación con el genio del cómic

Frank Miller, en Barcelona durante el Salón del Cómic.

"Hace su aparición Frank Miller y has de restregarte los ojos: parece un archivillano de cómic después de haber sido vapuleado a conciencia por un superhéroe”. Así comenzaba la entrevista a Frank Miller, dibujante y guionista de cómic, que publicó EL PAÍS el 6 de mayo, coincidiendo con la celebración del 34º Salón Internacional del Cómic de Barcelona. La versión digital era algo más detallada.

La pieza la firmaba Jacinto Antón, quien añadía unas líneas más ab]ajo: “[Miller]... ha arrostrado una seria enfermedad —de la que no habla—, pero nada te prepara para encontrártelo cara a cara. Camina con dificultad, con el cuerpo torcido y su figura toda y su rostro muestran una devastación que parece incompatible con su edad[59 AÑOS] (…) Se parece extraordinariamente a Freddy Krueger(…) Mira con ojos inquisitivos y cuando posa su mirada sobre ti es difícil contener un escalofrío”. Antón comparaba también al artista estadounidense, creador de Sin City y Ronin, con un Ecce homo.

Frank Miller es uno de los mitos vivos del mundo del cómic, y algunos de sus admiradores han reaccionado con disgusto a la entrevista, tanto en los comentarios enviados a la versión digital como en los mensajes que me han llegado a mí. En ellos se tilda el texto de “humillante” e “irrespetuoso”. Un lector, Guillermo López, se queja de que el periodista omita un dato relevante: “Hace referencia a que Miller tiene una seria enfermedad —¿por qué no dice cáncer? Se ha hecho público— y, pese a ello, se burla con saña por su aspecto”.

Otros, consideran que se maltrata claramente al personaje. Alex Serrano, periodista, señala: “Más allá de la evidente falta de respeto, tacto y buen gusto de Jacinto Antón. Más allá del incomprensible acaparamiento de atención en una entrevista en la que, digo yo, el spotlight debería ser para el entrevistado, preocupa la ligereza de criterio editorial y la falta de consideración a la hora de enviar a un periodista que, no solo carece de una formación básica para emprender una entrevista a este autor con unas mínimas garantías, sino que la plantea con el claro objetivo de reírse en la cara de una persona de inmenso talento y aquejada de una enfermedad”.

La entrevista a Frank Miller era un ejemplo de entrevista-perfil, que permite gran libertad formal

Jacinto Antón me ha enviado una larga respuesta a estas críticas que resumo por falta de espacio.

“De entrada si a alguien de buena fe le ha molestado mi texto vayan por delante, como siempre, mis disculpas”, explica. “En primer lugar, si así hubiera sido, para el maestro Miller, del que soy un gran admirador. La descripción que hice de su aspecto fue por lo que a mí mismo (y a todos los que le vimos de cerca) nos sorprendió. Las comparaciones en términos de cultura popular y cómic me parecieron pertinentes dado el personaje que ha creado algunas de las iconografías más poderosas, violentas y contundentes de nuestro tiempo. Que a alguien le parezca desconsiderado comparar a una persona enferma con un Ecce homo revela quizá una confusión: para mí el término Ecce homo alude a Cristo y su pasión y no al adefesio de Borja. Más allá de la descripción de Miller, el resto de la entrevista me parece que solo desprende la inmensa admiración que siento por el artista. Él pareció apreciarlo así, porque estuvo muy amable”.

Antón añade: “Sobre las quejas de que yo no era la persona más adecuada para entrevistar a Frank Miller, no tengo la menor duda de que hay muchas personas que saben muchísimo más, como de todo. Algo me valdrá en todo caso llevar medio siglo leyendo compulsivamente cómics y ser seguidor vehemente de la obra de Frank Miller”.

Creo que la entrevista en cuestión era un buen ejemplo de lo que el Libro de estilo define como entrevista-perfil. Un formato que permite considerable libertad formal al incorporar elementos del reportaje. Entiendo que el aspecto de Miller era un dato relevante, pero en la descripción que hace Jacinto Antón, quizá demasiado prolija, hay un error de tono. Las comparaciones que hace, “en términos de cultura popular y cómic”, no dejan de ser una aproximación humorística a una realidad nada cómica: la de los estragos causados por una enfermedad muy seria.

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