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Zika

"Muchas mujeres no saben dónde conseguir anticonceptivos, no pueden pagarlos o tienen parejas que no les dejan usarlos”

Leo en este periódico, el domingo: “Se acabó el machismo: el nombramiento de una joven directora lituana al frente de la orquesta de Birmingham (...) empieza a consolidar un cambio de rumbo”. Qué bien, me dije: qué bien que está el mundo en otro mundo. Hace años entrevisté en Buenos Aires a una chica joven, madre de varios hijos. Estaba embarazada otra vez y no se explicaba cómo, puesto que había tomado anticonceptivos. Aunque vivía en la indigencia, con su pareja hacían el esfuerzo de comprar las pastillas, y ella se tomaba una cada vez que iban a tener relaciones: un ratito antes. La OMS declaró emergencia sanitaria mundial por el virus del zika, que arrasa en América Latina, sobre todo en poblaciones pobres. A modo de prevención, Puerto Rico, Ecuador, Colombia, República Dominicana, El Salvador, Panamá, Honduras, varios otros, pidieron a sus ciudadanas no embarazarse mientras haya zika en el país (el virus parece tener relación con casos de microcefalia en recién nacidos). “En Colombia (...) muchas mujeres entendieron que les pedían que no tuvieran sexo por seis meses —dijo Mónica Roa, de Women's Link Worldwide—. Muchas no saben dónde conseguir anticonceptivos, no pueden pagarlos o tienen parejas que no les dejan usarlos”. En un continente donde la educación reproductiva es una entelequia; donde el aborto es una práctica ilegal; donde, como en Venezuela, faltan anticonceptivos durante meses; donde, si los hay, muchos no los pueden comprar y, si los compran, no saben cómo usarlos, el 56% de los embarazos no son planificados. En esas circunstancias, los Gobiernos piden a las mujeres que planifiquen su prole. Cada tanto pasa: algo viene a recordarnos que las mujeres —sobre todo las más pobres— siguen siendo, como decía Lennon, el esclavo de todos los esclavos.