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¿Es demasiado tarde para acabar con la malaria?

El científico François Nosten alerta de que no erradicar el parásito de la malaria a tiempo podría ocasionar una nueva emergencia humanitaria

Sobre un mapa, el profesor François Nosten señala varias regiones donde podría desencadenarse una nueva emergencia humanitaria. En zonas fronterizas de Camboya, Laos, Vietnam, Tailandia y Birmania, la mejor arma para luchar contra la malaria, la artemisinina, está dejando de ser efectiva. Y no hay nuevas medicinas que la reemplacen.

La malaria se ha vuelto resistente a todos los fármacos en las últimas décadas y la tolerancia a este medicamento es sólo una nueva fase de la evolución del parásito. El científico asevera que, si no se toman medidas urgentes, se extenderá a más países decidiendo el destino de millones de personas.

La resistencia se detectó por primera vez en 2005 en el oeste de Camboya donde anteriormente comenzaron a dejar de ser efectivos otros medicamentos que hoy ya han quedado en desuso.

En los años noventa, el profesor Nosten ya se enfrentó a la perspectiva de malaria incurable cuando la medicina que estaban utilizando, la mefloquina, dejó de ser efectiva. “Recuerdo un joven monje budista que llegó a nuestra clínica de bambú después de dos semanas tomando mefloquina. Su sangre estaba llena de parásitos y tratamos en vano salvar su vida”, cuenta el profesor, que trabaja desde hace 30 años en la frontera de Tailandia y Birmania, donde ha fundado una unidad de investigación conocida como Shoklo Malaria Research Unit (SMRU).

Las fronteras son invisibles para un parásito que se transmite entre los seres humanos a través de las picaduras de mosquito. Los repelentes y las mosquiteras ayudan a prevenir las picaduras y hay medicinas disponibles para matar los parásitos. Pero los mosquitos se adaptan constantemente, mientras que los microorganismos tienen información genética que les ayuda a adaptarse con rapidez a los medicamentos. Cuando se encuentran en la sangre crecen, se reproducen y son succionados por otros mosquitos que los inyectan en otra persona generando una nueva cadena de infecciones.

En el año 2015 la malaria fue la causa de muerte de 438.000 personas, la mayoría de ellas en África subsahariana

En el año 2015 la malaria fue la causa de muerte de 438.000 personas, la mayoría de ellas en África subsahariana, según un informe realizado recientemente por Unicef y la OMS. La cifra es dramática, pero representa una mejora teniendo en cuenta que desde el año 2000 la tasa de mortalidad se ha reducido un 60% y la de infecciones ha caído un 37%. Gracias a los esfuerzos por hacer frente a la enfermedad se han salvado más de seis millones de vidas, según el citado informe.

Pero la historia se repite. “El 80% de los casos que vemos ahora en las clínicas tiene parásitos resistentes, a pesar de que el número de pacientes no es elevado. Tendremos otra solución disponible los próximos años, pero no por ahora”, explica el profesor.

Una vacuna tampoco estaría disponible en años. El parásito de la malaria es mucho más sofisticado que un virus; tiene una vida compleja, se ha adaptado al ser humano durante miles de años y sabe cómo escapar y esconderse de los fármacos. “Deberíamos comprender primero cómo el ser humano responde a la malaria y las defensas naturales ante esta enfermedad. No tenemos tanto tiempo”, dice.

La fundación Bill y Melinda Gates y las Naciones Unidas han hecho recientemente un llamamiento para erradicar la enfermedad en 2040, salvando 11 millones de vidas los próximos 25 años, lo que supondría en términos económicos un beneficio de dos billones de dólares.

“Lo único que podemos hacer es tratar de eliminar el parásito resistente antes de que llegue a África. ¿Por qué no lo hemos hecho antes? Los ultimos años gracias a la artemisinina y tratando a los pacientes lo antes posible, hemos conseguido que se reduzcan los casos considerablemente. Ahora que hay menos malaria, creemos que es posible eliminarlo y evitar su propagación a otros países. Aunque puede que sea demasiado tarde”, explica.

La malaria se ha vuelto resistente a todos los fármacos en las últimas décadas y la tolerancia a la artemisina es sólo una nueva fase de la evolución del parásito

La resistencia ya se ha propagado desde Camboya a India, alerta el científico que critica la falta de colaboración de los Gobiernos.

El tratamiento para la malaria es sencillo, ya que sólo requiere de tres días de artemisinina combinada. Pero uno de los principales retos está en las dificultades de muchos aldeanos para llegar a los centros de salud, que a menudo se encuentran a varias horas caminando por la jungla. El enfrentamiento constante entre los grupos étnicos y las fuerzas gubernamentales es otra piedra en el camino, pues hace que los lugareños se desplacen con frecuencia y sea aún más difícil mantener el control sobre el parásito.

En algunos estudios piloto realizados en el Sudeste Asiático el equipo de Nosten ha encontrado además que hay comunidades en las que casi la mitad de los aldeanos transportan parásitos en la sangre pero no presentan síntomas, y por lo tanto, no son tratados a tiempo. Como consecuencia, los parásitos sobreviven en la sangre durante meses o incluso años. “Necesitamos convencer a todos los aldeanos de las zonas remotas para que se mediquen cuando todavía no están enfermos y para ello deben confiar y colaborar con nosotros”, dice el científico.

Alrededor de 500 pequeños centros de salud operan también a lo largo de la frontera para que quienes presenten los primeros síntomas puedan realizarse un test y recibir el tratamiento rápidamente.

Sin embargo, el progreso parece estancarse también a nivel burocrático y la malaria sigue siendo mortal en parte debido a que muchos países no están preparados para librar la batalla.

“La OMS y especialmente los políticos no nos están escuchando. Es difícil convencerles del riesgo que supone porque su visión es de uno, dos,tres o cuatro años, y estamos hablando de lo que puede suceder en 15. El Gobierno de Birmania está ahora involucrado, pero el parásito resistente ya se está moviendo a India, por lo que podríamos perder la carrera. De todos modos, tenemos que intentarlo [la eliminación]”, explica Nosten.

“Si la resistencia se continúa expandiendo morirán millones de personas. Los esfuerzos y cantidades ingentes de dinero invertidos en la lucha contra la malaria los últimos 20 años serán inútiles”.