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Recuperar la unidad de acción sindical

Los trabajadores españoles no podemos permitirnos fracturas internas, cainismos revanchistas o lucha de egos

 Me llamo Miguel Ángel Cilleros, soy oficial de oficio mecánico-electricista de Renfe, máximo responsable de la federación estatal de Servicios para la Movilidad y el Consumo de UGT y, en el próximo congreso confederal de nuestra Organización –a celebrar el próximo mes de marzo–, aspiro a liderar el sindicato y abrir una nueva etapa tras la marcha del compañero Cándido Méndez.

No voy a describir aquí el complejo proceso de reestructuración en el que está inmersa la Unión General de Trabajadores, que terminará alumbrando una organización sindical más dinámica, eficiente y eficaz en su capacidad de acción y reacción. Tampoco voy a enumerar la extensa lista de razones que me llevan a querer dirigir un proyecto de futuro –consensuado por todos los organismos de UGT– que podría resumirse en el ánimo y empuje de muchos compañeros y compañeras que piensan que mi experiencia en distintos ámbitos de gestión interna, mi apuesta sin matices por recuperar el espacio arrebatado a la clase trabajadora en estos años de dura crisis y mi ausencia de complejos para exigir a todas las corrientes de izquierda que se busquen y encuentren allí donde compartimos valores y principios son, digo, razones suficientes para dar este paso.

Mucho menos pretendo aquí exponer a la opinión pública ideas manidas y mensajes recurrentes asociados al discurso sindical –ni es el lugar ni es el momento–. Quiero recuperar la confianza de todos aquellos hombres y mujeres que viven de su salario –o aspiran a recuperarlo si este país es capaz de crear empleo digno y de calidad–, que se sienten excluidos de un modelo de convivencia impuesto en el que el individualismo, la autoexplotación, la competitividad insana, el rendimiento desmedido y el miedo a perder lo poco que nos queda conforman los pilares de un sistema productivo en el que se ha quebrado el principio de equidad y el necesario equilibrio entre los que invierten y los que producen. A esta realidad, cabría añadir un marco político en el que el neoliberalismo se ha impuesto como instrumento exclusivo para la generación de riqueza en las sociedad avanzadas: cierto, pero sólo para unos pocos (las élites).

Hay que recuperar la confianza de todos aquellos hombres y mujeres que viven de su salario o aspiran a recuperarlo

El movimiento sindical en general y la Unión General de Trabajadores en particular deben adaptar estructuras, sustrato ideológico y programas de acción a una realidad que ya ha definido una hoja de ruta que nos aboca irremediablemente a la fragmentación radical del motor que ha traccionado, históricamente, la defensa de los derechos de los trabajadores: la unidad de acción. Si queremos recuperar espacios –en el ámbito laboral, de justicia social y de libertades públicas– debemos acudir a la esencia de las cosas. Veamos algunas:

  • UGT es un sindicato socialista. El socialismo es una ideología de carácter internacionalista. Quien aspire a liderar este sindicato debe despreciar cualquier enfoque localista, territorial o gremialista.
  • En una economía globalizada, los problemas de los trabajadores trascienden fronteras. Quien aspire a liderar la Unión General de Trabajadores tiene que sentirse ciudadano del mundo porque será la única manera de encontrar soluciones eficaces para problemas compartidos.
  • UGT tiene 128 años de historia, a lo largo de la cual ha sido capaz de superar momentos de dificultad por causas propias pero, también, ajenas. En todos ellos ha sido determinante la coherencia ideológica, programática y de valores de esta Organización y de sus líderes.
  • Quien lidere este sindicato tiene que ser capaz de actualizar mensajes y escuchar a la sociedad, pero sin renunciar a los principios. Lo contrario será demagogia y oportunismo.
  • En la era digital, Internet es una hemeroteca implacable que desenmascara, desnuda y sonroja a golpe de click. El máximo responsable de esta Organización debe tener un pasado, sí; pero del que no tenga que desdecirse ni deba justificar con argumentos inconsistentes.
  • El próximo secretario general de nuestro sindicato debe garantizar el desarrollo de un proyecto común y consensuado en el medio y largo plazo; experiencia y juventud son dos términos que casan bien desde la lógica del equilibrio, es decir, del término medio de las cosas.
  • El fondo es lo importante, pero la forma da coherencia al conjunto de lo que hacemos y pensamos. Si nuestra Organización ha aprobado que un máximo de 12 años de mandato es tiempo suficiente para implementar un proyecto, no puede liderar quien lleva décadas desempeñando un mismo cargo. Si queremos trasmitir renovación, frescura y dinamismo debemos demostrarlo con hechos.
  • Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Esta máxima podría extrapolarse a cualquier organización centenaria como la nuestra. Por encima de la confrontación de ideas, de careos dialécticos y debates enriquecedores ha de prevalecer siempre la Unión. En el actual contexto económico y social el sindicato, sus afiliados y los trabajadores de este país no podemos permitirnos fracturas internas, cainismos revanchistas o lucha de egos. Sepamos distinguir entre lo urgente y lo importante.
  • Es urgente renovar el sindicato, pero es importante recuperar para los trabajadores el espacio de bienestar social, laboral y económico a través de un nuevo modelo productivo en el que tenemos mucho que aportar. Lo segundo sólo puede hacerse resolviendo lo primero. Si no conseguimos renovar la dirección del sindicato sin sangrar (es decir, no repitiendo errores del pasado) habremos traicionado a todos aquellos que confían en nuestras siglas. En esta ocasión, lo urgente y lo importante se sitúan en idéntico plano de acción estratégica.

Renovar el sindicato UGT es lo mismo que devolver a los trabajadores el espacio de bienestar social, laboral y económico

El próximo 12 de marzo, el 42º Congreso Confederal de UGT quedará fijado en la historia del sindicato como el inicio de una etapa trascendental para los intereses de los trabajadores de este país. Reforzar, renovar y reestructurar el sindicato no servirá de nada si al frente del mismo no somos capaces de situar a un equipo de hombres y mujeres que crean, sinceramente, que la única identidad posible para un trabajador es la identidad de clase; que el único sentimiento de pertenencia verdadero es el de pertenencia a un colectivo machacado por las políticas neoliberales de austeridad y recortes; que la única visión de futuro posible es aquella con amplitud global, solidaria y transversal; que el único mensaje que cala en los corazones y las mentes de una sociedad que suma desilusión, desafección y desapego es el propositivo: aquel que propone soluciones reales a los problemas de las personas; que propone cohesión y unidad ante la fragmentación y la división; que propone hechos y realidades y no difusas ideaciones impregnadas por la demagogia; que propone buscar puntos de encuentro, nunca de desencuentro. Y, sobre todo, que viene a proponer el refuerzo de la Unión; nunca a debilitarla.

Miguel Ángel Cilleros es candidato a la secretaría general de la Unión General de Trabajadores.