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El amargo tuit de Dani Rovira

Los insultos al presentador de la gala de los Premios Goya muestran el creciente clima de crispación en la esfera pública

Dani Rovira en una entrevista al PAÍS VÍDEO Noelia Nuñez, Ángel Plascencia, Virginia Martínez

Algo, no muy bueno, le ocurre a este país últimamente con la tolerancia y la capacidad de encajar la ironía y el humor para que Dani Rovira, uno de los presentadores más solventes que ha tenido la gala de los Goya, haya estallado en un tuit con esta amarga confesión: “Tras todas las críticas, desprecios, insultos, acusaciones y decepciones, he de decir que no me ha merecido la pena presentar @premiosGoya”. Para cualquier profesional de los escenarios, poder conducir una gala a la que asiste lo mejor del mundo del cine y reúne frente al televisor a millones de espectadores — exactamente 3,9 millones en este caso, el 25,8% de cuota de pantalla— es una oportunidad que se presenta pocas veces y que tiene tanto de hito profesional como de riesgo. Hay que ser valiente para asumir el reto. Lo lógico sería que hacerlo con la soltura, la calidad interpretativa y el buen hacer con que Dani Rovira condujo el acto, provocara un sentimiento de satisfacción. Y sin embargo, lo que el tuit de Rovira transmite no es orgullo, sino hastío.

Mal vamos cuando un trabajo bien hecho provoca este tipo de sensaciones. Lo relevante de ese tuit es que no expresa solo un estado de ánimo personal, individual, sino la existencia de un clima de exasperación, de hipercriticismo subjetivo y estéril, que en ocasiones se vuelve asfixiante. Un acto como la gala de los Goya puede y debe ser objeto de crítica. Todo lo severa que se quiera. Y caben naturalmente las más diversas valoraciones sobre el ritmo, el guión y las interpretaciones. Incluida, por supuesto, la del presentador. Pero una cosa es la crítica, y otra el linchamiento. Los ataques que ha recibido la gala tienen que ver sobre todo con una actitud de intolerancia a la sátira y al humor político.

No es la primera vez que ocurre y no parece que la reacción de Rovira se deba a la dificultad para encajar las críticas a un trabajo profesional. Su tuit es más bien un grito de rebeldía contra esa cacofonía crispada, desconsiderada y hasta cruel que con frecuencia acapara la conversación en las redes sociales y que amenaza con desnaturalizar ese extraordinario espacio de comunicación que son. Un espacio en el que anonimato da patente de corso a los más energúmenos.

Lo preocupante es que este clima destructivo tiende a impregnar todos los ámbitos de la vida pública y hace más desagradable participar en ella. No deberíamos dejar que se imponga ese estilo bronco, irrespetuoso y desabrido de relación. No es solo una cuestión de educación y cortesía. Es que se vive peor y hace más difícil la convivencia. Las redes sociales son un magnífico instrumento para compartir ideas, pensamientos, creatividad. Un espacio idóneo para la “comunión”, en el sentido laico que da a este término el filósofo francés André Compte-Sponville. También para expresar opiniones y críticas. El problema no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella, y en este sentido, un factor nuevo a tener en cuenta es la capacidad de amplificación que tienen las redes. Habría que hablar más y vociferar menos.

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