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Duncan Jones, mucho más que el hijo de Ziggy Stardust

La normalidad ha sido clave en la carrera del cineasta que llega a 2016 en su punto más alto con la superproducción 'Warcraft'

“Me entristece decir que es cierto. Estaré desconectado un tiempo. Amor”. A las 7.54 del lunes el cineasta Duncan Jones enviaba este escueto tuit a sus 200.000 seguidores, habituados a leer chistes y charlas de videojuegos y Star Wars. La antigua foto de un bebé a hombros de su padre acompañaba las palabras. Confirmaba así que David Jones había muerto. Para él era su padre, para el resto, un icono. Muchos simplemente contestaban: “No sabía que David Bowie era tu padre”. Parecía imposible conectar la naturalidad de Jones con su disfuncional vida familiar.

Duncan Zowie Haywood Jones nació el 30 de mayo de 1971 en Londres. Su madre, la modelo Angie Bowie, había decidido llamarlo Zowie, del griego zoe (vida). Su padre prefería Duncan. Las extravagancias eran rutina desde el primer día. En semanas tenía una canción dedicada, Kooks: “Creemos en ti. Pronto crecerás así que da una oportunidad a esta pareja de locos (...) Si te quedas estarás un poco loco”. Este amor “loco” terminó en 1980 con un tormentoso divorcio. “Angie era como vivir con un soplete”, aseguraba Bowie, que logró la custodia. “Mi hijo me odia y es culpa de David”, reprochaba su madre en el Gran Hermano británico donde explota ahora su fama.

La pareja se había conocido porque compartían amante. Poco después de parir, Angie escapó a una orgía italiana con su novia. Con 13 años, mientras Bowie se rehabilitaba, Zowie pasó a ser Joe y dejó de hablar a su madre. Pero esta locura nunca le afectó. Al menos eso parecía cuando, en 2010, un barbudo cineasta emocionado y con sonrisa infantil llamado Duncan Jones recogió el BAFTA a mejor director debutante por el drama de ciencia-ficción intimista Moon: “Tardé demasiado en hallar mi camino. Por fin he descubierto lo que me gusta”. El primero en felicitarle: David Bowie.

Duncan Jones recibe su BAFTA.

El hombre que vino del espacio había tenido un hijo cuya opera prima llegaba de la Luna. Había sido Bowie, amante del género, quien le obligó a leer dos horas cada noche y le descubrió autores como Orwell, Fritz Lang o Phillip K. Dick. Bowie intentó, asimismo, acercarlo a la música. “Probó con batería, saxo, guitarra… Insistía pero no había manera”, bromeaba Jones en una entrevista. Le interesaba más abstraerse a otros mundos. “Mi infancia fue extraña”, contaba al New York Times: “La fantasía no parecía ajena”.

La búsqueda del anonimato llegó en su madurez. En los noventa se marchó al Ohio rural, donde se graduó de Filosofía, con la que Duncan impregna su cine. Ni sus compañeros sabían de su célebre ascendencia. Hoy las fotos siguen sin gustarle. “Me recuerdan el pánico de salir escondido de los conciertos”.

Eligió sus nombres más corrientes, aunque desde que decidió dedicarse al cine sabía que su familia levantaría curiosidad. “Con el tiempo seré juzgado por mis méritos. Tardaré varias películas”, reconoció Jones. En 2013 estrenó Código Fuente, drama de viajes temporales con una estrella como Jake Gyllenhaal y 30 millones de euros. 2016 parece su momento. Warcraft no es solo su mayor superproducción (rodarla llevó cuatro meses), sino que adapta uno de los videojuegos más exitosos de la historia, uno que varios directores no lograron sacar adelante. En sus manos está el éxito de una de las futuras franquicias de Hollywood.

La promoción lo devolverá a primera plana tras la “desconexión” forzosa. Las preguntas serán ineludibles. Pero de Bowie, aun estando ausente en sus primeros años nómadas, siempre habló con fascinación. “Ir a verlo en Dentro del Laberinto o Principiantes era Disneyland”, recuerda. Aunque la vocación la halló en la serie The Hunger (1999), donde le dejaron una cámara para grabar libremente. Pronto se registró anónimamente en la escuela de cine londinense. Sus guiones de ciencia-ficción no tardaron en llegar a las manos correctas. “Nunca hizo falta decir que era hijo de”. ¿Por qué no utilizó música del cantante en Moon? “No había presupuesto”, ironizaba.

Horas antes del fallecimiento de Bowie, Jones tuiteaba la portada del nuevo disco de su progenitor: “¡Muy orgulloso! Mi corazón palpita por ti”. Solo era su padre, normal y “orgulloso”, asentado tras una inabarcable vida de creatividad. No el icono grandilocuente y moderno al que todos imaginaban. Así se lo hizo saber en 2014 con la tarjeta que le regaló el día del padre: “Puedes no ser el más guay, pero eres el mejor”. Ni siquiera Ziggy Stardust logró ser guay para su hijo.