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LA PUNTA DE LA LENGUA

Ciudades libres de coches

Algunas locuciones anglicadas necesitan más letras y golpes de voz que su alternativa en español

Una de las ventajas atribuidas a los anglicismos se basa en su mayor brevedad frente a cualquier alternativa en español. Con ese argumento se defienden barbarismos superfluos que nos evitan el sin duda sobrehumano esfuerzo de pronunciar una o dos sílabas más, algo que puede dejar a la gente exhausta.

Pero al mismo tiempo que algunos de esos breves vocablos desplazan a términos españoles más largos, se sustituyen expresiones comunes del español por locuciones anglicadas que necesitan a su vez más letras y golpes de voz que su alternativa en castellano.

Por ejemplo, “leyenda urbana”. La locución urban legend fue inventada en 1968 por el etnógrafo estadounidense Richard Dorson a fin de distinguir entre las fantasías modernas y los viejos mitos de las sociedades rurales, con sus brujas, fantasmas y héroes(para nosotros las “leyendas” genuinas). Es decir, son leyendas urbanas que Elvis vive o que Walt Disney fue sometido a criogenia.

Nada que oponer a su uso (reflejado en el Diccionario desde 2001); pero el texto y el contexto permiten a menudo que la expresión “leyenda urbana” sea sustituida por la simpática palabra española “bulo”. Más breve y contundente.

En Madrid se decidió restringir el tráfico en el paseo del Prado durante las fechas dominicales, lo que ha llevado a titular por acá y por allá “el Prado, libre de coches los domingos”. Y algunos municipios declaran cada cierto tiempo el “día libre de coches”. Así, las antiguas jornadas “Valencia sin coches”, “Valladolid sin coches” o “Tulaguillas sin coches” se denominarán pronto “Valencia libre de coches”, “Valladolid libre de coches” o “Tulagillas libre de coches”. Ya hay ejemplos.

El texto y el contexto permiten a menudo que la frecuentísima expresión “leyenda urbana” sea sustituida por la simpática palabra española “bulo”

Esa fórmula y las similares “libre de humos”, “libre de gluten” o “libre de grasas” parecen proceder de la discutible traducción de las expresiones en inglés smoke-free, gluten-free, etcétera, que está echando a patadas a locuciones del español como “sin gluten”, “sin humo” o “sin grasas”.

Un ejemplo similar lo aportan las construcciones donde los posesivos sustituyen a los artículos, también bajo el influjo del inglés. El 17 de noviembre, un periodista de radio llegó a decir: “Ricky Rubio se ha lesionado en uno de sus muslos” (o sea: en un muslo). Por tanto, añadimos en consecuencia, Ricky no logró pasar libre de lesiones esta temporada (es decir, un año sin lesionarse).

“Leyenda urbana” en vez de “bulo”; “libre de coches” y no “sin coches”; “en uno de sus muslos” en lugar de “en un muslo”… son locuciones largas y prescindibles. Pero hay quien las repite al mismo tiempo que defiende look, por ejemplo, porque esta voz es más breve que “aspecto”, “imagen” o “apariencia”, tres vocablos que el anglicismo se come.

La cuestión no parece residir, pues, en la medida de las palabras, sino tal vez en la relación afectiva que nos vincula con ellas.