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'Tesis' vs 'Historias del Kronen', ¿cuál es mejor 20 años después?

Comparamos las dos películas españolas más generacionales de los 90. El debut de Alejandro Amenábar y la visión cañí de la 'Generación X'

A la izquierda, la famosa escena de Eduardo Noriega y Aitor Merino colgados de un puente en 'Historias del Kronen'. A la derecha, el trío protagonista de 'Tesis': Eduardo Noriega (que hace doblete), Ana Torrent y Fele Martínez.

"Murió viendo una película. Seguro que era española". Con esa frase arrancaba hace ahora 19 años (en 1996) el misterio de Tesis, el debut en la dirección de Alejandro Amenábar. Fue una película de impacto, ya que inauguró entre el público joven esta corrosiva recomendación: "Está muy bien, no parece española". Tesis e Historias del Kronen (1995, Montxo Armendáriz) devolvieron a los jóvenes a las salas donde se proyectaba cine español. Cuando parecía que el drama histórico y la comedia sexual (heredera de los sainetes de las fiestas de pueblo) alienarían para siempre a esa generación de espectadores (la primera que no conoció la dictadura) estas dos películas apelaban directamente a ellos. Los chavales eran por fin personajes dignos de protagonizar películas.

Veinte años después (bueno, en el caso de Tesis, 19) volvemos a ver estas dos películas capitales del cine contemporáneo español y sacamos conclusiones, algunas de ellas reveladoras.

Fotograma de los protagonistas de 'Historias del Kronen'.

La generación sin rumbo: así éramos

"¿Por qué te vas?", "Porque sí", "¿Por qué no me miras?", "Porque no me apetece", "Pues vale". Este es uno de los desesperanzados diálogos finales de Tesis. Ni Tesis ni Historias del Kronen intentaban encontrarle sentido al sinsentido de una generación sin rumbo: simplemente la retrataban. Ni sus padres, ni los políticos, ni la televisión les tenían en cuenta, excepto cuando se drogaban, bebían o mataban. Esa juventud no encontraría su hueco mediático hasta que Gran Hermano irrumpió en la televisión. Por eso todos los jóvenes hablaban de estas dos películas, por fin sus (nulas) preocupaciones estaban ambientadas en la Gran Vía o en la Universidad Complutense, y no en Wisconsin. Y merecían ser contadas.

En Historias del Kronen los adolescentes de la época se vieron reflejados, o al menos lo deseaban, en esa vida excesiva y despreocupada. La película irrumpió como un drama de aventuras aspiracional. ¿Quién no quería ser como Carlos (interpretado por Juan Diego Botto)? Hacía lo que le daba la gana, todo le salía bien y todo el mundo le quería. La película se debate entre aleccionar sobre los peligros del desarraigo (la visión del director) y la propuesta de la novela (escrita por José Ángel Mañas): simplemente captar un instante, un verano en el que los veinteañeros lo quieren todo y pueden conseguirlo. Ese es el peligro de la película: quiere molar a toda costa, y cuando llega la lección vital ya es tarde.

Tesis proponía personajes jóvenes que cometían errores por pura inexperiencia. Ángela (Ana Torrent) se ve atrapada en circunstancias extremas y su introversión la convierte en una investigadora torpe. El público joven supo reconocer la dificultad de los personajes de Tesis para encajar en un mundo que no deja de decirles lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo. Si despojamos la película de su trama criminal, quedan personajes que simplemente se sienten mejor cuando están solos. Una etapa esencial para llegar a la madurez.

Qué quieren contar

Tesis seguía la investigación de Ángela (Ana Torrent), tras descubrir que hay una red de snuff movies (grabaciones reales de torturas, violaciones y asesinatos) en su propia universidad, la Complutense, en Madrid, en la Facultad de Ciencias de la Información. Sin poder confiar ni en Chema (Fele Martínez) ni en Bosco (Eduardo Noriega), ambos representan facetas de su retorcida personalidad que ella intenta canalizar con el tema de sus tesis (la violencia audiovisual). Historias del Kronen es un drama costumbrista centrado en Carlos (Juan Diego Botto), una especie de Ulises de Joyce reencarnado en niño bien que ha descubierto que la vida sin escrúpulos es la vida mejor, y cómo esta actitud afecta a sus amigos, quienes sí tienen problemas (en la línea de "tronco no tengo dinero ni para comprar costo"). El interés de Roberto (Jordi Mollà) por las snuff movies culminará en un horror traumático para todos.

Además del morbo del horror filmado, ambas películas osaban depositar sus esperanzas en impactantes campañas promocionales. Un primer plano de Ana Torrent subtitulado "Me llamo Ángela. Me van a matar" y la vertiginosa imagen de dos jóvenes colgando de un puente en la M-30 atraían sugerentes a un espectador inédito. Después llegarían El día de la bestia (1995, Álex de la Iglesia), Airbag (1997, Juanma Bajo-Ulloa) y Torrente (1998, Santiago Segura), pero fueron Tesis e Historias del Kronen las primeras en romper prejuicios, retratando además una España hirviente y efímera que merecía ser contada.

Eduardo Noriega es el inquietante Bosco en 'Tesis'.

España va bien

Ambas películas dibujan la atracción por la violencia del espectador acomodado. Está presente la insoportable cobertura mediática con la que la crónica negra saciaba la curiosidad por conocer todos los detalles de los asesinatos de chicas adolescentes, a la hora de comer y a la hora de la cenar. La leyenda urbana de las snuff-movies sólo era sostenible en tiempos de cintas de vídeo clandestinas, no en la era de Internet.

CUÁL ES MEJOR

La puntuación es sobre 10

- Capacidad para retratar a los jóvenes de los noventa: Tesis: 6; Historias del Kronen: 8.
- Planteamiento de la trama:
Tesis: 9; Historias del Kronen: 6.
- Labor del director: Tesis: 9; Historias del Kronen: 5.
- Credibilidad de los personajes: Tesis: 6; Historias del Kronen: 8.
- Efectividad dos décadas después:
Tesis: 8; Historias del Kronen: 5.
- Transmisión del mensaje.
Tesis: 8; Historias del Kronen: 6.

Conclusión: Con una media de 7,6, a Tesis le han sentado mejor estas dos décadas que a Historias del Kronen (6,3). No obstante, ver las dos es todo un experimento cultural y un espejo de aquella España aparentemente apacible.

La ausencia de teléfonos móviles hacía que cualquier emergencia se resolviese mucho más despacio, e incluso las cintas pornográficas podían ser usadas como moneda de cambio para conseguir favores. La investigación de Ángela y Chema en Tesis no podía tirar de Google, así que se basaba en unos recortes de distintos modelos de cámaras de vídeo que Chema casualmente coleccionaba. El comprador de esa cámara asesina podía ser descubierto si robabas un disquete con la información, y el terror de un eterno pasillo oscuro se resolvía alumbrándose con cerillas.

En aquella España todos los coches eran rojos, negros o blancos. Los profesores de universidad fumaban en clase y las madres preferían echar a la asistenta que admitir que su hijo le estaba robando para drogarse, porque eso era cosa de "los drogatas del parque". Como el abuelo de Carlos en Historias del Kronen, sabían que eran los últimos supervivientes de una España que se preocupaba por la crisis de valores a la que ahora estamos tan acostumbrados y casi hemos abrazado como intrínseca a nuestra forma de vida. "Antes había fascistas y comunistas. Al menos sabías contra quién luchabas", lamenta el viejo.

Mientras el Teatro Real de Madrid (donde los chavales del Kronen van a fumar porros) era remodelado, toda la sociedad se adaptaba al nuevo mundo. Cuando reabrió sus puertas en 1997, Madrid era otra película, y cualquiera que se sorprendiera por ver a unos chinos en un restaurante (como el padre de Carlos, interpretado por Josep María Pou) es porque se ha quedado atrás.

Un director imberbe y otro en su madurez

Alejandro Amenábar tenía 23 años cuando dirigió, escribió y compuso la música de Tesis, con la insolencia y desparpajo de una generación que no tenía intención alguna de disculparse por su ambición. Sus personajes no dejan de repetir: "Sólo hay una forma de competir con el cine de Estados Unidos: hay que darle al público lo que quiere" y "el cine es una industria". Una descarada declaración de intenciones que alejaba su debut de la tradición cinematográfica española (y europea) del cine como arte con compromiso social y el director como autor omnipotente.

Con estas sentencias, él mismo se da permiso para resultar inverosímil, sembrar agujeros de guión en beneficio de sus propios trucos y empujar a Ángela (Ana Torrent) a una equivocación tras otra. Ni llama a la policía, ni se queda en pasillos abarrotados de gente, prefiriendo huir hacia sótanos abandonados en pos de la tensión cinematográfica. Además, todo acaba en una casa de campo en medio de la nada, de noche y con lluvia. Recursos clásicos de lo que en España tradicionalmente se llama "una americanada".

23 años y la misma osadía tenía José Ángel Mañas cuando escribió en sólo 15 días su novela Historias del Kronen y la envió al Premio Nadal, donde fue finalista. Siguiendo buenos consejos, no firmó la automática cesión de los derechos para una posible adaptación audiovisual, y tan sólo un año más tarde un director de 45 años ya en su madurez, Montxo Armendáriz, estrenó la película. Co-escrita por Mañas y Armendáriz, el escritor la define como "un retrato de la Pamplona de los años 70, no el Madrid de los 90".

Grado de realismo

Tanto Historias del Kronen como Tesis retratan la primera generación de españoles con libre acceso a la universidad, y ninguno lo aprovecha demasiado. Carlos (Juan Diego Botto en Historias del Kronen) lo ha tenido todo de cara en su vida y, por tanto, no valora el dinero ni el afecto de su familia y amigos. De haber nacido 10 años antes, sería fan de Mecano y los Hombres G, y su idea de la violencia sería retorcerse entre polvos pica-pica. Pero vive en los 90, década en la que las drogas dejaron de ser sórdidas para adueñarse de la clase media-alta a través de la Ruta del Bakalao. La Generación X americana se basaba en la apatía e incapacidad para tomar decisiones, pero la Generación Kronen (que también escuchaba a Nirvana y Sonic Youth) ni siquiera tenía que tomar decisiones.

Fele Martínez y Ana Torrent en la caótica habitación de él, en una escena de 'Tesis'.

En Tesis Chema (Fele Martínez) encajaría en la Generación X de Reality Bites (1994, Ben Stiller), mientras que Bosco (Eduardo Noriega) está más en la onda de los chicos del Kronen. De hecho Noriega es el otro chaval colgado del puente que ilustra el póster. El actor cántabro está en las dos. Tanto Carlos como Bosco son rebeldes por capricho, no por necesidad. Y ambos se aprovechan de todo el mundo con la seguridad de la estabilidad económica familiar.

Mientras Historias del Kronen es testimonio de la jerga de la época ("mai", que ahora se dice "porro", "cerdas", que ahora se dice "mujeres" y "tronco", que ahora se sigue diciendo "tronco"), en Tesis todo el mundo habla con acento de Valladolid hasta cuando están torturándole. Todavía no se han dado cuenta de que llevar la mochila colgada de un solo hombro es tremendamente incómodo y los chicos no necesitan estar cachas para ser atractivos. Y son películas muy realistas porque la gente se besa con mucha lengua. Ángela es el personaje menos radicalizado: demasiado mojigata para ser indie, demasiado perturbada para ser pija. Escucha música clásica, pero porque aún no ha descubierto a Alanis Morissette.

Dónde estarían ahora esos personajes

Especulemos sobre el futuro de los personajes en el año actual, 2015. Los personajes de Tesis, Ángela (Ana Torrent) y Chema (Fele Martínez), son dos bichos raros, pero ella lo sabe disimular mejor. Tras salir espantada del mundo de la investigación periodística, su futuro profesional está destinado a realizadora o guionista de televisión. Carlos (Botto, en Historias del Kronen), por su parte, probablemente cambió a Australian Blonde por El Canto del Loco, se engominó y se coló en una multinacional en cuanto vio la ocasión. Ambos tienen hijos, viven en Alcobendas (norte de Madrid) y nunca hablan de los eventos retratados en sus respectivas películas excepto cuando tienen que justificar por qué son incapaces de establecer vínculos afectivos con nadie. Es solo una teoría, claro.

20 años después

Lo único que sigue vigente de Historias del Kronen es el peinado de la eterna presentadora del Telediario Ana Blanco cuando sale en la tele hablando sobre las niñas de Alcàsser. La película es tan impetuosamente actual con su tiempo que dos años más tarde ya estaba pasada de moda. El grunge murió con Kurt y el anuncio del gusano metiéndose por la nariz traumatizó a los siguientes drogadictos en potencia. Blur y Oasis eran lugares más seguros y menos hostiles en los que refugiarse. Nieves Herrero agotó el interés del público por la España Negra.

Juan Diego Botto y Jordi Moya, de risas en 'Historias del Kronen'.

Visualmente Historias del Kronen ya parecía una serie de televisión en 1995, así que actualmente resulta una especie de ensayo del cine sobre adolescentes, que gracias a la globalización ahora puede rodarse en Noruega e impactar a nivel universal.

Historias del Kronen en el fondo no va de nada, y tiene una nula sensibilidad dramática. Tesis juega con la ventaja de que una investigación criminal es una estructura sólida. Es una ópera prima y tiene todo el descaro de un recién licenciado ansioso en el contenido y todos los vicios de un realizador inexperto en la forma. La cámara lenta y los planos de manual no emborronan recursos audaces como los de poner los gritos de la snuff-movie sin mostrarnos las imágenes, creando un morbo que luego nos hará sentir culpables. Con el tiempo, Amenábar domesticó sus excesivos giros de guión (el malo parece bueno, pero luego parece malo, y al final es bueno, aunque en realidad es malo) y depuró una técnica que, aunque tosca, sigue luciendo muy eficaz en Tesis.

La moraleja

 

Los americanos lo llaman coming-of-age, pero en el cine español llevamos décadas contando aquel verano en el que el protagonista alcanza su madurez (generalmente en la posguerra). Carlos, protagonista de Historias del Kronen, aprende que las drogas no son tan malas, ni el alcohol tampoco, pero el problema viene cuando los mezclas. Nosotros aprendemos que la sociedad te permite todo tipo de salvajadas durante los años universitarios, siempre y cuando te reinsertes a los 23.

Lo que nos llevamos de Tesis es la certeza de que alargar la estancia en la universidad sólo puede traer problemas. Ángela se pasa la película diciendo lo contrario a lo que siente ("no estoy asustada", "Chema nunca mataría a nadie", "no me gusta la violencia"), para acabar con un tipo que efectivamente está desequilibrado pero que al menos no mata gente. Es la crónica de la última generación de conformistas.

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